El café pendiente

      Esta mañana no sonó el despertador del teléfono, es la primera vez en años que no ha sonado, tuve la suerte que mi reloj biológico me avisó que era tarde y abrí los ojos de inmediato, miré mi pulsera de esas que llaman inteligentes y vi que eran las 7:40.

      Levanté la mirada y encontré a mis dos niñas durmiendo a pierna suelta, la primera bajo las sábanas y la felina a los pies de ella, les dejé unos minutos más mientras yo continuaba con mi rutina de las mañanas, preparar desayunos, hacer la cama, fregar lo de la noche anterior, todas esas cosas típicas que haces cuando has de comenzar el día.

     Al volver de dejar a Carpeta en el cole eché mano del teléfono para mirar la hora y me saltó un recuerdo del Facebook donde decía “esperando a mi sobrino” … fui consciente de como pasa el tiempo y que en unos días cumple años el casi hermano mayor de mi niña, nada menos que once años han pasado, si no recuerdo mal aquel día Txema y yo estábamos en Irún y en unos días de vuelta a Valencia.

     Entonces mientras caminaba pensé, el sábado no logramos vernos con Rosa  porque era la primera vez que el próximo cumpleañero salía con los amigos , por la mañana aunque preguntamos si alguien se animaba a ir al parque Rosa lo vió más tarde y no nos concretamos, quedamos en que a la vuelta del cine hablaríamos y así nos veíamos, al mirar el teléfono recordé que había olvidado avisarla yo. 

      Y entonces me vino a la memoria la canción de los cafés pendientes.

      Hay cafés pendientes que se quedan grabados en tu alma para siempre, son esos que dejaste pasar sin pensarlo porque había mil cosas pero luego no llegan nunca, como por ejemplo el café con Fran. En nuestra última conversación me dijo que había que concretar ese café con urgencia porque tenía preparada una sesión de fotos caracterizada estilo elfos y hadas y que quería que le acompañase para darle ideas e incluso participar, siempre fue seguidor de mi luna y había pensado que incluso podríamos ambientar algo en ella. Esé café no llegó nunca, la última vez que lo vi fue en el tanatorio donde nos despedimos de él tras su accidente de coche donde nos dejó a todos. La última vez que nos vimos me contó que había decidido dejarlo todo e irse al pueblo para montar su gabinete de fotografía, me dijo eso de “llevo media vida dejándome los cuernos en el trabajo, en el amor y en mil historias insulsas y al final nos queda una y quiero vivirla como quiero Laura”. Lamentablemente su tiempo en el pueblo no fue mucho porque en uno de los viajes de vuelta del pueblo a Valencia  al volante se quedó.

     Hay cafés pendientes que piensas que nunca los harás y sin embargo llegan por sorpresa, un día recibes una llamada estilo “Estoy en Valencia, ¿nos vemos?” o un “solo decirte decirte que ojalá algún día podamos tomarnos una cerveza juntos 😊 “, este café el más bonito después de 20 años separada recibes la sorpresa de tu primer amor que está de vuelta.

Los cafés pendientes pesan mucho, a veces se llenan de dudas y los alargas porque no tienes claro si hacerlos es una buena idea o quizás un acto camicace, son esos cafés que huelen a comienzo o final de historia. A veces les pondría hasta nombre, estilo telenovela “Café con aroma de mujer”, “El café de la despedida”, “No te marches, que no has terminado el café”, “Las risas en nuestro café”, “El café mágico” … podrían escribirse una teleserie o una novela tan sólo con los títulos de los cafés pendientes.

Luego están los cafés que suenan a “serías la última persona en el mundo con el que me tomaría ese café”, estos son los terribles. Es algo así como estar ante un precipicio sujeto a la barandilla del puente y preguntarte si el que tienes mirándote desde arriba será capaz de extender la mano para ayudarte a subir o se dará la vuelta para seguir caminando pasándose por el forro lo que tu estás viviendo. Son los cafés para el que los busca de “la última oportunidad”, del arrepentimiento, del “la he liado y me gustaría que me perdonases”, del te echo de menos, ¿me echas de menos tu?. Estos cafés están a la virtud del invitado que deberá decidir que hacer con la invitación si aceptarla y resolver las diferencias o tirar tu invitación a la papelera y hacer un vacío eterno sin despedida.

Después están los cafés de “Tenemos que hablar”, estos suenan a ruptura, a cerrar puertas que se han quedado entreabiertas. Son esos que cuando estás en pareja y  recibes la invitación empiezan a temblarte a las piernas porque todo tu mundo fantástico de amor y planes de ensueño tiemblan porque algo hay que hablar.  Estos cafés tienen aroma a reproche, a algo así como “algo falla” y tienen dos  salidas, la puerta de “pongámonos de acuerdo y mejoremos” o “tu tienes tu punto de vista, yo el mío y jamás llegaremos a un consenso”.

El problema empieza cuando alargamos ese café pendiente, nos aparecen mil cosas que hacer antes que llegar a ese día y hora, entonces es cuando debemos preguntarnos como de importante es ese café para nosotros, en que lugar deberíamos poner ese café ante todas las responsabilidades que tenemos y sobre todo las ganas que tenemos o no de él.

Alargar un café pendiente tiene sus consecuencias, nos lleva a la lejanía, quizás hasta a la indiferencia que aparece en la perspectiva de los que deben acompañarnos en él y quedan a merced de su propia elección, pueden hacerse comprensibles o quizás inadmisibles.

Es importante no posponerlos si para nosotros suman, sumar en la vida siempre es un complemento que nos hace felices y más humanos.

A mi los que me encantan son los “cafés tras la resaca”, esos cafés en los que despiertas en compañía tras una noche desorbitada de sexo y lujuria, donde quizás ni has dormido y necesitas doble taza para mantener el día que queda al volver a casa con una buena sonrisa.

También cuando despiertas tras una noche de cena, bailes y conversaciones con buenos amigos y buscas ese café para desperezarte y salir corriendo para encontrarte con tus amigos y rememorar las aventuras de la noche anterior como si no se hubiera terminado. No olvidemos dentro de este tipo de cafés el “café del resopón” donde te despides de una noche de juerga colosal entre amigos y celebras el amanecer en buena compañía como si tuvieses 20 en lugar de los 45.

Pues eso, que hoy me levanté con el rin rin de los cafés pendientes y me he propuesto no posponer ninguno que sea importante, aunque tenga que poner disciplina en mi agenda para poder compartirlos.

Os aconsejo buenos amigos que hagáis lo mismo, porque compartir el tiempo con las personas que quieres y suman beneficia nuestro día a día y nuestra felicidad, y hasta seguro que es bueno para las arrugas.

Mis dos amores

Reflexión sobre el amor a los 45

      A veces el amor pasa por la ventana y lo saludas desde lejos preguntándote cuando entrara a la habitación a compartir contigo una bonita conversación y quedarse. Los tiempos cambian y con ellos también los conceptos de querer a alguien, he pasado media vida queriendo y desqueriendo; unas veces llena de sonrisas y otras envueltas entre sollozos y es lo que tiene el amor, que te envuelve por sorpresa y te desarropa a la misma velocidad con la que llegó.

      En estos 45 años recién estrenados he vivido el amor de mil colores, con locura, con desdén, aburrimiento e incluso de manera misteriosa. Me he preguntado que es mejor si amar como un adolescente o asumir ese concepto de amor maduro que todos dicen pero que resulta tremendamente aburrido.

      He amado tanto y con tanta intensidad que a veces me parece que se me ha gastado y he pasado de ser una enamorada incondicional a ojalá y nadie me ponga condiciones cuando hablemos de amor.

      Los tiempos como dice Jorge han cambiado y no todo el mundo está preparado para relacionarse con las nuevas maneras, quizás más abiertas, quizás más déspotas o simplemente más acordes al tiempo que vivimos donde las personas tienden a relacionarse dejando a un lado los compromisos que condicionen esa libertad individual.

      Las personas prefieren explorar su espacio y crecimiento personal a aventurarse a compartir el mismo con otras que puedan condicionarles sin apreciar que a veces el espacio compartido te deriva otras bonitas satisfacciones como estirar la mano y tener al lado a tu compañero/a, mirar de reojo hacia el otro lado y ser cómplice de todos los sentimientos que te nacen dentro y sólo él comprende. En esos momentos ese espacio se multiplica por dos para poder retozar alegremente en él. 

Han sido tantos los amores que he paseado que se me han perdido en el parque cada uno en un columpio porque he sido incapaz de conservarlos sentados en el banco de la estabilidad. Unas veces me amaron tanto que se cegaron en las maneras, otras y esas son las más el amor se terminó porque el cariño y el tiempo se desgastan si no sabes sacarles brillo.

       En otras ocasiones nos amamos mucho, pero teníamos caminos distintos, y el que bien ama sabe renunciar a sus intereses si en ellos su compañero termina renunciando a sus sueños. A veces el amor se termina por miedo, quizás al compromiso o quizás a responsabilidades que se le hacen grandes, estos son los que más duelen porque jamás los esperabas, pero a la larga son los que te hacen más fuerte y te dan las mejores satisfacciones.

      Los amores cobardes son capaces de dejarte sola con una hija y también enfrentarte sola al cáncer, gracias a ellos aprendes a valorar el esfuerzo de entender que hay razones que no tienen anclaje, ni siquiera cuerda para entenderlas, que son huracanes que llegan y se lo llevan todo.

      El amor tiene su propio idioma, ese en el que los diminutivos te hacen más grande, en los que con un gesto o una mirada eres capaz de transmitir todo un discurso entero, un idioma con silencios que llenan una habitación y donde las palabras envuelven cuando vienen con cariño,

      Y el amor con el tiempo cambia, o al menos eso dicen. Yo he amado hasta escocerme el alma y recordado estrellas rescatadas del fondo del mar, paseos por Paris o despedidas eternas en una estación de autobuses en Donosti. He amado el mar en sus tablas de surf, los amaneceres verdes del norte, los besos en fin de año en la plaza Mayor con aires sevillanos y como no los maravillosos paseos en la ciudad condal envueltos de la comodidad de la rutina.

      Y al final las experiencias van llenando el vaso y cambias con los tiempos. Entras al jardín donde las mariposas vuelan a su antojo parándose en la flor el tiempo estrictamente necesario para obtener el polen y volar hasta otro lugar.  Algunas marchan, otras mueren y hay algunas que se quedan en el jardín encerradas y te las encuentras en varias ocasiones, estas ya cuando pasan se toman su tiempo para conversar un poco pero luego levantan el vuelo de nuevo.

      Y entonces es cuando empiezas a encontrar normal y cómodo cosas que cuando hablas de amor no lo son. Sales, charlas, compartes un rato, practicas sexo, pero en cuanto terminas recoges tus cosas y te vuelves a tu casa. Llenas el día a día de muchos momentos quizás con uno o quizás con varios, pero te deja ese sabor insulso de haber compartido algo sin más, un rato que ni cuece ni enriquece porque a la vuelta se ha quedado en el momento.

     Nos acostumbramos a esa soledad cómoda que nos destierra de compromisos, pero nos resta de esos momentos tiernos que te hacen sonreír al imaginarlos, te alejan de esas cosquillas en el estómago que te hacen temblar cuando vas a volver a verlo.

 

     En este tiempo he afrontado la vida y sus vaivenes sin compañero en la silla de al lado, soy feliz de esta manera pues el amor lo tengo cubierto con mi pequeña, familia y gente que quiero por eso ahora que supe que la vida también caduca no me importaría apostar si el camino me invita a ello.

     Cierto es que con el tiempo y la soledad nos volvemos quisquillosas, exigentes y quizás protestonas, que para entendernos hace falta algo más que un diccionario y experiencia, que echamos carácter, pero también es verdad que somos honradas, sinceras y no hacemos perder el tiempo.

     Ayer, mientras iba en el coche volviendo de Valencia recordaba me preguntaba donde tenía el amor. Recordé entonces aquellas mañanas en las que mi primer amor desayunaba sentado en la habitación a mi lado porque le costaba despedirse de mí, los encuentros inolvidables en acantilados de Benidorm, las lágrimas del sí quiero. Recordé las risas de una habitación desordenada, los viajes a Argentina y las interminables despedidas desde Valencia a Barcelona. Recordé las noches de Ford fiesta en Sevilla y su fin de año. También recordé a mi querida Rosa con su brownie diciendo Laura, esto ya lo hemos vivido.

     Y entonces supe que me he cansado de amores insulsos, de noches de polvo y cada uno a su casa, de yo soy un alma libre y sólo te quiero como amiga, de necesito mi espacio o un ya nos vemos o hablamos.

     Estoy cansada de esas peroratas estilo es que “eres una idealista”, que “el amor es otra cosa”, que si “tienes la mecha muy corta” o quizás que esa que tanto les gusta a todos de “tu no necesitas a nadie”.

     Y si, realmente no necesito a nadie porque mi vida es bastante completa y he perdido el miedo a muchas cosas, pero tengo claro que me he cansado de marear la perdiz y dar vueltas en historias incompletas.

     Así que a todos aquellos que me venís con la historia de tengo mucho que vivir o esta canción no es la mía, sentaros a mi lado, os escucharé si me apetece o hasta incluso compartiré alguna cosa más pero respetad mis silencios o distancias porque no existe sinergia en eso que estamos buscando.  Y si existe hacédmelo saber sin tabúes o vueltas y entonces decidiré hacía donde dirigirme.

     La vida es una y cada segundo que pierdes no vuelve, así que cuando hablemos amor si tengo que escoger me quedo más con una pareja que con historias pasajeras, ese compañero que te devuelva las risas, la magia y la chispa para recorrer esos espacios donde el agua y la tierra explotan en su máximo esplendor

WEBS AMIGAS

ESENEU (Españoles en Europa)

EncontrandoTrabajo

Un día de aislamiento con covid

Por fin desde hoy somos libres pero han sido unos días de cuarentena, ahí os los dejamos

 

Ramón

      Cuando me encontré con Ramón en Facebook y su propuesta a un café lo primero que le dije fue, ¿Tu que te piensas?, ¿recuerdas que salí con tu mejor amigo seis meses?-a lo que respondió muy cordialmente, de eso hace tras años y que yo sepa en esa época ni te conocía.

     Elga me dio unos buenos argumentos para que ese café se materializase así que me animé a conocerlo.

      Ramón es todo un personaje, 45 primaveras y está estudiando Integración social, da igual que sea abogado penalista penitenciario o administrativo sancionar, el prefiere vivir ajeno al sistema, aunque su oficio tenga algo que ver con el tema.

      Se define como alma libre, tanto que a veces volando se ha perdido y si puede vivir sin trabajar mucho mejor.

      Es un bucanero que adora el mar, cumplió uno de sus sueños comprarse un barco para algún día dar la vuelta al mundo, el único problema que tiene es que no ha conseguido que arranque desde el día que lo compró porque el motor ha muerto sin zarpar, eso si él y su marido siguen arreglando, aunque esté varado y han cogido un amarre en la Marina que les da un glamour insospechado.

      El piensa que las nenas se le acercan por eso del barquito, yo le recuerdo que con todos los barcos que hay meterse en el de un punki añejo es más una opción que una elección.

      En realidad, tiene su encanto, cualquier cosa es divertida si viene de su mano porque a todo le pone la ilusión de un niño aunque sea una puta mierda.

       Se define vegano y animalista, pero en realidad cuando le ponen un helado delante se ha olvidado de las vacas y es alérgico a los gatos, con lo cual eso de cuidar gatos se sale del concepto.

      Aun así, es un amor porque todo a su lado siempre es una aventura nueva.

     A día de hoy sigo manteníendole entre mis mejores amigos y me siento afortunada de ello

Anclada en tu recuerdo

Me quedé en el eco de tus silencios mientras el tiempo quedo parado en un día del mes de Agosto. Acudo a mi razón a preguntarle que me ha sucedido contigo para que pase lo que pase no desaparezcas de mi memoria, porque cada rincón del recuerdo me lleva hasta ti, para que las lágrimas vuelvan cada vez que soy consciente que he quedado anclada y necesito pasar página y olvidar sin que me siga escociendo.

Aún así me encanta recordarte, tu sonrisa de duende perdido entre las hierbas, tu confesión aquel martes en aquella albufereta donde nos conocimos donde entre lágrimas me confesabas con detalle que estabas loco por mí y que solo te importaba el mundo si lo caminabas de mi mano. Aquella tarde que me convenciste, probablemente hasta hoy. Siempre tuviste la capacidad de sacarme de mis casillas pero también de devolverme la sonrisa cuando flaqueaban las ganas, al menos antes de que una nube se interpusiera en el camino y no supieras como lidiarla.

Hoy te escribo, para ver si al menos con las letras parte de esta congoja marcha y con ella el perdón que desde algún lugar quedó pendiente para entender que pasó con aquella pasión que se hizo humo.

Más yo misma no me entiendo, no es amor lo que proceso hacia tu recuerdo, eso pasó e incapaz sería de volver a él pero en mi alma un enigma se teje preguntándose qué sucedió exactamente.

Echo de menos nuestras conversaciones eternas, jamás me gustó hablar por teléfono pero sin embargo nos encantaba perdernos dos horas cada noche si no nos veíamos sólo para contarnos que tal el día. Donde quedaron tantos planes, nuestra escapada a esquiar juntos y a conocer Berlín.

Te marchaste ya estando juntos y dejándome sóla probablemente en el único momento en el que realmente te había necesitado y mientras yo quedé estancada en esos días intentando asimilar porque había pasado esto.

Y una brecha ha quedado en mis entrañas asumiendo que el amor marcho con la misma rapidez que vino dejando la intensidad como una mera anécdota en el corazón de los que lo vivimos con esa fuerza.

Espero acostumbrarme a olvidarte o al menos que no se me nublen los ojos cuando la vida te traiga a mi rutina.

Más tintinean en mis oídos la frase de Rafa : “Has de soltarlo Laura” … sin duda, pero que alguien me enseñe como.

Mientras te escribiré y me leeràs y nos preguntamos que hubiese sido de nosotros juntos sabiendo que nos hemos amado con locura y no hemos sido capaces de entendernos.

Sentimientos encontrados tras recibir la noticia

Asumir que tu vida ha cambiado y que tu enfermedad es grave y te hará cambiar la vida es muy difícil. Una puede ser la madre más coraje y la roja más auténtica pero cuando te has de enfrentar a la palabra “cáncer” una se acojona por todos los lados y para tu sorpresa toda esa gente a la que quieres entra en un bucle de no saber qué hacer contigo que te hace hundirte en la puta miseria.

Y es que la gente no tiene cabeza, les cuentas lo que te sucede y en lugar de darte las fuerzas te preguntan directamente que grado tienes y si te van a dar quimio o radio; cómo explicarles que te acabas de enterar, que no tienes ni puta idea de que es un tumor in situ y un tumor infiltrante y que lo que menos ganas tienes es de que te estén preguntando si vas a morirte o te vas a recuperar porque según el grado probablemente será un diagnóstico u otro.

De repente la soledad te invade el alma, ves que te has tirado media vida ayudando a todos los que necesitabas y ahora que gritas a los cuatro vientos “socorro” nadie sabe cómo arroparte y hasta hay quien te había prometido amor eterno y sale corriendo por patas a la semana.

Y te ves delante de tu cirujano que te cuenta las cosas con detalle, que te explica los pros y los contras, pero te indica que no tengas miedo porque van a estar allí para ayudarte. Lamentas haber tenido que ir sola a la consulta porque te has perdido la mitad de lo que te han explicado porque no has entendido la mitad de las cosas; suerte que después está Concha, la enfermera de mama que te mira y responde a tus preguntas.

  • ¿Y yo solo quiero saber una cosa? De esto puedo morirme, porque sabes soy madre soltera y tengo una hija que sólo me tiene a mi.
  • ¿Cuántos años tiene tu hija?
  • Siete …
  • Tranquila Laura, de esto no se muere nadie a día de hoy así que vas a poder disfrutar de tu hija todo el tiempo del mundo y verla crecer.

Entonces haces de Concha tu mejor amiga, algo así como la virgen de la anunciación que se aparece y te dice “Laurita has de pelear porque te viene la tempestad, pero saldremos a celebrarlo pronto porque siempre has ganado las batallas”.

Te sientes tan vacía, te hubiese gustado tener la mano de Rafa como cuando recibiste las primeras buenas noticias o a papá para darle un abrazo de nuevo, quizás alguna amiga que te hubiese acompañado, pero no, el mundo está repartido en otras cosas y la que tienes que comértelo eres tú y solo tú.

No hay consuelo que sepa llenarte, solo los momentos de desconexión; de repente quieres salir a gritar a los cuatro vientos auxilio, lo haces, pero la gente anda ocupada en otras cosas y eres consciente que tu condición como siempre es la de sacarte las castañas del fuego por ti misma sin más.

Suerte que papá y mamá como siempre ahí están, el escuadrón suicida se subió en el barco de la puta enfermedad hace un tiempo y al final no tienes más remedio que acomodarte e ir remando, como si no pasase nada, como si la vida continuase, pero hubieras de empujar más fuerte la puerta.

Un abismo te llena el alma, la gente que quieres no está o no sabe qué hacer, quizás sea la puta pandemia que nos dejó a todos locos, quizás que la gente tiene sus miserias y no tiene ganas de llenarse de más historias o tal vez que te quieren tanto que prefieren hacer oídos sordos y no darle importancia al tema.

Y empiezas a escuchar esas frases de:

  • No debes de tomártelo así, siempre estás hablando de lo mismo, no es la actitud esa. Tienes que luchar, esto no es nada, muchas personas lo han pasado y tú también lo harás.

No me jodas, que me estás contando. ¿Cómo que no pasa nada?, que te pase a ti cojones y verás cómo te sientes. Quien te ha dicho que no voy a luchar, para cojones los míos, pero dame tiempo a asumir todo esto; no necesito ahora que me digas lo que debo hacer, sino que me arropes y me acompañes en este momento que el mundo se va al traste.

Conforme van pasando los días una se va haciendo más fuerte y te sientes feliz cuando logras conciliar el sueño. Te vuelves egoísta y empiezas a ver cosas que antes no veías, empiezas a valorar cosas que antes pasaban desapercibidas como leer un libro y entras en otro mundo, el mundo de color rosa.

Puta mierda de rosa pero que de alguna manera te reconforta, pasas a afiliarte al partido de las “luchadoras pink”, y no es que seas un icono sexual de guerrera en tanga no, pasas a ser la guerrera que le van a quitar la teta y le van a dejar hecha un trapo hasta que recupere la entereza de siempre.

Cada día suma, sabes que a lo largo del día todo te va a afectar cinco veces más, que vas a llorar porque a tu hija le ha salido una espinilla, porque tu amiga te rescata un martes cualquiera para ir a bañarse a la playa, aunque se resfríen los niños, porque has chafado una mierda y tu día es terrible. Las lágrimas pasan a ser un espacio más y has de aceptarlas mientras te alivien, el miedo se hace compañero y aprendes a llevarlo y las esperas son terribles.

Aprendes a diferenciar a quien bien te quiere y te cuida en esos momentos, a valorar las cosas bonitas y a dejar marchar las que no aportan. Aprendes refranes estilo “A enemigo que huye puente de plata” y a asumir cosas que nunca imaginas que vivirás.

Miles de preguntas sin respuesta te demuestran que la vida es una y hay que pelear si o si, pero también aprendes que a partir de ahora tu tiempo y tus preferencias van a ser tuyas; que seleccionarás aquellos momentos que quieres vivir y aquellos que quieres apartar.

Y lo más importante vas a hacer una lista de todas aquellas personas que vas a invitar a tu “Super-fiesta de he ganado la batalla” y a cuales vas a enviar a tomar por el culo.

Ahora sabes que vas a luchar, pelear y cagarte en la puta madre de quien haga falta para superar algo que te aterroriza pero no va a poder contigo aunque tengas que hacerlo sola porque esa es la vida que te ha tocado siempre.

Suerte que en el camino se abren horizontes y personas que viven la misma experiencia y de alguna manera te arropan para que lo viene pueda ser más llevadero.

Así que en esta dura espera hasta mi mastectomía y en virtud de lo que me queda por llegar que no es poco luciré mi hermosa teta izquierda con su cicatriz estos días hasta que pase a ser la marciana de acción mutante con una teta de silicona.

Y lo más importante vas a hacer una lista de todas aquellas personas que vas a invitar a tu “Super-fiesta de he ganado la batalla” y a cuales vas a enviar a tomar por el culo.

Estas cosas pueden pasar

Era jueves día 10, ese día el comando G (mamá, papá y yo) nos fuimos juntos a la fé; mamá a su quimio y papá se iba a repartir acompañando a mama y luego a mí a por los resultados.

Al entrar a la consulta vi que no estaba mi médico y en su lugar una simpática cirujana que sin pestañear me dijo tranquilamente:

“Los resultados de la biopsia de la masa indican que tiene usted un carcinoma ductal de 2 cm, uno de ellos in situ y otro infiltrante”.

No podía creer que me estaba contando esa buena mujer; dije disculpe pero no entiendo, la biopsia decía que lo que me iban a quitar era benigno, ¿Me está diciendo usted que tengo cáncer?

La mujer me miró más sorprendida que yo, como diciendo ¿ah que no lo sabía?, levantó los ojos del pc y apenas respondió un “Si, efectivamente”.

¿Cómo es posible?, le pregunté a lo que respondió “A veces estas cosas pasan”.

De repente se abrió un abismo, no podía creer lo que me estaba pasando; quería pensar que aquello era un sueño y no me estaba sucediendo a mí; pero no, muy a mi pesar era la puta realidad.

De repente un eco se quedó grabado en mis neuronas: “Estas cosas pasan” … con un sinfín de argumentos contradictorios  estilo :

“No señora, estas cosas no me pueden pasar a mi, tengo una vida entera que vivir y no estoy preparada para esto”

“No señora, esto es un sueño y me despertaré mañana, esto no me puede estar sucediendo a mi”.

Cual sería mi cara y estupefacción que la propia médica decidió que debía hablar con mi cirujano para que me explicase todo lo que íbamos a hacer, porque claro me había contado cual era mi enfermedad pero no como iba a solucionarla.

Así que con el alma partida en dos asumiendo que empezaba una nueva lucha salí de la consulta junto a papá que poco más pudo que abrazarme y decirme hija tienes que ser fuerte.

No sé de dónde saqué fuerzas para ir a recoger el coche y volver a casa. El eco continuaba resonando “Estas cosas pasan”.

Al llegar a Silla, como si no fuera conmigo recogí a peque y nos fuimos de compras, de repente parecía que todo lo que había hecho en la vida no era suficiente y me daba igual cuatro que cuarenta; un lema se me gravó en el alma, la vida es una y cuando menos te lo esperas se te escapa de las manos.

No puedo deciros el infierno de noche que pasé, la cabeza no paraba; de hecho, a día de hoy sigue sin parar.

Barbie de acción mutante y extirpación de mi tumor

El día 24 de Mayo a las 8:00 estaba en la fé esperando para la dichosa operación. Al entrar a la sala un simpático celador me explicó un poquito lo que iban a hacer conmigo. Entrarás a la sala de espera, pasarán a por ti desde rayos para ponerte los arpones y marcar la zona de operación. Dos horas esperando allí dentro mientras la gente entraba y salía, resultaba de lo más curioso el vaivén de personal sanitario y pacientes de distintas especialidades.

A las dos horas y media de espera me llevaron de nuevo a rayos, el mismo radiólogo que aquel día me contó todas las cosas que debían pasar para llegar a quirófano estaba delante de mi marcándome con unos pinchos desde donde hasta donde llegaba mi tumor y había que extirpar. No me olvidaré de su cara jamás, pues gracias a él empezó todo el proceso hasta llegar hasta allí. El proceso era el siguiente, anestesia local en un extremo y en otro y luego colocarme dos alambres en plan antena televisiva. Y así salí de rayos, con mi teta izquierda en plan torrespaña con las dos antenillas que me daban un aire a una Barbie de acción mutante.

Supongo que en ese momento ya estaba resignada a todo, y ese miedo a la anestesia y todas esas cosas se iban dispersando dispuesta a que el tiempo pasara rápido y pudiera volver a casa. El último momento que recuerdo es cuando mi cirujano, el Dr. José Aguilar; se acercó con esa tranquilidad y voz suave que te transmitía una paz increíble y me dijo. Llevamos media mañana buscándote Laura pero ya has llegado, sacó unas tenazas y me cortó los extremos del pirulí; sacó un rotulador y me hizo los últimos dibujos en el pecho como si de un rompecabezas se tratara.

Entonces me entraron a quirófano y empezaron a ponerme un montón de aparatos, a la derecha mi salvador revisando el móvil tranquilamente mientras me preparaban para la intervención.

No sé en qué momento me dormí, pero desde luego sí que recuerdo el despertar como si de un sueño se tratase. Un montón de gente a mi alrededor llamándome por mi nombre y dándome de ostias por todos lados; apenas podía hablar, los veía, pero de alguna manera mi cuerpo no reaccionaba; estaba como exhausta y muerta de sueño. Escuchaba eso de “si no reacciona habrá que llevarla a reanimación”. Desconozco que me chutaron pero sin duda al final pude hacerles algún gesto estilo “iros a tomar por culo y dejarme dormir” y como me volváis a dar otra ostia o pellizco os reviento.

Luego me llevaron de nuevo a recuperación donde pude dormir plácidamente mi pedo anestésico en versión “the doors”. No sabía las horas que habían pasado pero cada vez que miraba el aparato que marcaba las pulsaciones me preguntaba si eso era normal; tensión a de 5 y 9  máximo y entre 45 y 50 pulsaciones por minuto. Estaba en un estado zen total de hecho convencida que todo lo que había visto había sido producto de mi imaginación hasta que antes de salir vino una chica y me dijo: “Laura, ¿te acuerdas de mi?” (como para acordarse con tanta gente que había pasado), “soy tu anestesista, menudo susto que nos has dado”.

Y bueno, aunque me enviaron para casa a las 21:00 tuve que volver de nuevo otra vez porque llegando a Silla me desplomé de nuevo por la debilidad.

Los días de recuperación fueron duros, la intervención me dejó muy débil y poco a poco fui reconstruyéndome un poco pero con la anémia que arrastraba tuve que tirar mano de hierro.

A las dos semanas acudí a por los resultados de la masa que me habían extraido y allí el mundo se me dio la vuelta.