Reflexión sobre el amor a los 45

      A veces el amor pasa por la ventana y lo saludas desde lejos preguntándote cuando entrara a la habitación a compartir contigo una bonita conversación y quedarse. Los tiempos cambian y con ellos también los conceptos de querer a alguien, he pasado media vida queriendo y desqueriendo; unas veces llena de sonrisas y otras envueltas entre sollozos y es lo que tiene el amor, que te envuelve por sorpresa y te desarropa a la misma velocidad con la que llegó.

      En estos 45 años recién estrenados he vivido el amor de mil colores, con locura, con desdén, aburrimiento e incluso de manera misteriosa. Me he preguntado que es mejor si amar como un adolescente o asumir ese concepto de amor maduro que todos dicen pero que resulta tremendamente aburrido.

      He amado tanto y con tanta intensidad que a veces me parece que se me ha gastado y he pasado de ser una enamorada incondicional a ojalá y nadie me ponga condiciones cuando hablemos de amor.

      Los tiempos como dice Jorge han cambiado y no todo el mundo está preparado para relacionarse con las nuevas maneras, quizás más abiertas, quizás más déspotas o simplemente más acordes al tiempo que vivimos donde las personas tienden a relacionarse dejando a un lado los compromisos que condicionen esa libertad individual.

      Las personas prefieren explorar su espacio y crecimiento personal a aventurarse a compartir el mismo con otras que puedan condicionarles sin apreciar que a veces el espacio compartido te deriva otras bonitas satisfacciones como estirar la mano y tener al lado a tu compañero/a, mirar de reojo hacia el otro lado y ser cómplice de todos los sentimientos que te nacen dentro y sólo él comprende. En esos momentos ese espacio se multiplica por dos para poder retozar alegremente en él. 

Han sido tantos los amores que he paseado que se me han perdido en el parque cada uno en un columpio porque he sido incapaz de conservarlos sentados en el banco de la estabilidad. Unas veces me amaron tanto que se cegaron en las maneras, otras y esas son las más el amor se terminó porque el cariño y el tiempo se desgastan si no sabes sacarles brillo.

       En otras ocasiones nos amamos mucho, pero teníamos caminos distintos, y el que bien ama sabe renunciar a sus intereses si en ellos su compañero termina renunciando a sus sueños. A veces el amor se termina por miedo, quizás al compromiso o quizás a responsabilidades que se le hacen grandes, estos son los que más duelen porque jamás los esperabas, pero a la larga son los que te hacen más fuerte y te dan las mejores satisfacciones.

      Los amores cobardes son capaces de dejarte sola con una hija y también enfrentarte sola al cáncer, gracias a ellos aprendes a valorar el esfuerzo de entender que hay razones que no tienen anclaje, ni siquiera cuerda para entenderlas, que son huracanes que llegan y se lo llevan todo.

      El amor tiene su propio idioma, ese en el que los diminutivos te hacen más grande, en los que con un gesto o una mirada eres capaz de transmitir todo un discurso entero, un idioma con silencios que llenan una habitación y donde las palabras envuelven cuando vienen con cariño,

      Y el amor con el tiempo cambia, o al menos eso dicen. Yo he amado hasta escocerme el alma y recordado estrellas rescatadas del fondo del mar, paseos por Paris o despedidas eternas en una estación de autobuses en Donosti. He amado el mar en sus tablas de surf, los amaneceres verdes del norte, los besos en fin de año en la plaza Mayor con aires sevillanos y como no los maravillosos paseos en la ciudad condal envueltos de la comodidad de la rutina.

      Y al final las experiencias van llenando el vaso y cambias con los tiempos. Entras al jardín donde las mariposas vuelan a su antojo parándose en la flor el tiempo estrictamente necesario para obtener el polen y volar hasta otro lugar.  Algunas marchan, otras mueren y hay algunas que se quedan en el jardín encerradas y te las encuentras en varias ocasiones, estas ya cuando pasan se toman su tiempo para conversar un poco pero luego levantan el vuelo de nuevo.

      Y entonces es cuando empiezas a encontrar normal y cómodo cosas que cuando hablas de amor no lo son. Sales, charlas, compartes un rato, practicas sexo, pero en cuanto terminas recoges tus cosas y te vuelves a tu casa. Llenas el día a día de muchos momentos quizás con uno o quizás con varios, pero te deja ese sabor insulso de haber compartido algo sin más, un rato que ni cuece ni enriquece porque a la vuelta se ha quedado en el momento.

     Nos acostumbramos a esa soledad cómoda que nos destierra de compromisos, pero nos resta de esos momentos tiernos que te hacen sonreír al imaginarlos, te alejan de esas cosquillas en el estómago que te hacen temblar cuando vas a volver a verlo.

 

     En este tiempo he afrontado la vida y sus vaivenes sin compañero en la silla de al lado, soy feliz de esta manera pues el amor lo tengo cubierto con mi pequeña, familia y gente que quiero por eso ahora que supe que la vida también caduca no me importaría apostar si el camino me invita a ello.

     Cierto es que con el tiempo y la soledad nos volvemos quisquillosas, exigentes y quizás protestonas, que para entendernos hace falta algo más que un diccionario y experiencia, que echamos carácter, pero también es verdad que somos honradas, sinceras y no hacemos perder el tiempo.

     Ayer, mientras iba en el coche volviendo de Valencia recordaba me preguntaba donde tenía el amor. Recordé entonces aquellas mañanas en las que mi primer amor desayunaba sentado en la habitación a mi lado porque le costaba despedirse de mí, los encuentros inolvidables en acantilados de Benidorm, las lágrimas del sí quiero. Recordé las risas de una habitación desordenada, los viajes a Argentina y las interminables despedidas desde Valencia a Barcelona. Recordé las noches de Ford fiesta en Sevilla y su fin de año. También recordé a mi querida Rosa con su brownie diciendo Laura, esto ya lo hemos vivido.

     Y entonces supe que me he cansado de amores insulsos, de noches de polvo y cada uno a su casa, de yo soy un alma libre y sólo te quiero como amiga, de necesito mi espacio o un ya nos vemos o hablamos.

     Estoy cansada de esas peroratas estilo es que “eres una idealista”, que “el amor es otra cosa”, que si “tienes la mecha muy corta” o quizás que esa que tanto les gusta a todos de “tu no necesitas a nadie”.

     Y si, realmente no necesito a nadie porque mi vida es bastante completa y he perdido el miedo a muchas cosas, pero tengo claro que me he cansado de marear la perdiz y dar vueltas en historias incompletas.

     Así que a todos aquellos que me venís con la historia de tengo mucho que vivir o esta canción no es la mía, sentaros a mi lado, os escucharé si me apetece o hasta incluso compartiré alguna cosa más pero respetad mis silencios o distancias porque no existe sinergia en eso que estamos buscando.  Y si existe hacédmelo saber sin tabúes o vueltas y entonces decidiré hacía donde dirigirme.

     La vida es una y cada segundo que pierdes no vuelve, así que cuando hablemos amor si tengo que escoger me quedo más con una pareja que con historias pasajeras, ese compañero que te devuelva las risas, la magia y la chispa para recorrer esos espacios donde el agua y la tierra explotan en su máximo esplendor

Sentimientos encontrados tras recibir la noticia

Asumir que tu vida ha cambiado y que tu enfermedad es grave y te hará cambiar la vida es muy difícil. Una puede ser la madre más coraje y la roja más auténtica pero cuando te has de enfrentar a la palabra “cáncer” una se acojona por todos los lados y para tu sorpresa toda esa gente a la que quieres entra en un bucle de no saber qué hacer contigo que te hace hundirte en la puta miseria.

Y es que la gente no tiene cabeza, les cuentas lo que te sucede y en lugar de darte las fuerzas te preguntan directamente que grado tienes y si te van a dar quimio o radio; cómo explicarles que te acabas de enterar, que no tienes ni puta idea de que es un tumor in situ y un tumor infiltrante y que lo que menos ganas tienes es de que te estén preguntando si vas a morirte o te vas a recuperar porque según el grado probablemente será un diagnóstico u otro.

De repente la soledad te invade el alma, ves que te has tirado media vida ayudando a todos los que necesitabas y ahora que gritas a los cuatro vientos “socorro” nadie sabe cómo arroparte y hasta hay quien te había prometido amor eterno y sale corriendo por patas a la semana.

Y te ves delante de tu cirujano que te cuenta las cosas con detalle, que te explica los pros y los contras, pero te indica que no tengas miedo porque van a estar allí para ayudarte. Lamentas haber tenido que ir sola a la consulta porque te has perdido la mitad de lo que te han explicado porque no has entendido la mitad de las cosas; suerte que después está Concha, la enfermera de mama que te mira y responde a tus preguntas.

  • ¿Y yo solo quiero saber una cosa? De esto puedo morirme, porque sabes soy madre soltera y tengo una hija que sólo me tiene a mi.
  • ¿Cuántos años tiene tu hija?
  • Siete …
  • Tranquila Laura, de esto no se muere nadie a día de hoy así que vas a poder disfrutar de tu hija todo el tiempo del mundo y verla crecer.

Entonces haces de Concha tu mejor amiga, algo así como la virgen de la anunciación que se aparece y te dice “Laurita has de pelear porque te viene la tempestad, pero saldremos a celebrarlo pronto porque siempre has ganado las batallas”.

Te sientes tan vacía, te hubiese gustado tener la mano de Rafa como cuando recibiste las primeras buenas noticias o a papá para darle un abrazo de nuevo, quizás alguna amiga que te hubiese acompañado, pero no, el mundo está repartido en otras cosas y la que tienes que comértelo eres tú y solo tú.

No hay consuelo que sepa llenarte, solo los momentos de desconexión; de repente quieres salir a gritar a los cuatro vientos auxilio, lo haces, pero la gente anda ocupada en otras cosas y eres consciente que tu condición como siempre es la de sacarte las castañas del fuego por ti misma sin más.

Suerte que papá y mamá como siempre ahí están, el escuadrón suicida se subió en el barco de la puta enfermedad hace un tiempo y al final no tienes más remedio que acomodarte e ir remando, como si no pasase nada, como si la vida continuase, pero hubieras de empujar más fuerte la puerta.

Un abismo te llena el alma, la gente que quieres no está o no sabe qué hacer, quizás sea la puta pandemia que nos dejó a todos locos, quizás que la gente tiene sus miserias y no tiene ganas de llenarse de más historias o tal vez que te quieren tanto que prefieren hacer oídos sordos y no darle importancia al tema.

Y empiezas a escuchar esas frases de:

  • No debes de tomártelo así, siempre estás hablando de lo mismo, no es la actitud esa. Tienes que luchar, esto no es nada, muchas personas lo han pasado y tú también lo harás.

No me jodas, que me estás contando. ¿Cómo que no pasa nada?, que te pase a ti cojones y verás cómo te sientes. Quien te ha dicho que no voy a luchar, para cojones los míos, pero dame tiempo a asumir todo esto; no necesito ahora que me digas lo que debo hacer, sino que me arropes y me acompañes en este momento que el mundo se va al traste.

Conforme van pasando los días una se va haciendo más fuerte y te sientes feliz cuando logras conciliar el sueño. Te vuelves egoísta y empiezas a ver cosas que antes no veías, empiezas a valorar cosas que antes pasaban desapercibidas como leer un libro y entras en otro mundo, el mundo de color rosa.

Puta mierda de rosa pero que de alguna manera te reconforta, pasas a afiliarte al partido de las “luchadoras pink”, y no es que seas un icono sexual de guerrera en tanga no, pasas a ser la guerrera que le van a quitar la teta y le van a dejar hecha un trapo hasta que recupere la entereza de siempre.

Cada día suma, sabes que a lo largo del día todo te va a afectar cinco veces más, que vas a llorar porque a tu hija le ha salido una espinilla, porque tu amiga te rescata un martes cualquiera para ir a bañarse a la playa, aunque se resfríen los niños, porque has chafado una mierda y tu día es terrible. Las lágrimas pasan a ser un espacio más y has de aceptarlas mientras te alivien, el miedo se hace compañero y aprendes a llevarlo y las esperas son terribles.

Aprendes a diferenciar a quien bien te quiere y te cuida en esos momentos, a valorar las cosas bonitas y a dejar marchar las que no aportan. Aprendes refranes estilo “A enemigo que huye puente de plata” y a asumir cosas que nunca imaginas que vivirás.

Miles de preguntas sin respuesta te demuestran que la vida es una y hay que pelear si o si, pero también aprendes que a partir de ahora tu tiempo y tus preferencias van a ser tuyas; que seleccionarás aquellos momentos que quieres vivir y aquellos que quieres apartar.

Y lo más importante vas a hacer una lista de todas aquellas personas que vas a invitar a tu “Super-fiesta de he ganado la batalla” y a cuales vas a enviar a tomar por el culo.

Ahora sabes que vas a luchar, pelear y cagarte en la puta madre de quien haga falta para superar algo que te aterroriza pero no va a poder contigo aunque tengas que hacerlo sola porque esa es la vida que te ha tocado siempre.

Suerte que en el camino se abren horizontes y personas que viven la misma experiencia y de alguna manera te arropan para que lo viene pueda ser más llevadero.

Así que en esta dura espera hasta mi mastectomía y en virtud de lo que me queda por llegar que no es poco luciré mi hermosa teta izquierda con su cicatriz estos días hasta que pase a ser la marciana de acción mutante con una teta de silicona.

Y lo más importante vas a hacer una lista de todas aquellas personas que vas a invitar a tu “Super-fiesta de he ganado la batalla” y a cuales vas a enviar a tomar por el culo.

Estas cosas pueden pasar

Era jueves día 10, ese día el comando G (mamá, papá y yo) nos fuimos juntos a la fé; mamá a su quimio y papá se iba a repartir acompañando a mama y luego a mí a por los resultados.

Al entrar a la consulta vi que no estaba mi médico y en su lugar una simpática cirujana que sin pestañear me dijo tranquilamente:

“Los resultados de la biopsia de la masa indican que tiene usted un carcinoma ductal de 2 cm, uno de ellos in situ y otro infiltrante”.

No podía creer que me estaba contando esa buena mujer; dije disculpe pero no entiendo, la biopsia decía que lo que me iban a quitar era benigno, ¿Me está diciendo usted que tengo cáncer?

La mujer me miró más sorprendida que yo, como diciendo ¿ah que no lo sabía?, levantó los ojos del pc y apenas respondió un “Si, efectivamente”.

¿Cómo es posible?, le pregunté a lo que respondió “A veces estas cosas pasan”.

De repente se abrió un abismo, no podía creer lo que me estaba pasando; quería pensar que aquello era un sueño y no me estaba sucediendo a mí; pero no, muy a mi pesar era la puta realidad.

De repente un eco se quedó grabado en mis neuronas: “Estas cosas pasan” … con un sinfín de argumentos contradictorios  estilo :

“No señora, estas cosas no me pueden pasar a mi, tengo una vida entera que vivir y no estoy preparada para esto”

“No señora, esto es un sueño y me despertaré mañana, esto no me puede estar sucediendo a mi”.

Cual sería mi cara y estupefacción que la propia médica decidió que debía hablar con mi cirujano para que me explicase todo lo que íbamos a hacer, porque claro me había contado cual era mi enfermedad pero no como iba a solucionarla.

Así que con el alma partida en dos asumiendo que empezaba una nueva lucha salí de la consulta junto a papá que poco más pudo que abrazarme y decirme hija tienes que ser fuerte.

No sé de dónde saqué fuerzas para ir a recoger el coche y volver a casa. El eco continuaba resonando “Estas cosas pasan”.

Al llegar a Silla, como si no fuera conmigo recogí a peque y nos fuimos de compras, de repente parecía que todo lo que había hecho en la vida no era suficiente y me daba igual cuatro que cuarenta; un lema se me gravó en el alma, la vida es una y cuando menos te lo esperas se te escapa de las manos.

No puedo deciros el infierno de noche que pasé, la cabeza no paraba; de hecho, a día de hoy sigue sin parar.

Barbie de acción mutante y extirpación de mi tumor

El día 24 de Mayo a las 8:00 estaba en la fé esperando para la dichosa operación. Al entrar a la sala un simpático celador me explicó un poquito lo que iban a hacer conmigo. Entrarás a la sala de espera, pasarán a por ti desde rayos para ponerte los arpones y marcar la zona de operación. Dos horas esperando allí dentro mientras la gente entraba y salía, resultaba de lo más curioso el vaivén de personal sanitario y pacientes de distintas especialidades.

A las dos horas y media de espera me llevaron de nuevo a rayos, el mismo radiólogo que aquel día me contó todas las cosas que debían pasar para llegar a quirófano estaba delante de mi marcándome con unos pinchos desde donde hasta donde llegaba mi tumor y había que extirpar. No me olvidaré de su cara jamás, pues gracias a él empezó todo el proceso hasta llegar hasta allí. El proceso era el siguiente, anestesia local en un extremo y en otro y luego colocarme dos alambres en plan antena televisiva. Y así salí de rayos, con mi teta izquierda en plan torrespaña con las dos antenillas que me daban un aire a una Barbie de acción mutante.

Supongo que en ese momento ya estaba resignada a todo, y ese miedo a la anestesia y todas esas cosas se iban dispersando dispuesta a que el tiempo pasara rápido y pudiera volver a casa. El último momento que recuerdo es cuando mi cirujano, el Dr. José Aguilar; se acercó con esa tranquilidad y voz suave que te transmitía una paz increíble y me dijo. Llevamos media mañana buscándote Laura pero ya has llegado, sacó unas tenazas y me cortó los extremos del pirulí; sacó un rotulador y me hizo los últimos dibujos en el pecho como si de un rompecabezas se tratara.

Entonces me entraron a quirófano y empezaron a ponerme un montón de aparatos, a la derecha mi salvador revisando el móvil tranquilamente mientras me preparaban para la intervención.

No sé en qué momento me dormí, pero desde luego sí que recuerdo el despertar como si de un sueño se tratase. Un montón de gente a mi alrededor llamándome por mi nombre y dándome de ostias por todos lados; apenas podía hablar, los veía, pero de alguna manera mi cuerpo no reaccionaba; estaba como exhausta y muerta de sueño. Escuchaba eso de “si no reacciona habrá que llevarla a reanimación”. Desconozco que me chutaron pero sin duda al final pude hacerles algún gesto estilo “iros a tomar por culo y dejarme dormir” y como me volváis a dar otra ostia o pellizco os reviento.

Luego me llevaron de nuevo a recuperación donde pude dormir plácidamente mi pedo anestésico en versión “the doors”. No sabía las horas que habían pasado pero cada vez que miraba el aparato que marcaba las pulsaciones me preguntaba si eso era normal; tensión a de 5 y 9  máximo y entre 45 y 50 pulsaciones por minuto. Estaba en un estado zen total de hecho convencida que todo lo que había visto había sido producto de mi imaginación hasta que antes de salir vino una chica y me dijo: “Laura, ¿te acuerdas de mi?” (como para acordarse con tanta gente que había pasado), “soy tu anestesista, menudo susto que nos has dado”.

Y bueno, aunque me enviaron para casa a las 21:00 tuve que volver de nuevo otra vez porque llegando a Silla me desplomé de nuevo por la debilidad.

Los días de recuperación fueron duros, la intervención me dejó muy débil y poco a poco fui reconstruyéndome un poco pero con la anémia que arrastraba tuve que tirar mano de hierro.

A las dos semanas acudí a por los resultados de la masa que me habían extraido y allí el mundo se me dio la vuelta.

Lidiando con Z

A veces nos precipitamos a celebrar victorias antes de haber terminado la guerra, y eso me sucedió a mí, quise bailar mi triunfo antes de que amaneciese sin saber que la oscuridad estaba ahí y no la había visto, bueno mejor dicho más que no verla no me la habían encontrado.

Aún recuerdo este mes de Febrero, cuando en el hospital virgen del consuelo, tras la revisión rutinaria de mis pechos poliquísticos el radiólogo me dijo que el pecho derecho andaba bien, nada sospechoso pero sin embargo el izquierdo había encontrado algo extraño que no le gustaba demasiado. Ahí empezó mi angustia, cuando me indicó que era preciso un bag y que si me lo hacía el miércoles mejor que el viernes; contando que era lunes por un momento mi cabeza se dio la vuelta para entender cuan de importante resultaba ese nuevo bultito porculero.

Cogí hora con el hospital 9 de Octubre para BAG pero para mi sorpresa, desde MAPFRE me indican que se trataba de una enfermedad nueva y que no lo cubría el seguro por no haberlo indicado. Sorpresa la mía pues ese mismo año me había vendido la moto la de Mapfre para cambiarme desde Asisa.

El mismo día que recibí la contestación de MAPFRE me puse en contacto con mi médica de cabecera para contarle todo lo que me había pasado. Al atender la llamada de la médica no la vi muy dispuesta pero luego enseguida me volvió a llamar para que fuera a llevarle los resultados de la ecografía y poderme derivar a mama.

Así fue, era semana santa y en menos de 10 días me habían dado hora en la fé en la unidad de mama y me derivaban a una eco para revisar bien el bulto nuevo, llamémosle Z.

No olvidaré jamás aquel día, era un 8 de Abril; mientras descubría a Z y nos preguntábamos que cojones era mi aura sentimental era un volcán de sensaciones.

Había empezado una relación con Riqui, fuerte e intensa que se había ido resecando con su desgana y carácter un tanto curioso hasta que apareció Rafa de nuevo tras 20 años de ausencia y dispuesto a ayudarme en todo lo que necesitase.

Riqui andaba en otras cosas, nunca fue capaz de exteriorizar o mostrar lo que tenía dentro pensé en ese momento, después supe que no tenía valor para enfrentarse a algo tan gordo con toda la que llevaba encima.

En fin, aquel 8 de Abril era jueves. Había quedado con Rafa para ir a comer, tenía cita en la fé para mamografía. Era temprano así que en principio iba sobrada de tiempo.

Al entrar a la mamografía me encontré con Jose Manuel, el médico radiólogo de la unidad; un chico joven que me sentó en la mesa y me habló con toda la franqueza del mundo.

  • Laura, hemos visto algo difuso en la ecografía y hay que analizar. El primer paso va a ser hacerte una eco con contraste y si sale algo raro directamente biopsiaremos.

Me quedé un tanto alucinada, iba para una mamografía, pero había llegado a la tercera fase de todo lo que me había dicho Jose Manuel. Envié un mensaje a Rafa para decirle que no sabía cuándo terminaría del hospital que lo dejábamos para otro momento a lo que me contestó que de eso nada, que esperaba hasta las 14:00 y si no llegaba anulábamos pero que me iba a venir muy bien.

Y así fui, con la teta biopsia da tranquilamente a celebrar nuestro reencuentro después de tanto tiempo.

En esos días hasta la espera fueron duros, pero en la segunda visita para resultados me indicaron que lo que habían encontrado era benigno así que no tenía que preocuparme demasiado porque todo pintaba bien. Ese día me acompañó Rafa que se brindó a cogerme la mano y darme un buen abrazo para celebrar que todo se había quedado en un susto.

Eso si, el médico me indicó que debía someterme a una operación de tumorectomía para extraer esos 6 centímetros de masa variada y posteriormente analizarla.

Los reencuentros y las experiencias

La vida tiene lecciones que solo el alma es capaz de asimilar cuando el aprendizaje deja dolor en el camino. Estos días donde el miedo, la ilusión, los recuerdos y el ansia por encontrar mensajes se han mezclado recibes un cumulo de sensaciones distintas. Amor, miedo, dudas e incluso arrepentiemiento.

¿Qué hacer con este coctel molotov que te llena las entrañas de sensaciones agridulces que cuando te sientas a controlarlas has perdido el hilo de donde empezó la primera?.

En estos días me he enfrentado a tantas cosas que de alguna manera la fuerza que he estado dispuesta a desempeñar en la ardua tarea de ayudar a aquellos que quieres que me he quedado vacía de energía y aunque decidí recuperarla pensando en mi y tomando de nuevo decisiones soy consciente del dolor que de alguna manera he dejado en aquellas personas que han caminado a mi lado.

Equivocarse es de sabios dicen, yo debo ser una emérita en tema de cruzar caminos, saltar bucles y tropezar con la misma piedra aunque sepas que te vas a estampar en cuanto la ves de lejos. Suerte que la edad, la experiencia y el carácter te hacen sentarte a mirar de nuevo para evitar males mayores.

Mi gran tarea pendiente, el tiempo sin duda. Uno de mis grandes errores es hacer de él un galimatías tal que cuando te dejas llevar por el corazón primero está en una esquina y cuando menos te das cuenta está en el otro. En estos días he tenido un curso intensivo de análisis de mi misma; la casualidad puso en el camino a una persona a la que quise con locura en un momento, a esa persona con la que nací y crecí en materias de amor y con la que de alguna manera en la distancia tuve como referente para iniciar, un mar de recuerdos, tareas pendientes y que de alguna manera quizás una puerta abierta que debía cerrar.

Apareció en un momento donde mi vida se abría en brecha enfrentándome a un tema de salud delicado y supo acompañarme con el cariño y la caballerosidad que siempre le había caracterizado, abriendo esa puerta que el tiempo no había cerrado y que a mi de alguna manera con el tiempo había olvidado pero que de repente saltó como una chispa conjunta.

En ese momento mi corazón andaba por otros lares y en shock por todo lo sucedido tomé decisiones siempre con mis valores primeros, la honradez y el no jugar con los sentimientos de los demás sin tener en cuenta que el dolor se reparte a partes iguales cuando rompes algo que quieres para que vuele pero sabes que tu elección es un riesgo que asumes pero no eres consciente de las consecuencias.

Compartir los momentos con esa persona que formó parte de tu vida es algo bonito, es revivir un pasado cercano de recuerdos, de experiencias, volver a los 20 cuando la madurez han llegado a tus cabellos aunque te preocupes de darles ese tinte rubio que te hace una chica banal y más lasciva. Es sentarte con tus amigos de siempre y revivir momentos pasados que a todos nos devuelven la sonrisa, es cegarte pensando que quizás la vida os ha dado una segunda oportunidad para ser felices.

Más entonces llega el momento, ese terrible momento donde los días te hacen reencontrarte de nuevo con aquel yo, con aquella niña que lloró meses la partida de alguien que amas sin saber porqué y que habías olvidado; es cuando te sientas a analizar si de nuevo vas a ser capaz a enfrentarte a esa opción que existe y sobre todo si tienes ganas.

Entonces una se sienta consigo misma, abre los ojos y despierta de ese sueño maravilloso para caerse de la cama y recordar todo el trabajo que ha hecho durante veinte años para lograr una estabilidad emocional y un equilibrio y si está dispuesta a arriesgarlo por alguien para el que también han pasado 20 años más.

Una lucecita que andaba parpadeando en la cocina de repente se enciende, y ha sido esa persona la que se ha preocupado de arreglarla para que la ilumine. Y te das cuenta que esos años que han pasado han hecho cambiar las ambiciones, los gustos y las proyecciones, que no tuviste cuenta cuando decidiste que ya no tenías 20 años, que por tu vida habían pasado mil amores y te habían regalado una experiencia y cordura que te han hecho una mujer fuerte aunque quizás no con las maneras más adecuadas.

La diferencia entre él y yo es que él en 20 años vivió solo una vida mientras yo viví demasiadas, me aferré a mis orígenes y lo que soy para superar cada bache, a la gente que había cuidado y que han estado a mi lado apoyándome en cada caída, aprendiendo de mis errores pero siempre manteniendo con mimo ese pilar de lo que soy gracias a ellos.

Había cosas muy obvias y es que la edad me ha curtido y todo aquello que ahora te hace feliz no es lo que te hacía feliz entonces, que esos 20 años no han pasado en balde y a nivel personal soy otra persona. Quizás tenga mis carencias, que no son pocas pero si me he llenado de una situación de confort donde sé lo que quiero y lo que me hace feliz.

Una mezcla entre dulzura y picardía, buenas proyecciones para ayudar y un me cago en tu puta madre de un carácter duro y exigente, a veces incluso caprichoso. No es la mejor opción para los 44 años que paseo pero desde luego una fuente de experiencia para subir y bajar si es preciso.

Y es que adoro subir y bajar montañas hasta extasiarme, descubrir rincones con mis pies y caerme sin que nadie tenga que estar pendiente de si me tropiezo. Me gusta ser despistada y escribir las faltas de ortografía que hagan falta sin que tengan que recordármelo en el momento menos indicado. Me gusta ensuciarme, lucir mis mejores galas para enfrentarme a los malos momentos, me gustan las conversaciones absurdas donde terminas riéndote de ti misma y todo lo que te rodea, hacer de los peores momentos los mejores porque hay que restarle peso a las tristezas. Me gusta ser madre y compartir con ella lo que más me gusta sin que se paren a pensar si el que tienes al lado le va a resultar más o menos pesado esa parte, me gusta abrazar a mi gata que ya ha llegado a la vejez tuerta y con la cabeza en Saturno antes del desayuno porque me ha regalado momentos inolvidables en sus 14 años a mi lado o fregar mil veces la cocina para que así se vea más acogedora aunque siga oliendo a gato viejo.

Mi libertad es una esencia que he trabajado con mimo, al igual que conservar lo que más quiero porque gracias a ello soy lo que soy con 44 años y no con 20. Me equivocaré mil veces, no soy perfecta pero si sé lo que quiero y es vivir feliz a mi manera.

Eso si, lamento cada lágrima que he hecho derramar por ser un poco campanilla y volar alto, y regalar energía o robarla, por esas alas que abres y cierras en tiempo récord mientras los demás quedan absortos mientras te miran pensando donde va a ir tu vuelo.

Hoy tras despertar de un sueño soy consciente que desde la tierra los años han pasado, que lo que era son bonitos recuerdos pero han cambiado con el tiempo y soy otra cosa; ni mejor ni peor pero si una mezcla de experiencias que me dicen ya está cuando el el vaso se llena de agua y amenaza terrible ciclón de nuevo.

Agradezco a la vida que me haya traído a esta persona en los momentos peores porque ha sido un importante cataplasma, por haberme hecho enfrentarme a fantasmas del pasado y sentirme orgullosa de lo que soy ahora mismo y sobre todo para que a partir de ahora pueda estar estando en mi vida de nuevo pero de otra manera, llamémosla “la correcta”.

Hemos aprendido mucho en estos días y seguro que los 20 que nos quedan seguiremos mejorando, esta vez pudiéndonos sentar en la mesa compartiendo un café, una playa o un lo que sea sin remordimientos.

Soy como soy, con mis virtudes y mis defectos que nos son pocos y gracias a ti, aunque en su día me escociera he llegado a ser lo que soy ahora.

Aprendamos de todo lo vivido y quedémonos con la parte más bonita, quien bien te quiera lo hará sin reproches y en tu mano está siempre el poder recorrer el camino solo que es lo que necesitas ahora para llegar hasta el camino correcto. Que nadie te diga que debes hacer o como actuar ante las situaciones, que los consejos te sirvan pero no te condicionen, que te curtas de muchos errores para no volver a cometerlos y sobre todo llora si es necesario porque las lágrimas pueden ser también de felicidad.

Estos días amigo has aprendido que encontrar la luna no es fácil aunque tengas las mejores referencias o el mejor telescopio, has de enfocar muy bien en la oscuridad y dar mil vueltas a la lente para ver tan solo una parte y de lejos. En tu mano está el seguir encontrando el punto exacto para ver lo que deseas con la perfección que mereces y tienes todo el tiempo del mundo.

Y ya sabes que siempre de alguna manera estaremos a tu lado para que si está en nuestra mano podamos ayudarte a encontrarla en la noche.

Mi querido Heracles

Mi querido Heracles :  

Te escribo desde esta cama donde los sueños se vistieron de gala para recorrer los espacios más escondidos de tu cuerpo. Te extraño, tanto que semejan mis suspiros un grito ensordecedor buscando tu presencia, más sonrío, inocencia está que en la madurez me regala el placer de volver a sentir sensaciones escondidas en algún rincón de mi alma como una adolescente.

Quedaron tus besos impregnados en mi piel, los cuento uno por uno para sentirlos de nuevo con la misma intensidad que supiste repartirlos, los guardo con mimo bajo mi almohada para cuando de nuevo vuelva a anhelarlos pueda recogerlos y untarlos en mis labios con el pincel de tu dulzura y encanto.

Rescato cada caricia sintiendo la suavidad de tus manos sobre mi pecho, recorriendo lentamente con tu dedo anular desde mi nariz, paseando por mi cuello, deslizándote por mi abdomen mientras me miras hasta perderse entre mis piernas.

No hace falta tenerte para sentirte pues pude sentenciar tus latidos tan fuertes que solo cerrando los ojos se convierten en compás que siguen los míos, te imagino, te veo, te estimo.

Lleno el vacío de mi lecho de tu recuerdo, esa noche donde el amor retó al destino para regalarnos la noche más larga, donde las risas se fundieron con el miedo para consolidar una pasión que teníamos olvidada y que de nuevo el destino estaba poniendo en nuestras manos.

Aún recuerdo el brillo en tus ojos al mirarme, de repente un silencio llenó el comedor de piropos sin articular una sola palabra pues bien sabías que cada segundo que empleé en acicalarme era para que vos supieses disfrutarlo. Pude sentirme tuya sin tocarme y tu afortunado de haber apostado por mi compañía.

Noche de vino y rosas, tu blanco y yo tinto; marcando la diferencia entre tu sensibilidad y mi descaro, pero conforme iban avanzando los platos empezaste a dudar sobre tu elección en el vino, ahí supe que te había llegado la luz a tus tinieblas en preludio de fusión exquisita.

Enredadas nuestras manos en la mesa entre besos y platos; no supimos salir bien en las fotos porque andábamos tan entretenidos buscándonos que no estábamos pendientes de la cámara. Como estarlo si toda mi fuerza en soplar fuerte las velas para que se cumpliese mi único deseo, que esa noche no se acabase nunca.

A veces sentir con intensidad ensalza las partes más bonitas, pero también las más delicadas; especialmente cuando la madurez ha llenado la vida de experiencias y sin querer las metes todas dentro del saco. Suerte que el humor reparte las piezas dentro para conocer los matices más secretos y hacerle espacio en el cauce del sentimiento.

Me fundo en tus abrazos, tan limpios y llenos de fuerza, me vacío para llenarme de ti en cada uno de ellos convenciéndome cada día más que por fin el amor ha tocado a mi puerta tal vez para quedarse.

Recojo tus ilusiones y los mezclo con mis miedos, aliño tus pausas y distancias con mis prisas, amaso tu seguridad con mis dudas y hiervo mi locura con tu deseo. Intento convencerte que has de crecer en tus libertades mientras soy consciente que solo te quiero mío.

Se llena la habitación de matices libres de tabúes, recorriendo nuestros cuerpos en sublime juego y mientras la música que se mezcla con sorpresa al ritmo de los besos.

Tan distintos nuestros temples, tu vivaz y directo; yo más amante del juego y las insinuaciones, más amiga de los noes que los síes mientras tú me convences siempre.

Más vuelvo de nuevo a mi lecho, este de un martes cualquiera donde te añoro mientras quemamos las distancias en largas conversaciones planeando el momento de volver a encontrarnos para romper con la rutina del día a día .

Guarda ese champagne que quedó pendiente de abrir para brindar por nosotros y para que cada día este bonito sentimiento crezca para regalarnos muchos amaneceres juntos y sepas velar por mi deseo de cumpleaños tenerte cerca siempre.

Neyebek

Diferencias entre el amor maduro, el adolescente y los recuerdos

Hoy he tenido uno de esos momentos “T”, he ido a coger el ratón para escribir de nuevo y me he encontrado que las pilas se habían agotado; me he quedado un momento pensando de donde cojones iba a sacar otras y he tirado mano del mando; no he podido evitar acordarme de mi querida amiga en sus tiempos de soledad cuando Xavi vivía en Barcelona y venía los fines de semana a verle; sabía que le había echado de menos mucho cuando echaba mano al mando para encender la tele y no funcionaba, sin duda era preciso echar mano de su amigo el pequeño que las pilas duraban poco si se usa con frecuencia.

A veces la vida te sorprende con ideas un tanto extravagantes que te devuelven una sonrisa cuando las enredas con los recuerdos. Enredarse con los recuerdos es fácil especialmente cuando eres tu misma la que los has preparado y elaborada con tanto mimo que los has hecho inolvidables.

Recuerdo una de esas noches de insomnio por haberte tirado todo el día haciendo “el gamba” en la playa, torrada de sol pero llena de pensamientos, esa noche Josep tenía una de esas noches melancólicas donde nos perdíamos en filosofías sobre el amor adolescente y el amor maduro. Su primera chica se llamaba Mª Dolores, la verdad es que el nombre ya te invitaba al mayor de los desdenes; era una chica mayor que él de la que estaba locamente enamorado y por la diferencia de edad nunca pudieron disfrutar de su amor con la libertad que les hubiera gustado. Resultaba curioso ver a mi querido Josep realmente compungido recordando su primer amor con esa nostalgia, especialmente cuando a día de hoy vive su vida con total libertad dando las calabazas que a él le viene en gana. Allí fue, cuando echando mano al tiempo no pude evitar mirar atrás y recordar otros amores que me habían marcado en la adolescencia.

He de decir que hablar de amor es llenarse la boca de mil palabras y ser incapaz de definirlo con la precisión que merece porque se mezclan las imágenes con las sensaciones, la alegría con la tristeza, la seguridad con la duda; hablar de amor es sentarte a tomar un café y cuando llegas a dibujarlo con exactitud se te ha olvidado por donde empezaste y encima se te ha enfriado.

Una de mis aficiones en la adolescencia era enamorarme, unas veces con más pasión que otras pero tener esa mariposilla dentro me daba las alas para sentir con más intensidad las ganas de vivir, de comerme el mundo y sobretodo compartirlo.

Cuando Josep me preguntó cual fue mi primer amor por un momento me quedé pensando, debía echar la vista atrás demasiados años, cuando una pasa los cuarenta parece que todo queda más lejos, especialmente cuando hablas de los quince y entonces recordé a Sau y me trasladé a aquel verano del 92.

Es increíble cuando te sumerges en el tiempo con ganas la calidad y la precisión que adquieren los recuerdos, la dulzura y la sonrisa que se llega a dibujar en los momentos que llegas a sentirlos como si los estuvieras viviendo y entonces llegó aquel bonito amor de los quince un verano en un pueblo pequeño Leridano.

Ese verano del 92 a mi tía se le metió en la cabeza que mi prima Nuria aprendiera a escribir a máquina así que no se le ocurrió otra cosa que pasara un mes en Silla con nosotros aprovechando que mamá daba clases de mecanografía; ese verano junto a ella marcó entre nosotras un antes y un después. Aprovechando el cariño que ambas teníamos nos negábamos a separarnos antes de comenzar las clases, era tanta la complicidad que compartíamos que cuando volvimos de aquel viaje de la EXPO me propuso pasar el resto del mes junto a ella en Lérida.

Y entonces apareció Abel; no logro recordar exactamente en qué momento nos cruzamos, o en qué momento me dejé enredar por su locura, pero sin darme cuenta estaba sumida en un sueño de verano donde cada trocito de aire me llenaba el corazón de mariposas. Supongo que de alguna manera encontrarte libre en un pueblo donde nadie te conocía a una le abría las puertas de un mundo nuevo; si me pongo a pensar en ese momento que me cautivó de él fue su naturalidad, su desparpajo, su poca vergüenza además de unos bonitos ojos verdes en los que me perdía cuando le miraba o escuchaba en sus propósitos de cambiar el mundo con tan poca coherencia, pero con tanta intensidad. Uno de mis grandes defectos siempre ha sido enamorarme de personas poco convencionales, con lo sencillo que es encontrar personas normales a mí me apasionaba encontrar almas libres o llamémosle lunáticos. Descubrir con él los rincones más peculiares de aquel pueblo, escondiéndonos de las miradas de la tieta que poca gracia le hacía que su sobrina a la que habían dejado en custodia anduviera manoseándose con un chico con quince años. Aquel verano era fiesta mayor, siempre tan viva para la gente de un pueblo de 700 habitantes y para una valenciana en tierras catalanas toda una aventura que vivir especialmente de la mano del chico más increíble del mundo. Entonces llegaban los besos, los sueños y la ilusión por compartir cada segundo de aquel verano que no querías que terminase nunca; las tardes a escondidas los dos en su habitación escuchando Sau mientras explorabas cada rincón, cada espacio, donde reconocías las novedades de tener un chico cerca y el color del amor en la adolescencia compartiendo algo tan bonito y entrañable.

Recuerdo cuanto me costó marcharme y también cuanto tiempo lo tuve en mi corazón preguntándome que habría sido de su vida y si tal vez algún día volvería a verlo. Tras la marcha vinieron un reguero de cartas donde nos contábamos como iban nuestras vidas y cuanto nos echábamos de menos, en algún rincón de la caja donde guardo los recuerdos conservo una foto donde ya casi en la despedida me mandó una foto para que no me olvidase de él.

Como olvidar a Abel, esa cara de pillo con ese pelo corto rubio y la cabeza llena de ideas, ese chico intenso hasta llegar a abrumar el alma y arrancártela, aquel momento subiendo la calle empinada de aquel pueblo de rodillas contándote todo lo que sentía, como olvidar su sonrisa preguntándote cuando hablaba su alma y cuando su ironía, como olvidar la magia de un primer beso o de los mil más.

Y es que el primer amor tiene esas cosas, quizás lo idealizas para cuando vienen las vacas flacas del resto de amores o quizás lo has sentido con tanta dulzura que te ha quedo para siempre dentro.

Y así pasó el tiempo, en mi paso por Barcelona supe que también vivía allí pero Fer se cruzó en el camino y no encontré mucho sentido a buscar viejos amores empezando uno nuevo en la ciudad.

Esta semana en el trabajo, haciendo una de las facturas me apareció un apellido que me sonó de cerca y de nuevo vino a mi cabeza; por la noche indagué entre las redes a ver si encontraba su rastro y para mi sorpresa allí apareció.

He de decir que la vergüenza es uno de los matices que una olvida cuando la curiosidad mata al gato así que le escribí y para mi sorpresa, me contestó. No lograba creer que fuera posible, casi treinta años después sentado en su terraza de un pueblo de mar estaba sentado Abel supongo que más alucinado que yo.

Las redes tienen magia, tienen esa capacidad de unir los quince con los cuarenta en un “chas” y darte la alegría de encontrar personas que han sido bonitas en tu existencia; bien es cierto que nos hemos perdido la madurez por el camino pero tener la oportunidad de volver a conversar es como entrar en una película de Woody Allen y ser una de las protagonistas de la Rosa púrpura del Cairo.

 Ahora sé que cuando vuelva por Barcelona tengo una visita pendiente, una de esas que imaginas que vas a tener pero que llegan.

Y toda una disertación por algo tan complejo sobre debatir entre los amores en la adolescencia y los amores maduros, tan distintos pero tan afines cuando la esencia la tenemos nosotros dentro para equilibrarlos.

Y es que ser “feme fatale” es mucho más fácil que sentarte con tus sentimientos y ponerles orden; digamos que hasta para eso soy inconformista.

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Un trabajo siendo familia monoparental

Desde que asumí la maternidad en solitario afrontar nuevos retos a la hora de incorporarme a la vida laboral ha sido una aventura camicace para encontrar un espacio en el mundo para ganarme la vida, lejos quedaron aquellos trabajos donde tus decisiones eran importantes y valoradas, cuando mi labor era facturar a una gran compañía en un proyecto innovador relacionándome con ingenieros de Nissan y me sentaba con el director financiero de Johnson Controls a pasarle informes de resultados y analisis de viabilidad. Volví a Valencia, la vida me devolvió a mis orígenes por temas familiares y aquí me quedé a continuar mi camino, varios años más seguí en el camino de la administración hasta que la crisis del 2011 cerró el taller mecánico donde continuaba facturando. Aquel tiempo de retiro con mi paro decidí embarcarme en la aventura de formar una familia, pero por cosas de la vida las tornas dieron la vuelta, y aunque cumplí mi sueño más anhelado de ser madre las perspectivas habían cambiado porque las responsabilidades eran todas.

A pesar de las adversidades que me planto la vida decidí aprovechar ese tiempo para volver a los libros; la informática había sido una asignatura pendiente que había quedado y me decidí empezar un semipresencial de Administración de Sistemas; todo un reto, ese año alterné los libros con la teta, recuerdo los malabarismos que tenía que hacer para conseguir sentarme con Carmeta al brazo, el ordenador en frente y la libreta con los apuntes; es increíble las cosas que pueden hacer la motivación. Los días que asistía a clase bien temprano llevaba a Carmeta con mamá, previo la noche anterior con las sesiones de sacaleches para dejarle los biberones preparados, mamá nunca se quejaba la pobre pero cuando volvía a por ella me la encontraba dando vueltas en la calle con el carro porque bebé no sabía dormir si no era en los brazos y su pecho; entonces la solución era esa, salir a pasear y entonces la jodía se dormía a la fresca después de una hora de paseo. Conseguí aprobar dos asignaturas, pero misión imposible asimilar el resto de asignaturas sin ir a clase todos los días.

Tras acabar aquel curso a medias ya Carmeta contaba con año y medio, camino de los tres; a pesar de los miles de currículums enviados nunca jamás me llamaron para una oferta de mi perfil, la administración había quedado como si fuera un premio ganado hace mil años en la estantería.

Ese mismo verano decidí que había que hacer algo, debía incorporarme al mundo laboral fuera como fuere, y si tenía que plantearme nuevos puestos pues así debía ser. Ese mes de octubre me inicié en la búsqueda de ello, recuerdo que me llamaron para dos cursos que había pedido hacía mil años; el primero era de sastre y el segundo de socorrista, desde luego eran dos oficios para los que prepararse bastante distintos, en un primer lugar pensé que tal vez coser podría ser una buena opción, ya acorde a mi crecimiento y más manual pero cuando me senté con mamá y le pregunté me dijo hija mía yo te veo más de socorrista.

Así que con 37 me planté durante 8 meses en un curso de Socorrista en entornos naturales con 14 niños de entre 18 y 20 años, he de decir que esos meses fueron los mejores de los últimos años, descubrí nuevos mundos; el deporte, la naturaleza, los buenos hábitos y sobretodo una ráfaga de juventud y vitalidad que me vino genial para rejuvenecer mis ilusiones.

Cuando terminé el curso empezó mi aventura acuática, los cuatro años siguientes han sido mi fuente de ingresos; cierto es que sumé el curso de monitora de natación y alternaba las clases con las horas de socorrista. En piscina con los peques siempre un gozo, enseñar a los nenes a desenvolverse en el agua y hacer perder ese miedo a los más mayores era una satisfacción muy grande cuando lo lograbas, el placer de transmitir es algo que siempre me ha cautivado. Esa parte sin duda gratificante pero no tanto la de los sueldos, trabajos por horas donde cada hora de natación te la pagaban a 6 euros brutos, donde días enteros de playa salvando vidas se pagaban con la miseria de no llegar a 1000 euros trabajando de lunes a domingo y en pleno verano.

Durante esos 4 años no dejé de reciclarme, cursos de inglés, comunity manager, gestor de llamadas de tele asistencia y mil historias más; la vida de la familia monoparental es realmente compleja, alternar horarios con conciliación familiar casi una utopía; levantar pronto a peque para llegar a hora, tener que rechazar alguna oferta porque el trabajo a turnos misión imposible; digamos que al final la vida te lleva a mantenerte con lo básico porque tus oportunidades se quedaron antes de la maternidad.

En estos años los esfuerzos han sido constructivos, aprendes a ser humilde y a aceptar que quizás esa es la vida que te toca y has de asumirla, recortas gastos y los que tienes son para ella antes que para ti; te ilusionas con otras cosas que antes te parecían tonterías y ahora lo son todo, un paseo por la montaña enseñándole los bichos a peque, las reuniones entre amigos con los niños arreglando el mundo; has pasado de ser un alma libre que trabajaba para vivir y no se privaba de nada a contar los billetes y guardarlos si llegan de más para los momentos de vacas flacas. Tu capricho pasa de ser de un viaje a guardar 40 euros en un cajón para el día que decidas salir con las amigas y tirar la casa por la ventana.

La aventura de trabajar ha sido un mar donde las alegrías han durado lo mismo que dura la espuma de una ola en llegar a la orilla, efímeras; y si es cierto que en estos años he tenido oportunidades que me han llenado tanto como me han desgarrado. La primera llego hace dos años cuando un empresa de robótica decidió apostar por mí y su apuesta les duró una semana; nos encanta tu motivación, tu currículum y tu fortaleza, eres la candidata perfecta; les insistí que mis conocimientos de robótica eran 0 pero estaban dispuestos a enseñarme, no tenían prisa; sorpresa cuando a la semana me dijeron que se habían equivocado con el perfil y que mi puesto requería una especialización más técnica; mi gozo en un pozo, suerte que ese mismo día me llamaron de cruz roja para incorporarme a playa y pude salvar el verano.

Misma historia al año siguiente, esta vez me llamaron de un concesionario Peugeot, casi 6 años de experiencia en facturación para automotive eran una buena carta de presentación, encantados quedaron en la entrevista y el mismo lunes me pidieron que me incorporara. Los horarios complejos para una mamá, pero es lo que tiene trabajar así que contando que mis ingresos mejorarían no dudé en pagar por horas a una chica para que se quedara con peque en ese tiempo; haciendo la cuenta más de la mitad del sueldo se quedaba en pagar, pero lo dicho había que apostar. Encantados estaban conmigo hasta que un día el jefe me subió arriba y me dijo que desde dirección habían decidido que para el puesto necesitaban un licenciado universitario porque la marca lo exigía, ¿cómo?, ¿Qué me estás contando?,¿un mes trabajando, has revisado mil veces mi currículum y resulta que ahora necesitáis una titulación superior por imagen de marca? Mi gozo en un pozo y otra vez el puto verano perdido por un trabajo en el que no se habían preocupado antes de buscar el perfil real, no hay nada más frustrante que tu propio jefe te diga que en años no habían encontrado una persona más dispuesta y efectiva, que estaban encantados porque en un mes había aprendido a hacer presupuestos, a facturar y era capaz de desenvolverme sin mi jefe de contabilidad; pero claro obviamente Peugeot exigía unos mínimos que se habían olvidado apuntar en la libreta antes de contratarme. En ese tiempo de trabajo habían olvidado que mi vida personal existía, que había dejado mi trabajo fijo de socorrista como fija discontinua en Cruz Roja para apostar por ellos, que había ajustado mis horarios a pagar a una persona y que encima había dejado los temas familiares tan delicados con los que lidiaba en ese mes.

En este tiempo he aprendido que el mundo laboral para una madre soltera es casi una lotería, que las empresas han perdido los valores, que apuestan por personal de paso antes que por formar a profesionales o darle a las personas la oportunidad y sobre todo el tiempo de demostrar lo que valen; que a veces la titulitis se pasa por alto la efectividad y la experiencia, la polivalencia y el saber estar, aprendí que la humildad es el mejor cataplasma contra la frustración; que ambas van unidas y que o aprendes a guardar la calma y esperar tu momento o desesperas.

Un día, de eso hace 6 años y 8 meses aprendí que la fortaleza es una virtud que se logra con la lucha, con positividad y sobretodo sabiendo entender que has de tener días tristes para que lleguen los alegres, que hay que valorar los buenos momentos porque los malos llegan solos, aprendí que nadie más que nosotros somos los que tenemos la razón nos guste o no, que somos lo que elegimos y nuestro tesoro es creer en ello ante todo; luchar por ello, perderemos en ocasiones es posible y sobretodo nos equivocaremos pero siempre será nuestra decisión porque elegimos como queremos vivir y cual son nuestros valores.

He de decir que parte de mi fortaleza radica en mi ejemplo, tengo la suerte de contar con unos padres increíbles que me han apoyado siempre, que me han respetado y sido un pilar imprescindible que me han dejado elegir aunque me hayan necesitado; unos hermanos más o menos despegados que han estado siempre y sobretodo unos amigos de siempre que han llenado esos vacíos y que me han apoyado incondicionalmente, ya sea en una noche de borrachera entre amigas y risas como en una llamada oportuna en un momento de bajón, suerte de que me pongan en mi sitio cuando se me suben los humos o me recojan de los lamentos con altas dosis de humor.

Este verano cambió mi rumbo y mis decisiones, el lunático de mi hermano se emprendió en un proyecto de locos que me ha pegado como la lepra y me tiene ocupada días enteros con las redes, un proyecto que me ha hecho volver a la informática y formarme en programación web, una idea que no sabemos si nos llenará los bolsillos o nos robará el alma, pero que me hace crecer y motivarme, días de JavaScript donde tienes que pensar en fluorescente porque el verde de ser programadora se quedó corto; días de salir de clase frustrada pensando que cojones hago yo aquí. Cuando me vienen esos momentos de no puedo con el mundo digo ostia Fito media vida peleando porque no pelear por esto también si quizás sea la solución a mis limitaciones laborales pudiendo trabajar desde casa ganándome la vida y atendiendo a otras necesidades que ahora llegan con la edad.

Estos meses donde a veces la impotencia llega por cosas que no puedes hacer nada porque vienen impuestas con la vida y forman parte de la existencia supe que nadie más que uno mismo tiene la fuerza para pelear, que has de limitar tus labores a aquello que puedes atender y dejar de lado lo que realmente no es importante; porque la vida es una y o coges el toro por los cuernos o sales cojo de la plaza.

Así que a día de hoy vivo al día y pienso luchar por mis sueños, por muy complejos que sean; que mi tiempo decido yo como organizarlos y con quien porque hay momentos que solo pasan una vez y hay que exprimirlos porque luego no vuelven más; soy como soy con mis virtudes y mis defectos, los que me quieren bien los entienden y si a alguien le pueden pesar no tengo problema en seguir mi camino sola que al final yo me aguanto sola muy bien.

Que nuestra mala ostia sea una ventaja para pegar un puñetazo en la mesa y decir ya está bien porque al final es la solución a romper con los malos momentos, si hay que llorar se llora, si hay que reír se ríe, si hay que saltar se salta y si hay que caer pues a levantarse. Así que escribir será una nueva herramienta para poder ganarte la vida, aunque me enrolle o pierda por el camino.

Y un secreto, pero no lo digáis muy alto, no sea que alguien me tome por loca, la mejor solución a los momentos más duros es una dosis alta de buen humor, hay una frase que me encanta de la peli favorita de mi peque, “Mi Vecino Totoro “y que me la he apuntado en la libreta de los días tristes, : “Vamos a reirnos para alejar a los fantasmas”.

Un domingo de Febrero


Hablar de los sentimientos es sentarte al espejo a preguntarse si realmente ellos son capaces de entenderse con ellos, el amor es como un manantial que nace fino y delicado pero conforme va bajando por la ladera crece proporcionalmente hasta que sin darte cuenta se ha hecho tan gordo que o desemboca en el mar o revienta.

Y así denominaría yo la última historia que ha pasado por la derecha mi río, ya sabéis que de alguna manera a mi me gusta andar por la izquierda, sople el viento, truene o caigan chuzos de punta. Diría que he pasado media parte de mi vida sola (no siempre sola literalmente porque a veces cuando las personas están acompañadas también caminan solas porque el de al lado anda en otras cosas), lo que con el tiempo me ha hecho que el caracter se me asilvestre de tal manera que cualquier compañero que pase por el camino en cuanto encuentra una puerta abierta sale cagando ostias no sea que se cierre de pronto y tenga que quedarse esperando a encontrar la siguiente.

Recuerdo a un compañero de trabajo en estos días de no adolescente piscinera, cuando pasabamos los días al sol contándonos batallitas y me quejaba de los desplantes del sexo opuesto me decía “Como quieres que te duren si los aprietas tanto que los revientas”. Entonces ya tenía los 41 cumplidos, nunca me había planteado que igual fuera posible, él tenía 23 y me estaba dando consejos, ahí supe que la edad no es importante cuando hay que hablar de madurez.

Ha pasado casi un año desde que mamá empezó su lucha, cada día que paso a su lado entiendo de donde saco este carácter y fuerza, soy digna heredera de una luchadora de titanes; cuando llegué a casa y le expliqué que de nuevo volvía a mi estado natural de soltera pensaba que la conversación iba a entrar en profundas pero con toda la naturalidad del mundo no sólo me recordó que no pasaba nada y que había que seguir el camino sino que ya se encargó ella de que no tuviese que contarselo a nadie más.

Carmeta ha crecido rápido, tanto que se le caduca la ropa y los zapatos a tal velocidad que cuando hago previsión de tallas se me ha pasado la medida. Es una niña viva, cariñosa pero muy vasca, atiende a las peticiones de besos o abrazos cuando a ella le da la gana cosa que nunca me gusta reprocharle porque regalar besos gratuitamente no es necesidad para una niña de 6 años. Los primeros años de cole fueron delicados, con 4 años descubrimos que peque tenía un problema de audición y sólo oía un 50% en el oido izquierdo; entonces entendí que no es que pasara de mi como de comer alpiste cuando la llamaba. Tuvimos la suerte que su tema tenía solución y con 5 años la operaron y descubrió un mundo donde cualquier cosas más subida de tono es un horror ahora.

Sasha se ha echo vieja, ya son 13 años los que tiene y cuando caminas por la casa y pasas por delante de ella ni se inmuta, siempre he respetado la libertad gatuna y me parece buena idea que tome sus decisiones pero cuando andas empanada por la mañana o despiertas medio sopa a la noche tiene todas las papeletas para pisarle, darle un empujón o que se caiga algo al tropezar con ella; eso si mantiene su lucidez y alaridos propios cuando le entra el celo. No sé mucho de gatos pero creo que ya tiene una edad para hacerse a la idea de que por mucho que chille no va haber maromo que la monte.

Estos últimos años tras el nacimiento de Carmeta he vuelto a mi adolescencia trabajando de Socorrista de playa y monitora de natación; es curioso que pasado los cuarenta el mundo laboral te prefiera ejerciendo una labor de estudiante que como una profesional de la administración. Este año lo empecé apostando por la tecnología formándome como programadora en Entornos Web; espero abandonar por fin el agua y encontrar un trabajo más acorde a mis canas.

No es fácil compatibilizar la vida de madre con la de trabajadora, el mundo no lo pone fácil y tenemos que hacer malabarismos para colocar todas las cosas en su sitio y que no se caigan; con el tiempo te acostumbras y cuando no lo tienes hasta lo echas de menos.

Ser mamá soltera es ser una leona que se devora lo que haga falta con tal que a su cachorrete no le falte nada; tanto que a veces es capaz de comerse lo que es indigesto; y eso me pasa a veces que aunque no quiera termino con dolor de barriga. Los cachorros crecen, estuvo tres años enganchada a la teta pero de un tiempo para acá ha ido despegándose tanto que a veces tengo que ir a buscarla. Se convirtió en una señorita bonita, una princesa con carácter y a veces tan repipi que me pregunto de donde ha salido; mi teoría de no castigo y conversaciones eternas han desembocado en argumentos con mucha solidez para hacer lo que ella le conviene con razones tan obvias como que en casa somos dos e igual que yo le mando hacer sus cosas yo haga las mías.

En estos seis años el amor pasó por mi vida a trompicones y es que el tiempo para compatibilizar niña con hombres es casi una utopía y apenas tuve oportunidad de conocer a alguien lo suficiente como para pensar en alguien más.

El tema es que cuando apareció algo parecido a ello ya estaba yo perra vieja y exigente; a veces el cariño no es suficiente cuando dos personas no se aguantan. La chispas se convierte en escopetas y al final cada uno tira por un camino antes que arda Roma. Y es que cuando tu adoras el silencio y el habla sin parar, cuando te despiertas con una mosca y él ronca como un cosaco, cuando tu te sientas en una mesa y la cuenta vale lo que gastas en llenar la nevera para un mes a ti te se indigesta la comida y a él le parece que es la mejor elección porque el dinero está para eso, cuando tu color de pelo no es el indicado pero tu eres Blondie de siempre porque te da la gana, cuando los valores divergen tanto que te has aburrido de discutir hacen falta 20 años de convivencia para que te parezca bonito esas diferencias.

Tuve que rescatar mi blog de hace 20 años para volver a acordarme de lo que es tener la chispa y la magia, volver a la esencia de lo que siempre fui y creer en la vida con tal furia que las alas resurgieran de nuevo, tanto que hasta de nuevo me apetece escribir. Y en este tiempo si l o descubrí en otras historias, pero en él por mucho que me pese no supe encontrarlo y doy fé que a pesar de las vanalidades que nos separaban es una de las mejores personas que me he encontrado por el camino.

He tenido la suerte siempre de compartir buenos amigos, amigos que han perdurado en el tiempo y que me hacen darme cuenta que cuando alguien pasa por tu camino y te quiere se queda a tu lado siempre de alguna manera. Me siento afortunada de que aquí sigan.

No hay nada como tener un momento de bajón y perderte en la sonrisa de Charly, intercambiar sólo dos mensajes y recordar que el amor adquiere mil formas y ninguna es la correcta; que le parezca encantador que sigas siendo una rubia loca que cada vez que ha pasado por Sevilla se la ha liado parda.

O ese rato que le recuerdas a tu querido amigo Luis que es un capuyo porque hace seis meses que no se ha dignado a contestarte y el te responde con un sigues estando tan buena como siempre bombón sin explicarte exactamente que le ha pasado.

Quizás esos ratos donde evocas las intensas conversaciones con Josep donde te perdías en las calles de Nueva York o bailando en una fiesta Yeye en Asturias; donde recordábamos los primeros amores; bien sabe el mundo que la edad no es importante cuando las personas encuentran la magia.

Ya me lo decía mi amigo Raul, si es que nena te gustan las almas libres y al final son las que quieren volar; bien cierto que es así pero a veces nuestra elección es nuestra perdición; que remedio.

Que la suerte me acompañe en el vuelo y si no haremos piruetas que también molan.

Seguro que cuando mi brother eche un vistazo a la entrada me llamará para explicarme cuatro cosas, sabes que chaval hoy me apetece escribir como siempre porque romper con la rutina no es tan fácil como pensaba y me debo a esa parte de mi que debe brillar, la esencia de neyebek.

Buenas tardes amigos y buen domingo.