Muchas gracias por estar ahi … hoy otro año más con todos

Érase una vez un hada que vivía en un país muy lejano. Era un hada alegre, no muy alta pero a veces tenía una sonrisa tan grande que pasaba desapercibido su tamaño tanto para ella como para el resto de los habitantes de aquella extraña tierra. Se ganaba la vida contando historias, de pequeña su mamá le dijo que el todopoderoso creador del país de las hadas le había bautizado con la virtud de las palabras y por esa incondicional gracia la gente la quería porque cuando a las personas se les terminaban las esperanzas ella siempre tenía una historia que contar para devolverle la sonrisa y la ilusión.

En la tierra de las hadas proliferaba la paz, la gente sólo se ponía triste cuando perdía una cosecha, cuando no salía el sol o cuando algún familiar se ponía enfermo, entonces alguien se acordaba de aquella hadita pequeña que llegaba con sus canciones y les devolvía las risas con sus anécdotas y fuerza, siempre llegaba con una cajita, decía que sólo contaba si metían sus penas en esa cajita y al terminar la historia le devolvían la misma para enterrarla en el bosque de la alegría.

Un día después de atender a la petición de un gran señor hadita se disponía a enterrar una cajita bajo un árbol en aquel bosque, entonces mientras estaba arrodillada escuchó una voz tras de ella :

– No entiendo, ¿Qué es eso de guardar las tristezas en una caja?. Sabes te he seguido desde hace tiempo, escuchando tus historias y viendo como engañas a la gente.

Hadita se giró perpleja y vio tras de ella un hombre vestido de negro, llevaba un sombrero de copa y un bastón largo.

– Me parece increíble que una persona tan pequeña sea capaz de hacer creer a los
Demás con sus mentiras que sus penas van a desaparecer por enterrar una caja fea y siempre la misma. Marchas con tu sonrisa cínica feliz de saber que tus mentiras lograron su objetivo.

Hadita se echo a llorar, de repente se dio cuenta que sus manos temblaban y la caja se abría, noto que le faltaban las fuerzas para desprender la arena del hoyito, la cogio con una mano y se giró de nuevo para ver bien el rostro de aquel hombre. Vio sus ojos fríos, tanto que se mezclaron las lágrimas con un frío gélido. Entonces el hombre desapareció.

Le temblaban las manos así que cogió aquella cajita y marcho a su choza desconsolada.

Las palabras del hombre resonaban en su cabeza:

– “Engañas a la gente” … “engañas a la gente” …

Ella sabía que sus historias no eran reales, que cada cuento era fruto de su imaginación pero también recordaba las sonrisas, las ilusiones y la alegría de cada casa cuando marchaba… De repente las dudas le llenaban, se preguntaba en realidad si ese hombre le estaba diciendo la verdad y había llenado su ego de triunfos, si quizad era tan superficial como para sentirse capaz de liberar de las penas a la gente cuando la gente en realidad tenía necesidad de penas y debía asumirlas en ved dejar que un hada cualquiera le engañase diciendo que se las llevaba dentro de una cajita.
Hadita se sintió por primera vez pequeña, tan pequeña que casi cabía en la cajita y prefería esconderse entre las penas a tener que asumir que quizad había estado engañándose a si misma y encima a los demás.

Hadita entonces comprendió que tenía cuentos para todos pero que ahora, cuando intentaba subsanar sus penas no tenía ningún cuento para ella.
Pasaron los días y la fuerza de hadita iba cada vez aminorando, tanto que sin querer perdió la voz y las penas de la cajita sin enterrar habían empezado a dispersarse por la choza.

Entonces al tercer día se oyeron unos golpes en la puerta de su choza:

– “Hadita, hadita”… soy Enea, ¿la hija del señor me recuerdas? Puedo pasar?

Hadita apenas tenía fuerzas para levantarse, de repente le vinieron a la cabeza los recuerdos, la cajita llevaba las penas de Enea y se sintió desfallecer aún más, seguro que venía a decirle le había engañado porque la caja no se había enterrado en el bosque de la alegría y seguro que sus penas continuaban.

– Buenos días hadita, te traigo un pastel de calabaza en agradecimiento a la alegría que nos devolviste, sé que no tiene punto de comparación a tus historias pero de buena fe y con mis propias manos lo preparé para ti.

Hadita balbuceo …

– ¿Que te sucede hadita?, ¿Dónde está tu voz? … te has resfriado … Oh amiga, lamento que cogieses frío cuando enterraste mis penas

Hadita intentaba gritar que no las había enterrado, que en realidad era consciente que estaba engañando a todos y que no pensaba contar cuentos nunca más.

Enea se acercó y la abrazó con tal fuerza que de nuevo se empezó a sentirse grande.
Hadita no entendía nada no había enterrado las penas y sin embargo Enea tenía una fuerza grandísima.
Enea dejó el pastel sobre la mesa y se marchó.
Hadita se quedó mirando la cajita, el abrazo de su amiga le había dado tantas fuerzas que aprovechó toda su energía para ir corriendo a enterrarla en el bosque.
Al volver a casa se sentía tranquila, sabía que sus penas se encontraban en buen lugar.
Entonces decidió probar el pastel, estaba riquísimo tan rico que de repente le volvió la voz y empezaron a venirle cuentos, y cuentos y cuentos … y entonces pensó que mas da si mis historias no son reales, al fin y al cabo tenia aquí la cajita y Enea había recuperado su fuerza.
De nuevo tocaron a la puerta … y cuando fue a abrir encontró un bastón con una nota que decía :

– Los pasteles de calabaza no devuelven la voz igual que tus cuentos sirven para engañar a la gente pensando que sus penas se meten dentro de una cajita.

Hadita quedó contrariada … ¿que había sucedido entonces?

Al volver a la mesa encontró en su cajita una pizca de imaginación y dos dosis de gratitud, habían entrado solos dentro. Entonces comprendió que la felicidad o la sanación de las penas no radican en los remedios, si no en las personas, que a veces la fuerza interior es la que otorga la felicidad, que no hay que pensar en los medios si no en las soluciones y todos habían sanado solo porque creían.
Hadita supo que quizad sus historias no fuesen reales, que los pasteles de calabaza solo eran pasteles pero que si ella cada vez que contaba una historia creía en ella sus oyentes también creerían y que si los pasteles se llenaban de gratitud podían ser pócimas mágicas llenas de vitalidad.
Hadita aprendió que nunca nadie, ni siquiera vestido de negro tiene suficiente fuerza para romper la magia de un cuento y la naturalidad de la gratitud.

One thought on “Muchas gracias por estar ahi … hoy otro año más con todos

  1. Es precioso tu cuento, maravilloso, pero es verdad que muchas veces hay que contar cuentos aunque no sean verdad, para poder mantener la ilusión, la vida en si es pura ilusion, y cuantas veces sin querer tenemos que creer en cosas que se nos vienen a la imaginacion, pensamos en un buen trabajo, una buena fuente de ingresos, una gran familia, mucha alegria en una fiestas, si nos damos cuenta y perduramos en nuestro optimismo, todo llega, lo que ocurre es que tarda mucho.Nunca tienes que desfallecer, has de ser superfuerte, ahora no tienes trabajo, no tienes casi dinero, pero tienes una gran familia que te quiere, te ayuda en todo lo que puede, tienes gran cariño de tus padres y de todos.Te queremos mucho feliz cumple.TU GRAN AMIGA QUE JAMAS TE ABANDONARA, Y A LA QUE PUEDES CONTAR TUS SECRETOS, QUE ELLA NO LOS COMPARTIRA CON NADIE, SOLO LO COMPARTIRA CONTIGO PARA AYUDARTE EN LO POSIBLE, ERES UNA GRAN HADA PARA TU MADRE.UN BESO MUY FUERTE

  2. feliz cumpleaños, neye… no se si las hadas son inmortales, pero te aseguro una cosa, su legado si lo es, y tu dejaras un gran legado en este mundo… un beso y como suele decirse, que cumplas muchos mas, pero con mucha felicidad… muacks!!

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