El café pendiente

      Esta mañana no sonó el despertador del teléfono, es la primera vez en años que no ha sonado, tuve la suerte que mi reloj biológico me avisó que era tarde y abrí los ojos de inmediato, miré mi pulsera de esas que llaman inteligentes y vi que eran las 7:40.

      Levanté la mirada y encontré a mis dos niñas durmiendo a pierna suelta, la primera bajo las sábanas y la felina a los pies de ella, les dejé unos minutos más mientras yo continuaba con mi rutina de las mañanas, preparar desayunos, hacer la cama, fregar lo de la noche anterior, todas esas cosas típicas que haces cuando has de comenzar el día.

     Al volver de dejar a Carpeta en el cole eché mano del teléfono para mirar la hora y me saltó un recuerdo del Facebook donde decía “esperando a mi sobrino” … fui consciente de como pasa el tiempo y que en unos días cumple años el casi hermano mayor de mi niña, nada menos que once años han pasado, si no recuerdo mal aquel día Txema y yo estábamos en Irún y en unos días de vuelta a Valencia.

     Entonces mientras caminaba pensé, el sábado no logramos vernos con Rosa  porque era la primera vez que el próximo cumpleañero salía con los amigos , por la mañana aunque preguntamos si alguien se animaba a ir al parque Rosa lo vió más tarde y no nos concretamos, quedamos en que a la vuelta del cine hablaríamos y así nos veíamos, al mirar el teléfono recordé que había olvidado avisarla yo. 

      Y entonces me vino a la memoria la canción de los cafés pendientes.

      Hay cafés pendientes que se quedan grabados en tu alma para siempre, son esos que dejaste pasar sin pensarlo porque había mil cosas pero luego no llegan nunca, como por ejemplo el café con Fran. En nuestra última conversación me dijo que había que concretar ese café con urgencia porque tenía preparada una sesión de fotos caracterizada estilo elfos y hadas y que quería que le acompañase para darle ideas e incluso participar, siempre fue seguidor de mi luna y había pensado que incluso podríamos ambientar algo en ella. Esé café no llegó nunca, la última vez que lo vi fue en el tanatorio donde nos despedimos de él tras su accidente de coche donde nos dejó a todos. La última vez que nos vimos me contó que había decidido dejarlo todo e irse al pueblo para montar su gabinete de fotografía, me dijo eso de “llevo media vida dejándome los cuernos en el trabajo, en el amor y en mil historias insulsas y al final nos queda una y quiero vivirla como quiero Laura”. Lamentablemente su tiempo en el pueblo no fue mucho porque en uno de los viajes de vuelta del pueblo a Valencia  al volante se quedó.

     Hay cafés pendientes que piensas que nunca los harás y sin embargo llegan por sorpresa, un día recibes una llamada estilo “Estoy en Valencia, ¿nos vemos?” o un “solo decirte decirte que ojalá algún día podamos tomarnos una cerveza juntos 😊 “, este café el más bonito después de 20 años separada recibes la sorpresa de tu primer amor que está de vuelta.

Los cafés pendientes pesan mucho, a veces se llenan de dudas y los alargas porque no tienes claro si hacerlos es una buena idea o quizás un acto camicace, son esos cafés que huelen a comienzo o final de historia. A veces les pondría hasta nombre, estilo telenovela “Café con aroma de mujer”, “El café de la despedida”, “No te marches, que no has terminado el café”, “Las risas en nuestro café”, “El café mágico” … podrían escribirse una teleserie o una novela tan sólo con los títulos de los cafés pendientes.

Luego están los cafés que suenan a “serías la última persona en el mundo con el que me tomaría ese café”, estos son los terribles. Es algo así como estar ante un precipicio sujeto a la barandilla del puente y preguntarte si el que tienes mirándote desde arriba será capaz de extender la mano para ayudarte a subir o se dará la vuelta para seguir caminando pasándose por el forro lo que tu estás viviendo. Son los cafés para el que los busca de “la última oportunidad”, del arrepentimiento, del “la he liado y me gustaría que me perdonases”, del te echo de menos, ¿me echas de menos tu?. Estos cafés están a la virtud del invitado que deberá decidir que hacer con la invitación si aceptarla y resolver las diferencias o tirar tu invitación a la papelera y hacer un vacío eterno sin despedida.

Después están los cafés de “Tenemos que hablar”, estos suenan a ruptura, a cerrar puertas que se han quedado entreabiertas. Son esos que cuando estás en pareja y  recibes la invitación empiezan a temblarte a las piernas porque todo tu mundo fantástico de amor y planes de ensueño tiemblan porque algo hay que hablar.  Estos cafés tienen aroma a reproche, a algo así como “algo falla” y tienen dos  salidas, la puerta de “pongámonos de acuerdo y mejoremos” o “tu tienes tu punto de vista, yo el mío y jamás llegaremos a un consenso”.

El problema empieza cuando alargamos ese café pendiente, nos aparecen mil cosas que hacer antes que llegar a ese día y hora, entonces es cuando debemos preguntarnos como de importante es ese café para nosotros, en que lugar deberíamos poner ese café ante todas las responsabilidades que tenemos y sobre todo las ganas que tenemos o no de él.

Alargar un café pendiente tiene sus consecuencias, nos lleva a la lejanía, quizás hasta a la indiferencia que aparece en la perspectiva de los que deben acompañarnos en él y quedan a merced de su propia elección, pueden hacerse comprensibles o quizás inadmisibles.

Es importante no posponerlos si para nosotros suman, sumar en la vida siempre es un complemento que nos hace felices y más humanos.

A mi los que me encantan son los “cafés tras la resaca”, esos cafés en los que despiertas en compañía tras una noche desorbitada de sexo y lujuria, donde quizás ni has dormido y necesitas doble taza para mantener el día que queda al volver a casa con una buena sonrisa.

También cuando despiertas tras una noche de cena, bailes y conversaciones con buenos amigos y buscas ese café para desperezarte y salir corriendo para encontrarte con tus amigos y rememorar las aventuras de la noche anterior como si no se hubiera terminado. No olvidemos dentro de este tipo de cafés el “café del resopón” donde te despides de una noche de juerga colosal entre amigos y celebras el amanecer en buena compañía como si tuvieses 20 en lugar de los 45.

Pues eso, que hoy me levanté con el rin rin de los cafés pendientes y me he propuesto no posponer ninguno que sea importante, aunque tenga que poner disciplina en mi agenda para poder compartirlos.

Os aconsejo buenos amigos que hagáis lo mismo, porque compartir el tiempo con las personas que quieres y suman beneficia nuestro día a día y nuestra felicidad, y hasta seguro que es bueno para las arrugas.

Mis dos amores

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