Estas cosas pueden pasar

Era jueves día 10, ese día el comando G (mamá, papá y yo) nos fuimos juntos a la fé; mamá a su quimio y papá se iba a repartir acompañando a mama y luego a mí a por los resultados.

Al entrar a la consulta vi que no estaba mi médico y en su lugar una simpática cirujana que sin pestañear me dijo tranquilamente:

“Los resultados de la biopsia de la masa indican que tiene usted un carcinoma ductal de 2 cm, uno de ellos in situ y otro infiltrante”.

No podía creer que me estaba contando esa buena mujer; dije disculpe pero no entiendo, la biopsia decía que lo que me iban a quitar era benigno, ¿Me está diciendo usted que tengo cáncer?

La mujer me miró más sorprendida que yo, como diciendo ¿ah que no lo sabía?, levantó los ojos del pc y apenas respondió un “Si, efectivamente”.

¿Cómo es posible?, le pregunté a lo que respondió “A veces estas cosas pasan”.

De repente se abrió un abismo, no podía creer lo que me estaba pasando; quería pensar que aquello era un sueño y no me estaba sucediendo a mí; pero no, muy a mi pesar era la puta realidad.

De repente un eco se quedó grabado en mis neuronas: “Estas cosas pasan” … con un sinfín de argumentos contradictorios  estilo :

“No señora, estas cosas no me pueden pasar a mi, tengo una vida entera que vivir y no estoy preparada para esto”

“No señora, esto es un sueño y me despertaré mañana, esto no me puede estar sucediendo a mi”.

Cual sería mi cara y estupefacción que la propia médica decidió que debía hablar con mi cirujano para que me explicase todo lo que íbamos a hacer, porque claro me había contado cual era mi enfermedad pero no como iba a solucionarla.

Así que con el alma partida en dos asumiendo que empezaba una nueva lucha salí de la consulta junto a papá que poco más pudo que abrazarme y decirme hija tienes que ser fuerte.

No sé de dónde saqué fuerzas para ir a recoger el coche y volver a casa. El eco continuaba resonando “Estas cosas pasan”.

Al llegar a Silla, como si no fuera conmigo recogí a peque y nos fuimos de compras, de repente parecía que todo lo que había hecho en la vida no era suficiente y me daba igual cuatro que cuarenta; un lema se me gravó en el alma, la vida es una y cuando menos te lo esperas se te escapa de las manos.

No puedo deciros el infierno de noche que pasé, la cabeza no paraba; de hecho, a día de hoy sigue sin parar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *