Esta noche no … no quiero saber nada del mundo

No quiero saber nada del mundo porque al mirarme cara a cara me hace agachar la cabeza y creo que esta noche no me ha dejado espacio para sentarme a su lado y conversar.

 

Hoy no tengo ganas de hablar mundo porque todo lo que te conté lo escuchaste miles de veces, porque mis razones pesan poco con lo que es compartir la vida contigo.

Hoy no tengo ganas de explicarte el porque estoy triste, porque si te lo explico probablemente me dirás que te conté mil veces la misma historia y estás aburrido de escucharme.

 

            Si, vuelvo a mis origenes, termino mi trabajo y vuelvo a la expectativa de volver a empezar de nuevo, empezar, empezar … y continuar cuando … que va a ser de mi estabilidad mundo si no me das la oportunidad de establecerme; no me das la oportunidad de crecer y demostrar al mundo lo que valgo … porque no me dejas que por fin pueda sentar mi puñetero culo en el asiento de los triunfadores profesionales, esos establecidos que disfrutan sin miedo de perder su trabajo; que se recrean felices de poder llegar a fin de mes y no pensar como sobrevivirá desde el principio.

 

            Estoy cansada que la gente se despida de mi en conjunto, que me hinchen a cenas y a regalos de putas despedidas, que todos nos hinchemos a llorar por los momentos compartidos y no por los que nos quedan por compartir y que, nadie,  nadie se siente a pensar que aquí lo que una quiere no son despedidas si no celebraciones por triunfos y logros obtenidos.

  

            Estoy cansada de deberle favores a la gente; de no poder pagar con la misma moneda porque se me quedo el monedero vacío; estoy cansada, tan cansada que cualquier día me cojo lo único que no vale y me marcho a encontrar nuevos mundos.

 

            Hoy, mientras se me saltaban las lágrimas por una mierda de bicicleta me paré a pensar si lo que me importa es lo que conseguiré o lo que conservo, porque para mi hay tesoros que no valen ni hipotecas; una bicicleta parada en la habitación de un ordenador durante un año vale más que una casa entera, y un coche, golpeado y que no arranca dos veces en la misma semana es el único enser que me niego a perder, porque con él al menos tengo la libertad de enviar todo a la mierda y que me lleve a cualquier sitio.

 

            Me pongo triste, y no triste por mi futuro inmediato sino por sentirme desgraciada viendo de cerca otras desgracias mucho peores que la mía, porque me siento egocéntrica, estúpida y confundida; me siento una diva estúpida pavoneandose ante el mundo, quejándose de su desdicha cuando el mundo ya tiene bastante con el mismo.

 

            Hoy, mientras escribo todas mis penas el Messenger no paraba y es que no me dejan estar triste; quizad sea más mi sillón, ese que está sentado al lado del sillón  mundo en el cual esta noche no quepo, allí permanecen todas esas personas que me quieren, que no son pocas sentadas riendo; recordándome que mi esencia es la fuerza y mi arma mi sonrisa … que si se pierte esta noche o muchas otras noches quizad no pueda seguir brillando.

 

            Hoy me pregunto que día se me ocurrio aquello de la ninfa con alas que se dedicaba a enseñar a volar a aquellos que habían perdido sus alas … hoy me pregunto quien me las devolverá a mi.

 

            Mañana quizad mejor, pasado mejor todavía … pero esta noche, no, esta noche me siento en el suelo, esta frío pero al menos tiene un fondo donde reposar lejos del mundo.

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