Querida mamá

Querida mama:

Te escribo con todo el cariño que una hija puede tener a la persona que le dio la vida, me pregunto si desde algún lugar podrás leer mis letras, si de alguna manera mis palabras pueden filtrarse en el aire y llegar hasta ese lugar donde estés.

Quiero darte las gracias por tu fortaleza, esa que ahora tiembla pero que con el tiempo seguro que volverá a su cauce. A veces mamá me faltan las fuerzas, estaba tan acostumbrada a ti que sin querer a veces la rutina me lleva a cotidianas costumbres que teníamos, hoy por ejemplo Carmeta ha ido a su primera cena en la falla, estrenó el blusón y el pañuelo que le regalaste en Navidades y cuando hice el video iba a reenviártelo para que lo vieras, al rato recordé que tu móvil debe estar en la mesita de tu habitación olvidado.

Hoy he cenado con papá, quiero que estés tranquila se está adaptando poquito a poco e intentamos que no pierda sus rutinas, me enfado con él porque siempre se le olvidan las pastillas y no siempre llego a tiempo de recordárselo. La casa tiene un silencio que no acostumbro, pero he de decirte que la despegada de Bea ahora pasa más tiempo en casa y se lleva a papá de paseo.

Es curioso como en una semana la vida se da la vuelta, ahora es él el que habla con Ana Cristina todos los días todas las veces que a ti te llamaba. Hoy por la tarde salió con Carmeta a merendar a Cafés Valiente y el otro día estuvo desayunado en casa de Bea, se comió las madalenas que compramos al volver del pueblo que no llegó a llevar a casa.

Alfonsito volvió ayer a Bremen, esta semana se quedó con nosotros, el miércoles estuvimos en Valencia en la misma tienda donde le compré la piedra esa estas navidades, ¿te acuerdas?, dice que sigue teniendo el cenizo y se compró otra, cuando se la ritualizaron la chica de la tienda sacó unos cuencos tibetanos. Le molaron tanto que encargó unos por amazon y por la noche Rumia nos enseñó fascinada como los hacía sonar.

Por cierto, papá ha dicho que no piensa abrir a nadie más de Amazon así que tenemos que buscar otro sitio para recibir las cosas.

A mi me está costando mucho hacerme a la idea de que no estés, te recuerdo cada instante y sin querer las lágrimas se me escapan en los rincones, se mezcla la tristeza a veces con el mal humor e intento sobreponerme recordando que en algún lugar nos estás pendiente.

Una de las cosas que quise contarte ante de que marcharas es que me había vuelto a enamorar, yo creo que tu lo sabías, pero siempre tan discreta no preguntaste de más.

He tenido la suerte de tener a Antonio a mi lado en estos días de mierda, apoyándome y llevándose la peor parte de todos, esos ratos de altibajos, miedo y rabia que el pobre no sabía como lidiar pero con todo el cariño del mundo ha intentado apaciguar, más allá de ese pronto feo que tanto me decías que tenía que controlar y que a veces puede romper las cosas bonitas.

El peor momento de todos fue tenerle que contar a Carmeta que marchaste, pero para mi sorpresa creo que es la que mejor lo ha aceptado, quizás a su edad es más fácil todo.

En fin mamá, pondré todo mi esfuerzo en mantener la calma y hacer eco de esa fortaleza con la que crecí a tu lado. Te quiero

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