Un paseo por el palacio

Entrar al palacio fue toda una experiencia, por una parte lo increíble que resultaba aquella discoteca, era preciosa … es que era un palacio claro, asi que imaginad la decoración, el gusto y la exquisitez en todo y por otra parte la cantidad de chicos guapos que había por metro cuadrado … aquello era un descontrol en toda regla.
Al principio me pareció de mal gusto, como pueden hacer una discoteca en un sitio tan bonito, es una pena que toda esta belleza termine con música house y un montón de borrachos, pero en cuanto vimos al Gogo que bailaba con esas gafas que le sentaban de lo más bien del mundo me di cuenta que aquella idea debió de ser la más maravillosa del mundo porque nunca en mi vida habíamos vido a un chico más guapo ninguna de las tres.
En el Black Jack nos habíamos tomado un cubatita brindando por los señores de la benemérita por haber requisado mi cámara y ahora venía el segundo, esta vez en honor de aquel bombón del pilón que parecía que sólo estaba bailando para los ángeles de Charly. Que decir del camarero, que si no era igual era más guapo q el Gogo aquel.
Si, entonces nos dimos cuenta que para no tener claro si salir nos habíamos puesto muy guapas porque la verdad es que triunfamos totalmente. A Betty se le acercó un chico que antes de terminar la copa ya le dijo que él era militar y que se podía pedir destino siempre que quisiera … jolin con la merena y sus rizos de muñeca chochona … diez minutos y ya tenía al militar dispuesto a pedir destino para levante … ja ja … y luego resultaba que la loca era la rubia. Erika clavo los ojitos en el gogo durante casi toda la noche, mientras el otro le hacía gestitos para que subiera y mientras ibamos mirando el surtido de galletas de la caja … jaja … Conocimos a Antonio, un gracioso toledano de melena que resultó haber cogido el ave para pasar una noche de fiesta en la capi, decía que era mucho más divertido. Tenía 25 años, muy mono el chico la verdad. Después conocimos a David, un melenas de estos inconformistas que me contó que los papis le habían pagado la carrera y que el estaba negado a vivir en una gran ciudad como esa, que como en Toledo y sobretodo como en Huelva no se vivía en ningún sitio, que odiaba la discoteca y no entendía quien le había llevado allí. Estuvimos hablando un rato y me contó como compartía piso y todas esas cosas que cuentan los universitarios …  me llamó la atención, un personaje de estos bohemios y quejicas de la vida que le había tocado pasar … puf, seguro que conocimos más chicos, pero no recuerdo ninguno más hasta que llego mi portero … ay dios, que risa me hizo. Era un chico muy guapo, alto, moreno y con muy pero que muy buena pinta. Resultó ser un vasco muy simpático que el camino le había llevado por Madrid, mal de amores, y que llevaba poquito tiempo allí, que habían venido sus amigos de Bilbao a verlo … bueno, unas cuantas cosas más … me cayó tan bien que decidí dejarle el número de teléfono para ver si podíamos coincidir aunque fuera otro ratito. Era encantador, realmente una monada. Fue una pena que nos marcharamos la verdad, pero bueno, ya eran casi las siete y era horita de volver a casa de Erika, que por cierto la pobre ya aguanto estoicamente con su garganta destrozada y su resfriado incurable … había que hacer tantas cosas el sábado. Asi que nos marchamos a casa, riéndonos y recordando lo bien que lo habíamos pasado y lo friky del cuartelillo … me marché, pensando que iker no me llamaría nunca más … Cuando llegué a casa me quede flipada, efectivamente los señores de la benemerita habían llegado al cuartel a las seis de la mañana y se habían acordado de las valencianas flipadas que se habían ido de fiesta en ved de cumplir sus deberes como ciudadanas recien chorizadas … fui consciente antes de acostarme que para haber estado sólo tres horas aquel palacio me había hecho princesa … princesita del amor, la libertad y el buen gusto … como no sin mis angeles de charlie …

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