Un domingo de Febrero


Hablar de los sentimientos es sentarte al espejo a preguntarse si realmente ellos son capaces de entenderse con ellos, el amor es como un manantial que nace fino y delicado pero conforme va bajando por la ladera crece proporcionalmente hasta que sin darte cuenta se ha hecho tan gordo que o desemboca en el mar o revienta.

Y así denominaría yo la última historia que ha pasado por la derecha mi río, ya sabéis que de alguna manera a mi me gusta andar por la izquierda, sople el viento, truene o caigan chuzos de punta. Diría que he pasado media parte de mi vida sola (no siempre sola literalmente porque a veces cuando las personas están acompañadas también caminan solas porque el de al lado anda en otras cosas), lo que con el tiempo me ha hecho que el caracter se me asilvestre de tal manera que cualquier compañero que pase por el camino en cuanto encuentra una puerta abierta sale cagando ostias no sea que se cierre de pronto y tenga que quedarse esperando a encontrar la siguiente.

Recuerdo a un compañero de trabajo en estos días de no adolescente piscinera, cuando pasabamos los días al sol contándonos batallitas y me quejaba de los desplantes del sexo opuesto me decía “Como quieres que te duren si los aprietas tanto que los revientas”. Entonces ya tenía los 41 cumplidos, nunca me había planteado que igual fuera posible, él tenía 23 y me estaba dando consejos, ahí supe que la edad no es importante cuando hay que hablar de madurez.

Ha pasado casi un año desde que mamá empezó su lucha, cada día que paso a su lado entiendo de donde saco este carácter y fuerza, soy digna heredera de una luchadora de titanes; cuando llegué a casa y le expliqué que de nuevo volvía a mi estado natural de soltera pensaba que la conversación iba a entrar en profundas pero con toda la naturalidad del mundo no sólo me recordó que no pasaba nada y que había que seguir el camino sino que ya se encargó ella de que no tuviese que contarselo a nadie más.

Carmeta ha crecido rápido, tanto que se le caduca la ropa y los zapatos a tal velocidad que cuando hago previsión de tallas se me ha pasado la medida. Es una niña viva, cariñosa pero muy vasca, atiende a las peticiones de besos o abrazos cuando a ella le da la gana cosa que nunca me gusta reprocharle porque regalar besos gratuitamente no es necesidad para una niña de 6 años. Los primeros años de cole fueron delicados, con 4 años descubrimos que peque tenía un problema de audición y sólo oía un 50% en el oido izquierdo; entonces entendí que no es que pasara de mi como de comer alpiste cuando la llamaba. Tuvimos la suerte que su tema tenía solución y con 5 años la operaron y descubrió un mundo donde cualquier cosas más subida de tono es un horror ahora.

Sasha se ha echo vieja, ya son 13 años los que tiene y cuando caminas por la casa y pasas por delante de ella ni se inmuta, siempre he respetado la libertad gatuna y me parece buena idea que tome sus decisiones pero cuando andas empanada por la mañana o despiertas medio sopa a la noche tiene todas las papeletas para pisarle, darle un empujón o que se caiga algo al tropezar con ella; eso si mantiene su lucidez y alaridos propios cuando le entra el celo. No sé mucho de gatos pero creo que ya tiene una edad para hacerse a la idea de que por mucho que chille no va haber maromo que la monte.

Estos últimos años tras el nacimiento de Carmeta he vuelto a mi adolescencia trabajando de Socorrista de playa y monitora de natación; es curioso que pasado los cuarenta el mundo laboral te prefiera ejerciendo una labor de estudiante que como una profesional de la administración. Este año lo empecé apostando por la tecnología formándome como programadora en Entornos Web; espero abandonar por fin el agua y encontrar un trabajo más acorde a mis canas.

No es fácil compatibilizar la vida de madre con la de trabajadora, el mundo no lo pone fácil y tenemos que hacer malabarismos para colocar todas las cosas en su sitio y que no se caigan; con el tiempo te acostumbras y cuando no lo tienes hasta lo echas de menos.

Ser mamá soltera es ser una leona que se devora lo que haga falta con tal que a su cachorrete no le falte nada; tanto que a veces es capaz de comerse lo que es indigesto; y eso me pasa a veces que aunque no quiera termino con dolor de barriga. Los cachorros crecen, estuvo tres años enganchada a la teta pero de un tiempo para acá ha ido despegándose tanto que a veces tengo que ir a buscarla. Se convirtió en una señorita bonita, una princesa con carácter y a veces tan repipi que me pregunto de donde ha salido; mi teoría de no castigo y conversaciones eternas han desembocado en argumentos con mucha solidez para hacer lo que ella le conviene con razones tan obvias como que en casa somos dos e igual que yo le mando hacer sus cosas yo haga las mías.

En estos seis años el amor pasó por mi vida a trompicones y es que el tiempo para compatibilizar niña con hombres es casi una utopía y apenas tuve oportunidad de conocer a alguien lo suficiente como para pensar en alguien más.

El tema es que cuando apareció algo parecido a ello ya estaba yo perra vieja y exigente; a veces el cariño no es suficiente cuando dos personas no se aguantan. La chispas se convierte en escopetas y al final cada uno tira por un camino antes que arda Roma. Y es que cuando tu adoras el silencio y el habla sin parar, cuando te despiertas con una mosca y él ronca como un cosaco, cuando tu te sientas en una mesa y la cuenta vale lo que gastas en llenar la nevera para un mes a ti te se indigesta la comida y a él le parece que es la mejor elección porque el dinero está para eso, cuando tu color de pelo no es el indicado pero tu eres Blondie de siempre porque te da la gana, cuando los valores divergen tanto que te has aburrido de discutir hacen falta 20 años de convivencia para que te parezca bonito esas diferencias.

Tuve que rescatar mi blog de hace 20 años para volver a acordarme de lo que es tener la chispa y la magia, volver a la esencia de lo que siempre fui y creer en la vida con tal furia que las alas resurgieran de nuevo, tanto que hasta de nuevo me apetece escribir. Y en este tiempo si l o descubrí en otras historias, pero en él por mucho que me pese no supe encontrarlo y doy fé que a pesar de las vanalidades que nos separaban es una de las mejores personas que me he encontrado por el camino.

He tenido la suerte siempre de compartir buenos amigos, amigos que han perdurado en el tiempo y que me hacen darme cuenta que cuando alguien pasa por tu camino y te quiere se queda a tu lado siempre de alguna manera. Me siento afortunada de que aquí sigan.

No hay nada como tener un momento de bajón y perderte en la sonrisa de Charly, intercambiar sólo dos mensajes y recordar que el amor adquiere mil formas y ninguna es la correcta; que le parezca encantador que sigas siendo una rubia loca que cada vez que ha pasado por Sevilla se la ha liado parda.

O ese rato que le recuerdas a tu querido amigo Luis que es un capuyo porque hace seis meses que no se ha dignado a contestarte y el te responde con un sigues estando tan buena como siempre bombón sin explicarte exactamente que le ha pasado.

Quizás esos ratos donde evocas las intensas conversaciones con Josep donde te perdías en las calles de Nueva York o bailando en una fiesta Yeye en Asturias; donde recordábamos los primeros amores; bien sabe el mundo que la edad no es importante cuando las personas encuentran la magia.

Ya me lo decía mi amigo Raul, si es que nena te gustan las almas libres y al final son las que quieren volar; bien cierto que es así pero a veces nuestra elección es nuestra perdición; que remedio.

Que la suerte me acompañe en el vuelo y si no haremos piruetas que también molan.

Seguro que cuando mi brother eche un vistazo a la entrada me llamará para explicarme cuatro cosas, sabes que chaval hoy me apetece escribir como siempre porque romper con la rutina no es tan fácil como pensaba y me debo a esa parte de mi que debe brillar, la esencia de neyebek.

Buenas tardes amigos y buen domingo.

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