Un trabajo siendo familia monoparental

Desde que asumí la maternidad en solitario afrontar nuevos retos a la hora de incorporarme a la vida laboral ha sido una aventura camicace para encontrar un espacio en el mundo para ganarme la vida, lejos quedaron aquellos trabajos donde tus decisiones eran importantes y valoradas, cuando mi labor era facturar a una gran compañía en un proyecto innovador relacionándome con ingenieros de Nissan y me sentaba con el director financiero de Johnson Controls a pasarle informes de resultados y analisis de viabilidad. Volví a Valencia, la vida me devolvió a mis orígenes por temas familiares y aquí me quedé a continuar mi camino, varios años más seguí en el camino de la administración hasta que la crisis del 2011 cerró el taller mecánico donde continuaba facturando. Aquel tiempo de retiro con mi paro decidí embarcarme en la aventura de formar una familia, pero por cosas de la vida las tornas dieron la vuelta, y aunque cumplí mi sueño más anhelado de ser madre las perspectivas habían cambiado porque las responsabilidades eran todas.

A pesar de las adversidades que me planto la vida decidí aprovechar ese tiempo para volver a los libros; la informática había sido una asignatura pendiente que había quedado y me decidí empezar un semipresencial de Administración de Sistemas; todo un reto, ese año alterné los libros con la teta, recuerdo los malabarismos que tenía que hacer para conseguir sentarme con Carmeta al brazo, el ordenador en frente y la libreta con los apuntes; es increíble las cosas que pueden hacer la motivación. Los días que asistía a clase bien temprano llevaba a Carmeta con mamá, previo la noche anterior con las sesiones de sacaleches para dejarle los biberones preparados, mamá nunca se quejaba la pobre pero cuando volvía a por ella me la encontraba dando vueltas en la calle con el carro porque bebé no sabía dormir si no era en los brazos y su pecho; entonces la solución era esa, salir a pasear y entonces la jodía se dormía a la fresca después de una hora de paseo. Conseguí aprobar dos asignaturas, pero misión imposible asimilar el resto de asignaturas sin ir a clase todos los días.

Tras acabar aquel curso a medias ya Carmeta contaba con año y medio, camino de los tres; a pesar de los miles de currículums enviados nunca jamás me llamaron para una oferta de mi perfil, la administración había quedado como si fuera un premio ganado hace mil años en la estantería.

Ese mismo verano decidí que había que hacer algo, debía incorporarme al mundo laboral fuera como fuere, y si tenía que plantearme nuevos puestos pues así debía ser. Ese mes de octubre me inicié en la búsqueda de ello, recuerdo que me llamaron para dos cursos que había pedido hacía mil años; el primero era de sastre y el segundo de socorrista, desde luego eran dos oficios para los que prepararse bastante distintos, en un primer lugar pensé que tal vez coser podría ser una buena opción, ya acorde a mi crecimiento y más manual pero cuando me senté con mamá y le pregunté me dijo hija mía yo te veo más de socorrista.

Así que con 37 me planté durante 8 meses en un curso de Socorrista en entornos naturales con 14 niños de entre 18 y 20 años, he de decir que esos meses fueron los mejores de los últimos años, descubrí nuevos mundos; el deporte, la naturaleza, los buenos hábitos y sobretodo una ráfaga de juventud y vitalidad que me vino genial para rejuvenecer mis ilusiones.

Cuando terminé el curso empezó mi aventura acuática, los cuatro años siguientes han sido mi fuente de ingresos; cierto es que sumé el curso de monitora de natación y alternaba las clases con las horas de socorrista. En piscina con los peques siempre un gozo, enseñar a los nenes a desenvolverse en el agua y hacer perder ese miedo a los más mayores era una satisfacción muy grande cuando lo lograbas, el placer de transmitir es algo que siempre me ha cautivado. Esa parte sin duda gratificante pero no tanto la de los sueldos, trabajos por horas donde cada hora de natación te la pagaban a 6 euros brutos, donde días enteros de playa salvando vidas se pagaban con la miseria de no llegar a 1000 euros trabajando de lunes a domingo y en pleno verano.

Durante esos 4 años no dejé de reciclarme, cursos de inglés, comunity manager, gestor de llamadas de tele asistencia y mil historias más; la vida de la familia monoparental es realmente compleja, alternar horarios con conciliación familiar casi una utopía; levantar pronto a peque para llegar a hora, tener que rechazar alguna oferta porque el trabajo a turnos misión imposible; digamos que al final la vida te lleva a mantenerte con lo básico porque tus oportunidades se quedaron antes de la maternidad.

En estos años los esfuerzos han sido constructivos, aprendes a ser humilde y a aceptar que quizás esa es la vida que te toca y has de asumirla, recortas gastos y los que tienes son para ella antes que para ti; te ilusionas con otras cosas que antes te parecían tonterías y ahora lo son todo, un paseo por la montaña enseñándole los bichos a peque, las reuniones entre amigos con los niños arreglando el mundo; has pasado de ser un alma libre que trabajaba para vivir y no se privaba de nada a contar los billetes y guardarlos si llegan de más para los momentos de vacas flacas. Tu capricho pasa de ser de un viaje a guardar 40 euros en un cajón para el día que decidas salir con las amigas y tirar la casa por la ventana.

La aventura de trabajar ha sido un mar donde las alegrías han durado lo mismo que dura la espuma de una ola en llegar a la orilla, efímeras; y si es cierto que en estos años he tenido oportunidades que me han llenado tanto como me han desgarrado. La primera llego hace dos años cuando un empresa de robótica decidió apostar por mí y su apuesta les duró una semana; nos encanta tu motivación, tu currículum y tu fortaleza, eres la candidata perfecta; les insistí que mis conocimientos de robótica eran 0 pero estaban dispuestos a enseñarme, no tenían prisa; sorpresa cuando a la semana me dijeron que se habían equivocado con el perfil y que mi puesto requería una especialización más técnica; mi gozo en un pozo, suerte que ese mismo día me llamaron de cruz roja para incorporarme a playa y pude salvar el verano.

Misma historia al año siguiente, esta vez me llamaron de un concesionario Peugeot, casi 6 años de experiencia en facturación para automotive eran una buena carta de presentación, encantados quedaron en la entrevista y el mismo lunes me pidieron que me incorporara. Los horarios complejos para una mamá, pero es lo que tiene trabajar así que contando que mis ingresos mejorarían no dudé en pagar por horas a una chica para que se quedara con peque en ese tiempo; haciendo la cuenta más de la mitad del sueldo se quedaba en pagar, pero lo dicho había que apostar. Encantados estaban conmigo hasta que un día el jefe me subió arriba y me dijo que desde dirección habían decidido que para el puesto necesitaban un licenciado universitario porque la marca lo exigía, ¿cómo?, ¿Qué me estás contando?,¿un mes trabajando, has revisado mil veces mi currículum y resulta que ahora necesitáis una titulación superior por imagen de marca? Mi gozo en un pozo y otra vez el puto verano perdido por un trabajo en el que no se habían preocupado antes de buscar el perfil real, no hay nada más frustrante que tu propio jefe te diga que en años no habían encontrado una persona más dispuesta y efectiva, que estaban encantados porque en un mes había aprendido a hacer presupuestos, a facturar y era capaz de desenvolverme sin mi jefe de contabilidad; pero claro obviamente Peugeot exigía unos mínimos que se habían olvidado apuntar en la libreta antes de contratarme. En ese tiempo de trabajo habían olvidado que mi vida personal existía, que había dejado mi trabajo fijo de socorrista como fija discontinua en Cruz Roja para apostar por ellos, que había ajustado mis horarios a pagar a una persona y que encima había dejado los temas familiares tan delicados con los que lidiaba en ese mes.

En este tiempo he aprendido que el mundo laboral para una madre soltera es casi una lotería, que las empresas han perdido los valores, que apuestan por personal de paso antes que por formar a profesionales o darle a las personas la oportunidad y sobre todo el tiempo de demostrar lo que valen; que a veces la titulitis se pasa por alto la efectividad y la experiencia, la polivalencia y el saber estar, aprendí que la humildad es el mejor cataplasma contra la frustración; que ambas van unidas y que o aprendes a guardar la calma y esperar tu momento o desesperas.

Un día, de eso hace 6 años y 8 meses aprendí que la fortaleza es una virtud que se logra con la lucha, con positividad y sobretodo sabiendo entender que has de tener días tristes para que lleguen los alegres, que hay que valorar los buenos momentos porque los malos llegan solos, aprendí que nadie más que nosotros somos los que tenemos la razón nos guste o no, que somos lo que elegimos y nuestro tesoro es creer en ello ante todo; luchar por ello, perderemos en ocasiones es posible y sobretodo nos equivocaremos pero siempre será nuestra decisión porque elegimos como queremos vivir y cual son nuestros valores.

He de decir que parte de mi fortaleza radica en mi ejemplo, tengo la suerte de contar con unos padres increíbles que me han apoyado siempre, que me han respetado y sido un pilar imprescindible que me han dejado elegir aunque me hayan necesitado; unos hermanos más o menos despegados que han estado siempre y sobretodo unos amigos de siempre que han llenado esos vacíos y que me han apoyado incondicionalmente, ya sea en una noche de borrachera entre amigas y risas como en una llamada oportuna en un momento de bajón, suerte de que me pongan en mi sitio cuando se me suben los humos o me recojan de los lamentos con altas dosis de humor.

Este verano cambió mi rumbo y mis decisiones, el lunático de mi hermano se emprendió en un proyecto de locos que me ha pegado como la lepra y me tiene ocupada días enteros con las redes, un proyecto que me ha hecho volver a la informática y formarme en programación web, una idea que no sabemos si nos llenará los bolsillos o nos robará el alma, pero que me hace crecer y motivarme, días de JavaScript donde tienes que pensar en fluorescente porque el verde de ser programadora se quedó corto; días de salir de clase frustrada pensando que cojones hago yo aquí. Cuando me vienen esos momentos de no puedo con el mundo digo ostia Fito media vida peleando porque no pelear por esto también si quizás sea la solución a mis limitaciones laborales pudiendo trabajar desde casa ganándome la vida y atendiendo a otras necesidades que ahora llegan con la edad.

Estos meses donde a veces la impotencia llega por cosas que no puedes hacer nada porque vienen impuestas con la vida y forman parte de la existencia supe que nadie más que uno mismo tiene la fuerza para pelear, que has de limitar tus labores a aquello que puedes atender y dejar de lado lo que realmente no es importante; porque la vida es una y o coges el toro por los cuernos o sales cojo de la plaza.

Así que a día de hoy vivo al día y pienso luchar por mis sueños, por muy complejos que sean; que mi tiempo decido yo como organizarlos y con quien porque hay momentos que solo pasan una vez y hay que exprimirlos porque luego no vuelven más; soy como soy con mis virtudes y mis defectos, los que me quieren bien los entienden y si a alguien le pueden pesar no tengo problema en seguir mi camino sola que al final yo me aguanto sola muy bien.

Que nuestra mala ostia sea una ventaja para pegar un puñetazo en la mesa y decir ya está bien porque al final es la solución a romper con los malos momentos, si hay que llorar se llora, si hay que reír se ríe, si hay que saltar se salta y si hay que caer pues a levantarse. Así que escribir será una nueva herramienta para poder ganarte la vida, aunque me enrolle o pierda por el camino.

Y un secreto, pero no lo digáis muy alto, no sea que alguien me tome por loca, la mejor solución a los momentos más duros es una dosis alta de buen humor, hay una frase que me encanta de la peli favorita de mi peque, “Mi Vecino Totoro “y que me la he apuntado en la libreta de los días tristes, : “Vamos a reirnos para alejar a los fantasmas”.

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