Recordando a Maitea

Mi querido Maitea :

 

Hoy quiero recordarte … y es que de todos los amores imposibles ninguno
como el tuyo, siempre fui una enamorada de los casos imposibles, siempre sentí
con fuerza por aquellos que de alguna manera las alas las habían dejado
aparcadas en algún arcón del recuerdo, o quizad dentro de ellos mismos.

 

Hoy me hubiese gustado hablar contigo pero lamentablemente el teléfono quedó
en manos de algún ladronzuelo y con él mis recuerdos, el recuerdo de un amor
profundo, un Maite zaitut desde dentro del corazón; creo que desde que te
retiraste poco a poco de mi vida y de mi corazón fui aprendiendo a vivir sin tu
voz, sin tus abrazos, sin tu risa … aprendí que el amor no correspondido se
siente dentro y se confunde, se mezcla y quizad sin darme cuenta también se
mezclen los sentidos.

 

Hoy miro las fotos y sonrío, desde que marchaste aprendí a vivir sin
amor porque te lo quedaste todo, a vivir la vida a mi manera esa que no entendías
pero te gustaba compartir; aún recuerdo el día que te cruzaste por mi camino,
un 15 de Agosto de hace ya dos años, cuando me preguntabas realmente porque la
gente valenciana tenía esa necesidad de ser tan extrovertida y amigable a lo
cual contesté con alguna copa de más que no es que los valencianos tuviesemos
necesidad de ser agradables sino que quizad los vascos eran demasiado sosos y
estaban un poco amargados con tanto frío.

 

Te recuerdo en nuestros días, esos que llegaste de casualidad y te
quedaste, por unos días … aquellos días en los que le pedía al dios más supremo
que no marchases nunca, que cada mañana como esos días que compartimos pudiese
contar con tus abrazos, pudiese escuchar el latir de tu corazón fuerte y la
sensibilidad de tus manos sobre mi cintura.

 

Recuerdo ese brillo en tus ojos, los ojos de un alma perdida que había
encontrado una luz a la que arrimarse pero que se encondía tras la manta de un
pasado que se negaba a dejar en el recuerdo para empezar una nueva vida.

 

Recuerdo nuestra despedida, ese día lloré todo lo que no había llorado
en años, recuerdo a Kike acompañandome esa noche porque sabía que necesitaba más
que nunca la compañía de un buen amigo, aunque claro, en ese momento ambos
llorabamos yo porque te marchabas y el porque se había vuelto a enamorar y tenía
miedo de no ser correspondido.

 

Lloré dos días seguidos sin parar, cada rincón me recordaba a ti … pero
allí estabas tu, en Donosti echandome tanto en falta como yo te echaba,
haciendo que la distancia se acortara hablando cuatro horas diarias aunque no tuviernamos
nada que contarnos.No llegué a sentirte lejos porque la ilusión de volver a
verte me hacía crecer tanto que el esperar la llegada de ese día me era
suficiente y mientras te escuchaba.

 

Recuerdo que durante ese tiempo llevaba tu collar en mi cuello, ese
collar de escalador cualquiera que me regalaste como el triunfo de la cima más
alta.

 

Aquel viernes dos semanas después cuando volví a aquella estación de
autobuses el corazón se me hizo un nudo, se mezcló la tristeza de recordar tu
marcha con la alegría de volver a verte.

Recuerdo al bajar de aquel autobús lo vacía  que me sentí de repente en un lugar
desconocido esperandote y como no tu llegada, esa primera imagen se quedó
gravada para siempre.

 

Recuerdo tu casa, aquella ventana en la que era capaz de estar horas
enteras viendo la montaña y el río, aquel paraiso desde una ventana que tantas
veces sueño; aquel parque, aquella charca llena de ranas junto al parque de al
lado de tu casa, aquella donde decías que las ninfas se sentaban sobre las
piedras a esperar los principes convertidos en rana.

 

Recuerdo nuestro paseo en Txendoki, no lograba entender que tras dormir
dos horas y tantas horas de autobús en un mismo día te pareciese maravilla la
idea de subir hasta la cumbre más alta, estaba cansada pero la maravilla de
aquellas vistas y el placer de compartirlas contigo me daba la fuerza suficiente
para disfrutar del camino … aun recuerdo como reías mientras me grababas
alucinado porque te contaba que aquellos arboles estaban llenos de vida, cuando
los abrazaba y les daba las gracias por guardar la magia de las hadas en sus
copas, por cuidar de Mari y de todas sus leyendas.

 

Te recuerdo sentado en la hierba, ese sol increible del mes de
Septiembre en una Donosti donde predominaba la niebla y la lluvia, decías que
quizad las hadas valencianas traían la magia del sol a las tierras vascas.Me
encantaba sentirte cerca, abrazandome con todos los sentidos, tus besos, tus
caricias, tus anhelos.

 

Parecía que cuando estabas conmigo el mundo estuviese sólo para
nosotros, yo sé que de alguna manera, más enamorado o menos pero siempre
ilusionado me diste aquello que pudiste y te aseguro que fue bastantae.

 

Siempre estabas, quizad tu corazón estuviese en otro lado, lejos
recapacitando o quizad curándose las heridas de un amor, pero siempre cuando te
necesitaba tus palabras estaban ahí, en el despertar, en el sueño; en las
noches lejanas que no te tenía y te buscaba en mis recuerdos fueran las horas
que fueran siempre estabas.

 

A veces se mezclan los recuerdos amargos, recuerdo nuestro ultimo fin
de semana, el más bonito que recuerdo en toda mi vida y a la vez el más duro y
triste; compartir con alguien que amas que nunca iba a ser tuyo … A veces en
mis pesadillas despierto recordando las lágrimas en la garganta y la presión en
el corazón de estar durmiendo a tu lado y saber que iba a ser la última noche. Esos
días fueron duros, porque entonces supe por fin que aquello que tanto sentía
había caducado.

 

A pesar de la distancia siempre te recuerdo, hay días que me siento en
el sillón de mi comedor y me pierdo recordando, ya no duele porque el tiempo
cura las heridas pero me gusta mirar a la pared de mi casa y recordar que mi
maitea ha existido en mi vida, me pierdo mirando Donosti en ese mapa lleno de
personajes místicos; me lleno de recuerdos y los disfruto y me siento bien de
pensar que he logrado dejar de amarte pero no de recordarte.

 

Me pregunto que será de ti Fran, donde se hayaran tus pasos, si el
tiempo te habrá devuelto a la vida y habrás recuperado tu esencia, me pregunto
si habrás vuelto con tu viejo amor o si quizad otro cuerpo haya explorado tus
pensamientos. Me apena no volver a saber de ti, porque te echo de menos.

A veces me conformo pensando que la vida te habrá devuelto por el
camino de la felicidad y ya no me necesites y como siempre decíamos que algún día
cuando yo encontrase mi sitio y tu el tuyo podríamos compartirlo y explicarle a
nuestros mundo que un día tu y yo tuvimos el nuestro.

 

Espero maitea que tu vida sea feliz, la mía continua dando vueltas, ya
sabes que la vida a veces para las ninfas es bastante complicada a pesar que le
guste vestir de vanalidad sus intenciones son profundas y realmente muy
sentidas.

 

Sabes, de alguna manera el corazón olvidó pero dejaste mella en el y
sus intenciones, a veces te busco en el vacío y confundo sentimientos porque me
recuerdan a ti, a veces pienso que en cualquier rincón quedo tan lleno que a
veces el mundo se me desvía buscando vascos o quizad corazones rotos que nunca
puedan volver a amar.

 

Aquí mi vida continua tal y como la dejaste, mi casa aunque he de
decirte que ya tengo agua caliente y que cobró un poco más de orden; espero
maitea algún día poder volver a abrazarte y decirte que siempre estarás en mi
corazón.

 

Muxus.

 

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