Barbie de acción mutante y extirpación de mi tumor

El día 24 de Mayo a las 8:00 estaba en la fé esperando para la dichosa operación. Al entrar a la sala un simpático celador me explicó un poquito lo que iban a hacer conmigo. Entrarás a la sala de espera, pasarán a por ti desde rayos para ponerte los arpones y marcar la zona de operación. Dos horas esperando allí dentro mientras la gente entraba y salía, resultaba de lo más curioso el vaivén de personal sanitario y pacientes de distintas especialidades.

A las dos horas y media de espera me llevaron de nuevo a rayos, el mismo radiólogo que aquel día me contó todas las cosas que debían pasar para llegar a quirófano estaba delante de mi marcándome con unos pinchos desde donde hasta donde llegaba mi tumor y había que extirpar. No me olvidaré de su cara jamás, pues gracias a él empezó todo el proceso hasta llegar hasta allí. El proceso era el siguiente, anestesia local en un extremo y en otro y luego colocarme dos alambres en plan antena televisiva. Y así salí de rayos, con mi teta izquierda en plan torrespaña con las dos antenillas que me daban un aire a una Barbie de acción mutante.

Supongo que en ese momento ya estaba resignada a todo, y ese miedo a la anestesia y todas esas cosas se iban dispersando dispuesta a que el tiempo pasara rápido y pudiera volver a casa. El último momento que recuerdo es cuando mi cirujano, el Dr. José Aguilar; se acercó con esa tranquilidad y voz suave que te transmitía una paz increíble y me dijo. Llevamos media mañana buscándote Laura pero ya has llegado, sacó unas tenazas y me cortó los extremos del pirulí; sacó un rotulador y me hizo los últimos dibujos en el pecho como si de un rompecabezas se tratara.

Entonces me entraron a quirófano y empezaron a ponerme un montón de aparatos, a la derecha mi salvador revisando el móvil tranquilamente mientras me preparaban para la intervención.

No sé en qué momento me dormí, pero desde luego sí que recuerdo el despertar como si de un sueño se tratase. Un montón de gente a mi alrededor llamándome por mi nombre y dándome de ostias por todos lados; apenas podía hablar, los veía, pero de alguna manera mi cuerpo no reaccionaba; estaba como exhausta y muerta de sueño. Escuchaba eso de “si no reacciona habrá que llevarla a reanimación”. Desconozco que me chutaron pero sin duda al final pude hacerles algún gesto estilo “iros a tomar por culo y dejarme dormir” y como me volváis a dar otra ostia o pellizco os reviento.

Luego me llevaron de nuevo a recuperación donde pude dormir plácidamente mi pedo anestésico en versión “the doors”. No sabía las horas que habían pasado pero cada vez que miraba el aparato que marcaba las pulsaciones me preguntaba si eso era normal; tensión a de 5 y 9  máximo y entre 45 y 50 pulsaciones por minuto. Estaba en un estado zen total de hecho convencida que todo lo que había visto había sido producto de mi imaginación hasta que antes de salir vino una chica y me dijo: “Laura, ¿te acuerdas de mi?” (como para acordarse con tanta gente que había pasado), “soy tu anestesista, menudo susto que nos has dado”.

Y bueno, aunque me enviaron para casa a las 21:00 tuve que volver de nuevo otra vez porque llegando a Silla me desplomé de nuevo por la debilidad.

Los días de recuperación fueron duros, la intervención me dejó muy débil y poco a poco fui reconstruyéndome un poco pero con la anémia que arrastraba tuve que tirar mano de hierro.

A las dos semanas acudí a por los resultados de la masa que me habían extraido y allí el mundo se me dio la vuelta.

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