Los reencuentros y las experiencias

La vida tiene lecciones que solo el alma es capaz de asimilar cuando el aprendizaje deja dolor en el camino. Estos días donde el miedo, la ilusión, los recuerdos y el ansia por encontrar mensajes se han mezclado recibes un cumulo de sensaciones distintas. Amor, miedo, dudas e incluso arrepentiemiento.

¿Qué hacer con este coctel molotov que te llena las entrañas de sensaciones agridulces que cuando te sientas a controlarlas has perdido el hilo de donde empezó la primera?.

En estos días me he enfrentado a tantas cosas que de alguna manera la fuerza que he estado dispuesta a desempeñar en la ardua tarea de ayudar a aquellos que quieres que me he quedado vacía de energía y aunque decidí recuperarla pensando en mi y tomando de nuevo decisiones soy consciente del dolor que de alguna manera he dejado en aquellas personas que han caminado a mi lado.

Equivocarse es de sabios dicen, yo debo ser una emérita en tema de cruzar caminos, saltar bucles y tropezar con la misma piedra aunque sepas que te vas a estampar en cuanto la ves de lejos. Suerte que la edad, la experiencia y el carácter te hacen sentarte a mirar de nuevo para evitar males mayores.

Mi gran tarea pendiente, el tiempo sin duda. Uno de mis grandes errores es hacer de él un galimatías tal que cuando te dejas llevar por el corazón primero está en una esquina y cuando menos te das cuenta está en el otro. En estos días he tenido un curso intensivo de análisis de mi misma; la casualidad puso en el camino a una persona a la que quise con locura en un momento, a esa persona con la que nací y crecí en materias de amor y con la que de alguna manera en la distancia tuve como referente para iniciar, un mar de recuerdos, tareas pendientes y que de alguna manera quizás una puerta abierta que debía cerrar.

Apareció en un momento donde mi vida se abría en brecha enfrentándome a un tema de salud delicado y supo acompañarme con el cariño y la caballerosidad que siempre le había caracterizado, abriendo esa puerta que el tiempo no había cerrado y que a mi de alguna manera con el tiempo había olvidado pero que de repente saltó como una chispa conjunta.

En ese momento mi corazón andaba por otros lares y en shock por todo lo sucedido tomé decisiones siempre con mis valores primeros, la honradez y el no jugar con los sentimientos de los demás sin tener en cuenta que el dolor se reparte a partes iguales cuando rompes algo que quieres para que vuele pero sabes que tu elección es un riesgo que asumes pero no eres consciente de las consecuencias.

Compartir los momentos con esa persona que formó parte de tu vida es algo bonito, es revivir un pasado cercano de recuerdos, de experiencias, volver a los 20 cuando la madurez han llegado a tus cabellos aunque te preocupes de darles ese tinte rubio que te hace una chica banal y más lasciva. Es sentarte con tus amigos de siempre y revivir momentos pasados que a todos nos devuelven la sonrisa, es cegarte pensando que quizás la vida os ha dado una segunda oportunidad para ser felices.

Más entonces llega el momento, ese terrible momento donde los días te hacen reencontrarte de nuevo con aquel yo, con aquella niña que lloró meses la partida de alguien que amas sin saber porqué y que habías olvidado; es cuando te sientas a analizar si de nuevo vas a ser capaz a enfrentarte a esa opción que existe y sobre todo si tienes ganas.

Entonces una se sienta consigo misma, abre los ojos y despierta de ese sueño maravilloso para caerse de la cama y recordar todo el trabajo que ha hecho durante veinte años para lograr una estabilidad emocional y un equilibrio y si está dispuesta a arriesgarlo por alguien para el que también han pasado 20 años más.

Una lucecita que andaba parpadeando en la cocina de repente se enciende, y ha sido esa persona la que se ha preocupado de arreglarla para que la ilumine. Y te das cuenta que esos años que han pasado han hecho cambiar las ambiciones, los gustos y las proyecciones, que no tuviste cuenta cuando decidiste que ya no tenías 20 años, que por tu vida habían pasado mil amores y te habían regalado una experiencia y cordura que te han hecho una mujer fuerte aunque quizás no con las maneras más adecuadas.

La diferencia entre él y yo es que él en 20 años vivió solo una vida mientras yo viví demasiadas, me aferré a mis orígenes y lo que soy para superar cada bache, a la gente que había cuidado y que han estado a mi lado apoyándome en cada caída, aprendiendo de mis errores pero siempre manteniendo con mimo ese pilar de lo que soy gracias a ellos.

Había cosas muy obvias y es que la edad me ha curtido y todo aquello que ahora te hace feliz no es lo que te hacía feliz entonces, que esos 20 años no han pasado en balde y a nivel personal soy otra persona. Quizás tenga mis carencias, que no son pocas pero si me he llenado de una situación de confort donde sé lo que quiero y lo que me hace feliz.

Una mezcla entre dulzura y picardía, buenas proyecciones para ayudar y un me cago en tu puta madre de un carácter duro y exigente, a veces incluso caprichoso. No es la mejor opción para los 44 años que paseo pero desde luego una fuente de experiencia para subir y bajar si es preciso.

Y es que adoro subir y bajar montañas hasta extasiarme, descubrir rincones con mis pies y caerme sin que nadie tenga que estar pendiente de si me tropiezo. Me gusta ser despistada y escribir las faltas de ortografía que hagan falta sin que tengan que recordármelo en el momento menos indicado. Me gusta ensuciarme, lucir mis mejores galas para enfrentarme a los malos momentos, me gustan las conversaciones absurdas donde terminas riéndote de ti misma y todo lo que te rodea, hacer de los peores momentos los mejores porque hay que restarle peso a las tristezas. Me gusta ser madre y compartir con ella lo que más me gusta sin que se paren a pensar si el que tienes al lado le va a resultar más o menos pesado esa parte, me gusta abrazar a mi gata que ya ha llegado a la vejez tuerta y con la cabeza en Saturno antes del desayuno porque me ha regalado momentos inolvidables en sus 14 años a mi lado o fregar mil veces la cocina para que así se vea más acogedora aunque siga oliendo a gato viejo.

Mi libertad es una esencia que he trabajado con mimo, al igual que conservar lo que más quiero porque gracias a ello soy lo que soy con 44 años y no con 20. Me equivocaré mil veces, no soy perfecta pero si sé lo que quiero y es vivir feliz a mi manera.

Eso si, lamento cada lágrima que he hecho derramar por ser un poco campanilla y volar alto, y regalar energía o robarla, por esas alas que abres y cierras en tiempo récord mientras los demás quedan absortos mientras te miran pensando donde va a ir tu vuelo.

Hoy tras despertar de un sueño soy consciente que desde la tierra los años han pasado, que lo que era son bonitos recuerdos pero han cambiado con el tiempo y soy otra cosa; ni mejor ni peor pero si una mezcla de experiencias que me dicen ya está cuando el el vaso se llena de agua y amenaza terrible ciclón de nuevo.

Agradezco a la vida que me haya traído a esta persona en los momentos peores porque ha sido un importante cataplasma, por haberme hecho enfrentarme a fantasmas del pasado y sentirme orgullosa de lo que soy ahora mismo y sobre todo para que a partir de ahora pueda estar estando en mi vida de nuevo pero de otra manera, llamémosla “la correcta”.

Hemos aprendido mucho en estos días y seguro que los 20 que nos quedan seguiremos mejorando, esta vez pudiéndonos sentar en la mesa compartiendo un café, una playa o un lo que sea sin remordimientos.

Soy como soy, con mis virtudes y mis defectos que nos son pocos y gracias a ti, aunque en su día me escociera he llegado a ser lo que soy ahora.

Aprendamos de todo lo vivido y quedémonos con la parte más bonita, quien bien te quiera lo hará sin reproches y en tu mano está siempre el poder recorrer el camino solo que es lo que necesitas ahora para llegar hasta el camino correcto. Que nadie te diga que debes hacer o como actuar ante las situaciones, que los consejos te sirvan pero no te condicionen, que te curtas de muchos errores para no volver a cometerlos y sobre todo llora si es necesario porque las lágrimas pueden ser también de felicidad.

Estos días amigo has aprendido que encontrar la luna no es fácil aunque tengas las mejores referencias o el mejor telescopio, has de enfocar muy bien en la oscuridad y dar mil vueltas a la lente para ver tan solo una parte y de lejos. En tu mano está el seguir encontrando el punto exacto para ver lo que deseas con la perfección que mereces y tienes todo el tiempo del mundo.

Y ya sabes que siempre de alguna manera estaremos a tu lado para que si está en nuestra mano podamos ayudarte a encontrarla en la noche.

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