El silencio

Hay veces que los silencios visten la morada del alma haciéndola inoportuna compañera. Hay tantas maneras de interpretarlos que en ocasiones son confundidos.

 No me gusta el silencio porque llena la habitación de oscuridad y de monotonía, porque piensas que ese vacío significa nada distanciando las ilusiones.

La vida siempre te invitó a compartir y con el tiempo aprendes que lo compartido fue algo hermoso pero que quedó en el corazón de los que contigo estuvieron, quedó en su recuerdo, en el tuyo … pero luego, el tiempo los llena de silencio; ese es el silencio que perturba.

Vivir la vida con intensidad es una manera de llenar los silencios; alguien me dijo un día mientras volvíamos de un viaje corto que las personas llenan su vida de actividad porque son incapaces de enfrentarse a ellos cuando la virtud de superarlo es aprender a afrontarlos y dejar de llamarlos silencios.

Hay días en que la energía y la felicidad te hacen romper barreras, querer comerte el mundo … ese día fundes el teléfono recordando a todos que existes, que necesitas su aire junto al tuyo, que tu estás aquí, que quieres compartir, tu ilusión se llena de furia y piensas que tus conocidos son los mejores amigos, y te ríes de tu crisis existencial, porque ese día sabes que tu estás sentada encima del mundo y desde arriba puedes darle vueltas sin que te duela los brazos para hacerla girar, eso es un día porque al siguiente te das cuenta que el silencio se despierta contigo al lado de tu cama y entonces el mundo pesa.

Al principio el silencio escuece tanto que piensas que aunque la herida no sangre está llena de mal, de dolor, de indiferencia; piensas que no serás capaz de acostumbrarte a él porque nunca lo conociste tan de cerca, porque siempre fuiste afortunada y tuviste tu vida llena de melodías que te acariciaban pero ahora es distinto.

Entonces te sientes terriblemente mal porque parece que nadie te entiende y entonces te llenás de pánico y sales corriendo en busca de auxilio, te intentas rodear de los que te quieren para que te cuiden, te orienten, te apaguen ese silencio que te llena el alma; y sales y compartes y luchas con fuerza por escuchar cualquier cosa menos ese silencio … y si, tu vida se llena de voces que solo se oyen un rato pero luego marchan y a tu vuelta en tu espacio de nuevo la nada se apodera. Entonces piensas que debes estar muy mal porque las voces itinerantes que llenaron tu silencio son voces que no te llenan aunque estuvieron siempre. Entonces decides que quizad es buen momento para explorar nuevos sonidos, esos que piensan que más que sonidos serán jauría y cuando los exploras te das cuenta que tampoco te llenan.

Has probado mil maneras de llenar ese silencio y ninguna es apta y sufres … y entonces te conformas y ves que el sufrimiento se queda aparcado y decides aceptar el silencio como compañero porque entonces así los dos sereis felices.

Ya no es silencio es tranquilidad, es paz, es meditación; es un silencio que te curte y te hace feliz, no necesitas nada más porque ahora ya eres feliz con él; te permite conocerte a ti misma y estar más preparada para sentir y asumir los cambios.

 

   

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