Mi querido Heracles :  

Te escribo desde esta cama donde los sueños se vistieron de gala para recorrer los espacios más escondidos de tu cuerpo. Te extraño, tanto que semejan mis suspiros un grito ensordecedor buscando tu presencia, más sonrío, inocencia está que en la madurez me regala el placer de volver a sentir sensaciones escondidas en algún rincón de mi alma como una adolescente.

Quedaron tus besos impregnados en mi piel, los cuento uno por uno para sentirlos de nuevo con la misma intensidad que supiste repartirlos, los guardo con mimo bajo mi almohada para cuando de nuevo vuelva a anhelarlos pueda recogerlos y untarlos en mis labios con el pincel de tu dulzura y encanto.

Rescato cada caricia sintiendo la suavidad de tus manos sobre mi pecho, recorriendo lentamente con tu dedo anular desde mi nariz, paseando por mi cuello, deslizándote por mi abdomen mientras me miras hasta perderse entre mis piernas.

No hace falta tenerte para sentirte pues pude sentenciar tus latidos tan fuertes que solo cerrando los ojos se convierten en compás que siguen los míos, te imagino, te veo, te estimo.

Lleno el vacío de mi lecho de tu recuerdo, esa noche donde el amor retó al destino para regalarnos la noche más larga, donde las risas se fundieron con el miedo para consolidar una pasión que teníamos olvidada y que de nuevo el destino estaba poniendo en nuestras manos.

Aún recuerdo el brillo en tus ojos al mirarme, de repente un silencio llenó el comedor de piropos sin articular una sola palabra pues bien sabías que cada segundo que empleé en acicalarme era para que vos supieses disfrutarlo. Pude sentirme tuya sin tocarme y tu afortunado de haber apostado por mi compañía.

Noche de vino y rosas, tu blanco y yo tinto; marcando la diferencia entre tu sensibilidad y mi descaro, pero conforme iban avanzando los platos empezaste a dudar sobre tu elección en el vino, ahí supe que te había llegado la luz a tus tinieblas en preludio de fusión exquisita.

Enredadas nuestras manos en la mesa entre besos y platos; no supimos salir bien en las fotos porque andábamos tan entretenidos buscándonos que no estábamos pendientes de la cámara. Como estarlo si toda mi fuerza en soplar fuerte las velas para que se cumpliese mi único deseo, que esa noche no se acabase nunca.

A veces sentir con intensidad ensalza las partes más bonitas, pero también las más delicadas; especialmente cuando la madurez ha llenado la vida de experiencias y sin querer las metes todas dentro del saco. Suerte que el humor reparte las piezas dentro para conocer los matices más secretos y hacerle espacio en el cauce del sentimiento.

Me fundo en tus abrazos, tan limpios y llenos de fuerza, me vacío para llenarme de ti en cada uno de ellos convenciéndome cada día más que por fin el amor ha tocado a mi puerta tal vez para quedarse.

Recojo tus ilusiones y los mezclo con mis miedos, aliño tus pausas y distancias con mis prisas, amaso tu seguridad con mis dudas y hiervo mi locura con tu deseo. Intento convencerte que has de crecer en tus libertades mientras soy consciente que solo te quiero mío.

Se llena la habitación de matices libres de tabúes, recorriendo nuestros cuerpos en sublime juego y mientras la música que se mezcla con sorpresa al ritmo de los besos.

Tan distintos nuestros temples, tu vivaz y directo; yo más amante del juego y las insinuaciones, más amiga de los noes que los síes mientras tú me convences siempre.

Más vuelvo de nuevo a mi lecho, este de un martes cualquiera donde te añoro mientras quemamos las distancias en largas conversaciones planeando el momento de volver a encontrarnos para romper con la rutina del día a día .

Guarda ese champagne que quedó pendiente de abrir para brindar por nosotros y para que cada día este bonito sentimiento crezca para regalarnos muchos amaneceres juntos y sepas velar por mi deseo de cumpleaños.

Neyebek