Todo por Marcela

El viernes Jose Vicente mi supervisor nos expuso una historia que nos conmovio el alma, Marcela una empleada que trabajaba con nosotros hacía tiempo estaba pasando uno de los peores momentos de su vida … sabemos que nuestra empresa no es partidaria de arreglar los papeles a la gente y son sumamente estrictos con el tema de la inmigración, en nuestro sector es jodido todo esto, ya se sabe.

            Yo sabía que hay soluciones que no están a nuestra mano como solucionar el apuro de todos los que lo pasan mal pero al menos uno siempre es posible, como buena castrista republicana saqué las armas y decidí plantarle cara a la situación, ya que desde abajo no es posible vamos a intentarlo directamente desde arriba, vamos a intentar mostrar la realidad tal como es a ver si los corazoncitos de arriba vestidos de su posición son capaces de mirar hacia abajo y echar un cable.

            Plantee la posibilidad de redactar una carta exponiendo el tema de manera cercana y personal, cargada de sentimiento, esa que sentía la pobre Marcela pero que era incapaz de plasmar con detalle con su realidad y sin miedo a pedir ayuda al más alto, y así lo hicimos

            Diariamente se decican a jugar con nuestros sentimientos, porque no por primera vez jugar un poco con los suyos en beneficio de esas personas que realmente lo necesitan … Así que el lunes quedé con Marcela para que me contase con todo lujo de detalles su historia personal para poder presentarla y plasmarla tal y como era … no sé de donde saque fuerzas para no llorar cuando me narraba con angustia como se sentía y lo que significaba para ella … por la tarde cuando llegué a casa llena de su sentimiento y el mío decidí ponerme manos a la obra, redactar esa carta que llegase al corazón de los de arriba para que lograsen traer a su hija. Abajo la anexo, he de reconocer que es dura así que aviso para que nadie si es demasiado vulnerable le afecte demasiado.

 

Estimado Sr. Director :

 

Anoche mientras las lágrimas me llenaban con el recuerdo por la pérdida reciente del niño de mis ojos a manos de unos desaprensivos en mi país natal Ecuador una luz de esperanza se despertó en mi corazón al recordar que hacía exactamente 9 años que llegué a España con la intención de poder salir de la miseria de mi país y poder ofrecer a mis hijos una vida mejor que allí no pudimos lograr. Por un momento no pude evitar seguir llorando, de que me sirvió luchar si cuando nuestros sueños estaban cerca la desdicha se llevó a mi pequeño sin tan siquiera poderle haber dicho antes que le amaba más que a mi misma, sin poderle haber dado un beso, un abrazo… sin decirle que cada noche su mama lo añoraba en la distancia, a él y a sus hermanas.

Mi nombre es Ana Marcela y soy ecuatoriana, tengo 36 años y estoy trabajando en su empresa en Valencia desde hace unos años, tuve muchos trabajos temporales hasta que mi supervisor José Vicente decidió hacerme indefinida.

Mi vida no fue sencilla, en mi país la miseria hace que más que vivir subsistamos, desde pequeña mi madre me educó en la virtud del trabajo y desde bien niña con mis padres en el negocio familiar ayudé mientras estudiaba, ayudándoles y cuidando a mis hermanos. Hoy conozco una realidad distinta pero yo con 13 años conocí a mi marido con el que tuve mi primer vástago, con 14 años mi marido se marchó dejándome embarazada de siete meses y como recuerdo un sin fin de palizas que no lograron hacerme desistir a luchar día a día por esa criatura que vino al mundo. Y así, siendo una niña con el corazón y el cuerpo roto trabajé sin miedo para dar de comer a Milton… mi pequeño. Diría que cuando vi su sonrisa el dolor desapareció por entero, me llenó de vida y entonces supe que ese día el sentido de mi vida había cambiado para dejar de ser una niña y ser madre. A los dos años conocí a mi segunda pareja con la que soñé la felicidad y a mis dieseis llegó Erika Karina como una bendición, pero de nuevo se marchó sin reconocerle tan siquiera los apellidos. Mi tercera pareja cuidó de nosotros hasta que se marchó también y de él nació Andrea Carolina. 

         Siempre luché por mis hijos, trabajando en cualquier cosa con tal de que no les faltase de nada, era duro para una mujer de 19 años en un país como Ecuador dar de comer a unos bebes de meses, tres años y cinco. Cuando la pena por mi desdicha me acompañaba miraba a mis hijos y fuerza de no se sabe donde me llenaba para luchar con fuerza por ellos.

         Las cosas en mi país eran duras, la lucha diaria se hacía poco para unos niños que crecían y para los que quería una educación y unas oportunidades que yo no había podido tener así que haciendo de tripas corazón y tras hablar con mi mamá decidí probar suerte en España sabiendo que mis vidas se iban a quedar en Ecuador pero debía darles de comer. Cuando una abandona su país no sabe donde va a llegar, no entiende de leyes ni de fronteras sólo entiende de hambre y de miseria de la que debe salir corriendo para dar una oportunidad a lo que más quiere. Ningún inmigrante cuando entra sabe que es un agujero donde entra pero si cae en la irregularidad no sale nunca. Llegué a casa de un familiar conocido que se brindó a ayudarme, estaba en Madrid … casi sin darme cuenta me encontré en España sin papeles, esos ansiados papeles que todo el mundo te pide para hacer algo tan sencillo como ganarte la vida, como trabajar incansablemente para poder enviar comida a tus hijos. En momentos de miseria, lejos de los tuyos, amedrentada por el miedo y castigada por la nostalgia de no tener los que más quieres siempre eres carne de cañón para aquellos que dicen que te van a ayudar pero solo esperan que trabajes. Y así estuve esperando durante un año y medio mientras trabajaba duramente de externa en casa de una señora que ella me arreglase los papeles, pero ahí se quedo el sudor de mí día a día en unos papeles que no llegaban nunca.

Cada día me preguntaba donde quedaba yo y donde estaban ellos, preguntándome si realmente podría volver algún día a verlos porque este pozo sin fondo decía que sin tener los dichosos papeles ni tan siquiera podía volver allí. La tristeza y la añoranza hacían que el hambre no viniese en beneficio de que comiendo menos ellos podían recibir mi sueldo casi entero… y así vivía esperando que al menos mi falta de apetito les llenase a ellos de ese amor de madre que vive por sus hijos.

         No recuerdo como llegué a Valencia, alguien me dijo que en esa ciudad la gente tenía buenas oportunidades… y víctima de la desesperación deje Madrid hasta llegar aquí. Efectivamente aquí encontré corazones de verdad que han hecho de mi lo que soy ahora, una mujer con papeles. Al poco de llegar me integré en una asociación, caritas que me inscribió en un curso de integración donde realicé un curso de labores domésticas en Plaza Cisneros. Allí conocí a dos mujeres que cambiaron mi vida, la directora del centro y la mujer para la que trabajé durante cuatro años en una casa de Náquera. No tengo palabras, ni agradecimientos ni corazón suficiente para esta señora, diría que sin ella mi porvenir no hubiese sido ninguno. El mérito de regular mi situación se lo debo a ella pues nos denegaron el permiso más de cuatro veces, pero al final lo logramos.

         Entonces llegó el gran día, 25/01/2005, ese que pensaba q no llegaría jamás, el volver a abrazar tras seis años sin ver a lo que más quería mis hijos; pude volver a Ecuador durante 45 días.

         Mis niños habían dejado de ser eso niños y empezaban a tener su propia vida, mi dinero les había dado una oportunidad que otros no tenían y Milton había pasado a ser padre de familia con sus dos hermanas, como el decía “Mamá, no llores que soy el hombre de la casa y voy a cuidar de ellas”. El sueño de Milton era venir a España. Estando aquí me enteré que el ministerio estaba dando ayudas a jóvenes para poder venir y le mandé corriendo para que se informase, me llamó y me dijo muy triste “Mamá, me dijeron que debo ser mayor de edad y solo tengo 19 años”, yo le respondí, “No te preocupes amor, que en nada cumples los 22 (mayoría de edad en mi país) y podrás estar de vuelta a pedirlos y venirte con mamá” … hoy se me llena el corazón de angustia al recordar sus palabras, mi niño no llegó a cumplir su sueño, ni tan siquiera logro su mayoría de edad.

         Cada noche, antes de irme a dormir me escapo al locutorio para llamarlos y ver como están, desde España supe que Milton conoció a una chica y se enamoró, ella tenía familia y a él no le importaba hacerse cargo del niño porque había vivido siempre sin padre. Un día cuando hablaba con él me llamó para pedirme mi bendición para casarse, a lo que yo dije “Mi amor si la amas adelante, no necesitas mi bendición porque tu felicidad es la mía”. Milton era un niño, simplemente, sin conocimiento y tuvo alguna discusión con la familia de ella por lo que a ultima hora decidió no casarse cosa que la familia de ella no se tomó para nada bien pues a su entender fue una humillación pública la que originó mi hijo. No puedo excusar su comportamiento, un niño que toma decisiones de grande no deja de ser un niño con decisiones de niño.

         Estando en España recibí la mala noticia que unos primos de ella le habían propinado una paliza terrible pero había quedado todo en un hospital y un navajazo.

         ¨Para que explicar lo que sufre una madre en la distancia cuando su hijo sufre, como se siente una sin poder hacer nada más que enviar dinero … como si el dinero evitase las palizas o la sangre.

         El día 2 de Diciembre por la noche sonó el teléfono, ojala no hubiese sonado nunca … Cuando escuche la voz de Karina supe que algo había pasado: habían encontrado a Milton ahorcado por una correa en una portería de poca altura al amanecer. Las autoridades de mi país no saben mas que de dinero y todo puede comprarse. Al día siguiente cogí el primer vuelo que pude para despedir a mi primogénito, porque su madre en lo bueno y en lo malo iba a acompañarle hasta el final.

         No entendí como pudieron decirme que mi hijo se había ahorcado cuando su cuerpo estaba amoratado con las costillas destrozadas y con signos fuertes de violencia, con las zapatillas llenas de arena como si hubiesen arrastrado el cuerpo y ni una sola señal de cuerda en el cuello … Poco más pude que llorar su muerte simplemente y rezar por su alma allá donde esté. Tomé la dura decisión de ni siquiera denunciar por miedo a las represalias pues allí siguen mis hijas y preferí renunciar a la justicia por la vida de ellas.

         Es duro perder un padre, pero perder a un hijo es quedarte sin vida, muere una parte de ti, muere esa esperanza por la que luchaste. Mis hijas, mis dos vidas que aun permanecen allí están destrozadas, viven con miedo, miedo a que cualquier día alguien haga con ellas lo mismo que hicieron con su hermano.

         Mientras enterraba a mi hijo me prometí a mi misma que movería cielo y tierra para poder traer a mis hijas a mi lado, lejos del miedo y el peligro, lejos de esas otras  muertes anunciadas. El primer día que llegué a España me informaron que a mi tercera niña al ser menor de edad la podía traer conmigo por reagrupación familiar pero la segunda sólo podría entrar legalmente al país con un contrato de trabajo.

         Andrea tiene 17 años y está esperando un bebé en Marzo, desde Diciembre permanece ingresada porque el trauma le causó una amenaza de aborto y si dios quiere estoy gestionando papeles para traerme a los dos conmigo.

         Karina está casada, tiene un bebe de 4 años que actualmente vive con sus abuelos paternos porque tras la pérdida de su hermano y el miedo le hicieron cruzar el país e irse a vivir con su tía en Guayaquil , Karina es tan luchadora y trabajadora como su madre pero el miedo le pesan tanto que ha tenido que renunciar a su propio hijo.

         Y anoche, mientras lloraba recordando a mi hijo pensé que quizás si está ahí arriba cerquita de Dios le pueda pedir una ayuda cercana, y recordé todo lo que logré aquí y me pregunté si quizás ese Dios puede tocar el corazón de los más grandes y ayudarme a algo tan sencillo como poder darles a mis hijas y mis nietos la oportunidad de ser felices, de vivir en paz sin miedo simplemente.

         Por eso me armo de valor, con el corazón en una mano  y el alma en la otra para pedirles que ustedes que disponen de lo único que yo necesito para mi hija, un contrato de trabajo.

         Me he dejado la piel cada día en mi trabajo, fe pueden dar aquellos que me conocen que soy una mujer trabajadora, luchadora y sin miedo, que no me importa trabajar horas enteras sin faltar a mi puesto de trabajo aunque se me vaya el alma al cielo junto a mi hijo.

         Hoy señores sólo les pido una oportunidad, una ayuda, un favor personal, se lo pido por Dios o por mi hijo que descansa ya, yo me hago cargo de los costes, de las tasas, de lo que haga falta … pero por favor, brindenme la oportunidad de un trabajo para ella, para que pueda venir con papeles y no tenga q pasar la penuria que yo pasé.

         Me encomiendo a ustedes, como padres que aman a sus hijos, que luchan por ellos, que se desviven … escuchen simplemente a una madre que sólo reza por poder acariciar a sus hijas mientras duermen en paz y sin miedo, una madre que día a día sólo vive por lo que más quiere, sus dos vidas.

         Ojala mis lágrimas se conviertan en sonrisas y cada noche, mientras duermo no sueñe de nuevo con mi hijo diciéndome “Mamá deja de llorar que estoy bien, lucha por ellas que ellas si te necesitan y ya no estoy para cuidarlas”.

Recurrí a esta carta como última opción, quise exponerles mi historia con detalle para que conociesen que mis razones no son caprichosas ni mi fin lucrarme, si no que soy una persona luchadora y resignada que necesita una ayuda.

 

Ruego me perdonen si es excesiva o cargada de sentimiento, pero mis lágrimas hoy son palabras que se visten de tristeza, les anexo a mi carta toda la documentación que poseo, partida de nacimiento de cada una de mis hijas y parte de defunción de mi hijo para que puedan comprobar que mis datos son reales y no tienen más fin que intentar mostrar mi vida tal y como es.

 

Por eso les pido que esa parte humana, ese gran corazón que me demostró Valencia que tiene pueda devolverme la sonrisa de abrazar a lo único que me queda, mis hijas. Me brindo a lo que ustedes necesiten, a trabajar las horas que sean necesarias, a ayudar en lo que haga falta.

 

Anoche mientras dormía Milton sonreía, me recordaba que luchase por ellas y por ellas lucharé hasta que derrame mi última gota de sangre, señores por favor devuelvanme diez años de mi vida, porque con 36 me siento realmente vieja por haber sufrido así.

 

Un cordial saludo y les agradezco con el alma la atención que me han prestado, quedo a su disposición para cualquier cosa que necesiten con la esperanza depositada en Dios y en mi propio hijo para que pueda cumplir mi sueño y para ello les necesito a ustedes.

 

 

 

Marcela

 

 

          

 

   

 

One thought on “Todo por Marcela

  1. Chapo por tu escrito, es precioso, se que es pura realidad lo que has escrito, es la vida misma de esa persona, pero te das cuenta lo dificil que es vivir y poder subsistir, por eso cuando nosotros tenemos fracasos, enfados, y grandes o pequeños tropiezos, siempre debemos mirar hacia atrás y recordor que hay gente mucho pero que nosotros, que el dia a a dia que vivimos es una bendición, porque tenemos un trabajo que aunque no se cobre gran cosa, pero lo tenemos, tenemos a nuestra familia y amigos alrededor nuestros y cuando de verdad la necesitamos nos puede hechar una mano.
    Por eso las cosas las tenemos que sospesar muchas veces y darla la importancia que tiene, no la importancia que tantas veces se
    le dan.
    Un beso y un trabajo muy bien hecho
    MARIA

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