De vuelta a la luna

Hoy después de unos días de exilio vuelvo a la luna y es que la vida a veces se nos hace tan pesada que no es que se nos acaben las palabras pero si el tiempo para compartirlo con las letras.  Por primera vez desde hace unas semanas me siento bien, todo empezó el domingo en una llamada inoportuna a las tres de la mañana; si es cierto que te despierten a las tres de la mañana una se lleva un susto de muerte pero acostumbrada a las habilidades de Doña Sasha en abrir puertas de golpe en medio de la noche no puedo decir que que te despierten sea peor que sobresaltarte cuando la puerta se abre de par en par. Era Alfonso, mi hermano que en mitad de la noche un miedo por una pesadilla en Alicante, estaba asústadisimo y recurrió como en los viejos tiempos a su teta mayor a que aunque fuese entre palabras le devolviese un poquito de paz. Esa noche me dormí con una sonrisa, mi nene que las tres semanas anteriores me había declarado la guerra por un malentendido sin dirigirme la palabra había decidido enterrar el hacha de guerra porque necesitaba el calorcito de una bruja buena.
Así empecé la semana con más energía renovada por fin las cosas iban tomando su cauce. La semana en el trabajo había sido tranquila, la ración de horas extras de la semana habían dado su fruto y por tanto el cierre de mes no resultaba tan caótico como en otros meses. Además la semana me sorprendió con un e-mail de un viejo amigo (….)

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