Reflexión sobre el amor a los 45

      A veces el amor pasa por la ventana y lo saludas desde lejos preguntándote cuando entrara a la habitación a compartir contigo una bonita conversación y quedarse. Los tiempos cambian y con ellos también los conceptos de querer a alguien, he pasado media vida queriendo y desqueriendo; unas veces llena de sonrisas y otras envueltas entre sollozos y es lo que tiene el amor, que te envuelve por sorpresa y te desarropa a la misma velocidad con la que llegó.

      En estos 45 años recién estrenados he vivido el amor de mil colores, con locura, con desdén, aburrimiento e incluso de manera misteriosa. Me he preguntado que es mejor si amar como un adolescente o asumir ese concepto de amor maduro que todos dicen pero que resulta tremendamente aburrido.

      He amado tanto y con tanta intensidad que a veces me parece que se me ha gastado y he pasado de ser una enamorada incondicional a ojalá y nadie me ponga condiciones cuando hablemos de amor.

      Los tiempos como dice Jorge han cambiado y no todo el mundo está preparado para relacionarse con las nuevas maneras, quizás más abiertas, quizás más déspotas o simplemente más acordes al tiempo que vivimos donde las personas tienden a relacionarse dejando a un lado los compromisos que condicionen esa libertad individual.

      Las personas prefieren explorar su espacio y crecimiento personal a aventurarse a compartir el mismo con otras que puedan condicionarles sin apreciar que a veces el espacio compartido te deriva otras bonitas satisfacciones como estirar la mano y tener al lado a tu compañero/a, mirar de reojo hacia el otro lado y ser cómplice de todos los sentimientos que te nacen dentro y sólo él comprende. En esos momentos ese espacio se multiplica por dos para poder retozar alegremente en él. 

Han sido tantos los amores que he paseado que se me han perdido en el parque cada uno en un columpio porque he sido incapaz de conservarlos sentados en el banco de la estabilidad. Unas veces me amaron tanto que se cegaron en las maneras, otras y esas son las más el amor se terminó porque el cariño y el tiempo se desgastan si no sabes sacarles brillo.

       En otras ocasiones nos amamos mucho, pero teníamos caminos distintos, y el que bien ama sabe renunciar a sus intereses si en ellos su compañero termina renunciando a sus sueños. A veces el amor se termina por miedo, quizás al compromiso o quizás a responsabilidades que se le hacen grandes, estos son los que más duelen porque jamás los esperabas, pero a la larga son los que te hacen más fuerte y te dan las mejores satisfacciones.

      Los amores cobardes son capaces de dejarte sola con una hija y también enfrentarte sola al cáncer, gracias a ellos aprendes a valorar el esfuerzo de entender que hay razones que no tienen anclaje, ni siquiera cuerda para entenderlas, que son huracanes que llegan y se lo llevan todo.

      El amor tiene su propio idioma, ese en el que los diminutivos te hacen más grande, en los que con un gesto o una mirada eres capaz de transmitir todo un discurso entero, un idioma con silencios que llenan una habitación y donde las palabras envuelven cuando vienen con cariño,

      Y el amor con el tiempo cambia, o al menos eso dicen. Yo he amado hasta escocerme el alma y recordado estrellas rescatadas del fondo del mar, paseos por Paris o despedidas eternas en una estación de autobuses en Donosti. He amado el mar en sus tablas de surf, los amaneceres verdes del norte, los besos en fin de año en la plaza Mayor con aires sevillanos y como no los maravillosos paseos en la ciudad condal envueltos de la comodidad de la rutina.

      Y al final las experiencias van llenando el vaso y cambias con los tiempos. Entras al jardín donde las mariposas vuelan a su antojo parándose en la flor el tiempo estrictamente necesario para obtener el polen y volar hasta otro lugar.  Algunas marchan, otras mueren y hay algunas que se quedan en el jardín encerradas y te las encuentras en varias ocasiones, estas ya cuando pasan se toman su tiempo para conversar un poco pero luego levantan el vuelo de nuevo.

      Y entonces es cuando empiezas a encontrar normal y cómodo cosas que cuando hablas de amor no lo son. Sales, charlas, compartes un rato, practicas sexo, pero en cuanto terminas recoges tus cosas y te vuelves a tu casa. Llenas el día a día de muchos momentos quizás con uno o quizás con varios, pero te deja ese sabor insulso de haber compartido algo sin más, un rato que ni cuece ni enriquece porque a la vuelta se ha quedado en el momento.

     Nos acostumbramos a esa soledad cómoda que nos destierra de compromisos, pero nos resta de esos momentos tiernos que te hacen sonreír al imaginarlos, te alejan de esas cosquillas en el estómago que te hacen temblar cuando vas a volver a verlo.

 

     En este tiempo he afrontado la vida y sus vaivenes sin compañero en la silla de al lado, soy feliz de esta manera pues el amor lo tengo cubierto con mi pequeña, familia y gente que quiero por eso ahora que supe que la vida también caduca no me importaría apostar si el camino me invita a ello.

     Cierto es que con el tiempo y la soledad nos volvemos quisquillosas, exigentes y quizás protestonas, que para entendernos hace falta algo más que un diccionario y experiencia, que echamos carácter, pero también es verdad que somos honradas, sinceras y no hacemos perder el tiempo.

     Ayer, mientras iba en el coche volviendo de Valencia recordaba me preguntaba donde tenía el amor. Recordé entonces aquellas mañanas en las que mi primer amor desayunaba sentado en la habitación a mi lado porque le costaba despedirse de mí, los encuentros inolvidables en acantilados de Benidorm, las lágrimas del sí quiero. Recordé las risas de una habitación desordenada, los viajes a Argentina y las interminables despedidas desde Valencia a Barcelona. Recordé las noches de Ford fiesta en Sevilla y su fin de año. También recordé a mi querida Rosa con su brownie diciendo Laura, esto ya lo hemos vivido.

     Y entonces supe que me he cansado de amores insulsos, de noches de polvo y cada uno a su casa, de yo soy un alma libre y sólo te quiero como amiga, de necesito mi espacio o un ya nos vemos o hablamos.

     Estoy cansada de esas peroratas estilo es que “eres una idealista”, que “el amor es otra cosa”, que si “tienes la mecha muy corta” o quizás que esa que tanto les gusta a todos de “tu no necesitas a nadie”.

     Y si, realmente no necesito a nadie porque mi vida es bastante completa y he perdido el miedo a muchas cosas, pero tengo claro que me he cansado de marear la perdiz y dar vueltas en historias incompletas.

     Así que a todos aquellos que me venís con la historia de tengo mucho que vivir o esta canción no es la mía, sentaros a mi lado, os escucharé si me apetece o hasta incluso compartiré alguna cosa más pero respetad mis silencios o distancias porque no existe sinergia en eso que estamos buscando.  Y si existe hacédmelo saber sin tabúes o vueltas y entonces decidiré hacía donde dirigirme.

     La vida es una y cada segundo que pierdes no vuelve, así que cuando hablemos amor si tengo que escoger me quedo más con una pareja que con historias pasajeras, ese compañero que te devuelva las risas, la magia y la chispa para recorrer esos espacios donde el agua y la tierra explotan en su máximo esplendor

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