El amor a partir de los 40

Los cafés pendientes

Aquí os presento un podcast con retales de la entrada anterior, más interactivo

El café pendiente

      Esta mañana no sonó el despertador del teléfono, es la primera vez en años que no ha sonado, tuve la suerte que mi reloj biológico me avisó que era tarde y abrí los ojos de inmediato, miré mi pulsera de esas que llaman inteligentes y vi que eran las 7:40.

      Levanté la mirada y encontré a mis dos niñas durmiendo a pierna suelta, la primera bajo las sábanas y la felina a los pies de ella, les dejé unos minutos más mientras yo continuaba con mi rutina de las mañanas, preparar desayunos, hacer la cama, fregar lo de la noche anterior, todas esas cosas típicas que haces cuando has de comenzar el día.

     Al volver de dejar a Carpeta en el cole eché mano del teléfono para mirar la hora y me saltó un recuerdo del Facebook donde decía “esperando a mi sobrino” … fui consciente de como pasa el tiempo y que en unos días cumple años el casi hermano mayor de mi niña, nada menos que once años han pasado, si no recuerdo mal aquel día Txema y yo estábamos en Irún y en unos días de vuelta a Valencia.

     Entonces mientras caminaba pensé, el sábado no logramos vernos con Rosa  porque era la primera vez que el próximo cumpleañero salía con los amigos , por la mañana aunque preguntamos si alguien se animaba a ir al parque Rosa lo vió más tarde y no nos concretamos, quedamos en que a la vuelta del cine hablaríamos y así nos veíamos, al mirar el teléfono recordé que había olvidado avisarla yo. 

      Y entonces me vino a la memoria la canción de los cafés pendientes.

      Hay cafés pendientes que se quedan grabados en tu alma para siempre, son esos que dejaste pasar sin pensarlo porque había mil cosas pero luego no llegan nunca, como por ejemplo el café con Fran. En nuestra última conversación me dijo que había que concretar ese café con urgencia porque tenía preparada una sesión de fotos caracterizada estilo elfos y hadas y que quería que le acompañase para darle ideas e incluso participar, siempre fue seguidor de mi luna y había pensado que incluso podríamos ambientar algo en ella. Esé café no llegó nunca, la última vez que lo vi fue en el tanatorio donde nos despedimos de él tras su accidente de coche donde nos dejó a todos. La última vez que nos vimos me contó que había decidido dejarlo todo e irse al pueblo para montar su gabinete de fotografía, me dijo eso de “llevo media vida dejándome los cuernos en el trabajo, en el amor y en mil historias insulsas y al final nos queda una y quiero vivirla como quiero Laura”. Lamentablemente su tiempo en el pueblo no fue mucho porque en uno de los viajes de vuelta del pueblo a Valencia  al volante se quedó.

     Hay cafés pendientes que piensas que nunca los harás y sin embargo llegan por sorpresa, un día recibes una llamada estilo “Estoy en Valencia, ¿nos vemos?” o un “solo decirte decirte que ojalá algún día podamos tomarnos una cerveza juntos 😊 “, este café el más bonito después de 20 años separada recibes la sorpresa de tu primer amor que está de vuelta.

Los cafés pendientes pesan mucho, a veces se llenan de dudas y los alargas porque no tienes claro si hacerlos es una buena idea o quizás un acto camicace, son esos cafés que huelen a comienzo o final de historia. A veces les pondría hasta nombre, estilo telenovela “Café con aroma de mujer”, “El café de la despedida”, “No te marches, que no has terminado el café”, “Las risas en nuestro café”, “El café mágico” … podrían escribirse una teleserie o una novela tan sólo con los títulos de los cafés pendientes.

Luego están los cafés que suenan a “serías la última persona en el mundo con el que me tomaría ese café”, estos son los terribles. Es algo así como estar ante un precipicio sujeto a la barandilla del puente y preguntarte si el que tienes mirándote desde arriba será capaz de extender la mano para ayudarte a subir o se dará la vuelta para seguir caminando pasándose por el forro lo que tu estás viviendo. Son los cafés para el que los busca de “la última oportunidad”, del arrepentimiento, del “la he liado y me gustaría que me perdonases”, del te echo de menos, ¿me echas de menos tu?. Estos cafés están a la virtud del invitado que deberá decidir que hacer con la invitación si aceptarla y resolver las diferencias o tirar tu invitación a la papelera y hacer un vacío eterno sin despedida.

Después están los cafés de “Tenemos que hablar”, estos suenan a ruptura, a cerrar puertas que se han quedado entreabiertas. Son esos que cuando estás en pareja y  recibes la invitación empiezan a temblarte a las piernas porque todo tu mundo fantástico de amor y planes de ensueño tiemblan porque algo hay que hablar.  Estos cafés tienen aroma a reproche, a algo así como “algo falla” y tienen dos  salidas, la puerta de “pongámonos de acuerdo y mejoremos” o “tu tienes tu punto de vista, yo el mío y jamás llegaremos a un consenso”.

El problema empieza cuando alargamos ese café pendiente, nos aparecen mil cosas que hacer antes que llegar a ese día y hora, entonces es cuando debemos preguntarnos como de importante es ese café para nosotros, en que lugar deberíamos poner ese café ante todas las responsabilidades que tenemos y sobre todo las ganas que tenemos o no de él.

Alargar un café pendiente tiene sus consecuencias, nos lleva a la lejanía, quizás hasta a la indiferencia que aparece en la perspectiva de los que deben acompañarnos en él y quedan a merced de su propia elección, pueden hacerse comprensibles o quizás inadmisibles.

Es importante no posponerlos si para nosotros suman, sumar en la vida siempre es un complemento que nos hace felices y más humanos.

A mi los que me encantan son los “cafés tras la resaca”, esos cafés en los que despiertas en compañía tras una noche desorbitada de sexo y lujuria, donde quizás ni has dormido y necesitas doble taza para mantener el día que queda al volver a casa con una buena sonrisa.

También cuando despiertas tras una noche de cena, bailes y conversaciones con buenos amigos y buscas ese café para desperezarte y salir corriendo para encontrarte con tus amigos y rememorar las aventuras de la noche anterior como si no se hubiera terminado. No olvidemos dentro de este tipo de cafés el “café del resopón” donde te despides de una noche de juerga colosal entre amigos y celebras el amanecer en buena compañía como si tuvieses 20 en lugar de los 45.

Pues eso, que hoy me levanté con el rin rin de los cafés pendientes y me he propuesto no posponer ninguno que sea importante, aunque tenga que poner disciplina en mi agenda para poder compartirlos.

Os aconsejo buenos amigos que hagáis lo mismo, porque compartir el tiempo con las personas que quieres y suman beneficia nuestro día a día y nuestra felicidad, y hasta seguro que es bueno para las arrugas.

Mis dos amores

Sueños de una noche de verano, por ejemplo

     

       Mamá dice que no escribo con la frecuencia que antes lo hacía, lleva más razón que un santo pero hay veces que hay miles de cosas que hacer antes que te alejan de todo ese universo de las letras que te envuelven.

     Han pasado muchas cosas desde el verano, tanto que diría que hay un antes y un después , como si del 19 de Agosto al 1 de Septiembre hubiera aparecido un ciclón que se hubiese llevado todo para devolverme de nuevo a mi estado normal de siempre, tranquilo y sosegado.

      Desde principio de año he tenido un torbellino de temas de salud, una auténtica locura, desde terminar de recuperarme de la operación de mastectomía, quitarme el mioma ese que tenía desde los 18 años y ya le había cogido cariño hasta en el mes de mayo poner a mi bubu derecha a la altura de su amiga la izquierda, vamos que hasta el mes de Julio prácticamente no he sido persona a base de recuperaciones.

       Todo un reto el lograr terminar mi curso de Técnico en recursos humanos de 790 horas que más que un curso parecía una carrera de obstáculos donde no sabía si con las faltas de tanta intervención lograría llegar a las horas suficientes y que no me penalizaran. Y así llegué hasta Nortempo a hacer mis prácticas con un equipo fantástico donde aprendí el maravilloso mundo de selección en una ETT.

       Aquellas chicas probablemente podrían ser algunas mis hijas y allí estaba yo, feliz e ilusionada a mis 45 años de becaria en una empresa de trabajo temporal ofreciendo empleos a la gente que para mi sorpresa no tenía muchas ganas de trabajar a pesar de la que estaba cayendo, que si ese horario no me va, que si pagan poco, que si me parece fantástico el trabajo que me ofreces, pero el primer día he llegado tarde o no me he presentado. Conocí de cerca el mundo de la subcontratación como digo yo desde las canteras, haciendo la selección pura y dura.

       Cuando llegué a aquella oficina casi me da un sincope, al abrir el ordenador tenía 500 mails, pensé donde cojones me he metido que antes de empezar ya me han escrito todos. Luego pude comprobar que habían abierto mi cuenta el jueves y yo entraba el martes, tenía 4 días d atascos de currículums.

        Habían preparado mi sitio con mucho mimo y hasta Ariadna que estaba de vacaciones tuvo que meterse en el despacho del jefe para que yo pudiera hacer mis prácticas en la mesa donde ella estaba.

        Durante ese mes debí leer más de 3000 currículums, es curioso la variedad que tiene la gente, en formas, colores y detalles. Nunca dejas de sorprenderte, vi algunos con fotos de selfie en un baño, otros de mozos/as estupendos enseñando cachete o morritos y el más espectacular uno que recuerdo que estaba de espaldas. Supongo que la técnica de aquella persona debía ser la sorpresa, algo así como llámame y pregúntame porque estoy de espaldas (suelo ser bastante positiva en mis apreciaciones).

    Lo más bonito de ese mes, cuando el último día mis compañeras me dieron la sorpresa de un café con pasteles y un regalo como agradecimiento en todo lo que les había ayudado, las lágrimas se me caían, había sido una de las becarias “top ten” de Nortempo, y es que estas chicas son un amor porque en un mes poco tiempo da a apreciar las virtudes de una.

      Tras la operación del mes de Mayo de mastopexia, que me pusieron bubu derecha a la altura de bubu izquierda de repente me vino como un subidón, algo así como ostia, mis tetas de madre lactante han pasado a ser dos bubus molonas de niña de 25 y me vinieron las ganas de comerme el mundo o por así decirlo volver a picaflorilandia aunque fuera por una temporada.
       Y así empecé el verano, abriendo los ojillos de nuevo a las tentaciones no tan vanales como especiales.
      El único tema que siempre he tenido es que no tengo término medio para estas cosas, procuro mantener un equilibrio pero a veces se me van de las manos y vuelvo a las malas costumbres.
     Y si, pasé de estar felizmente sin compromisos a toparme con dos a la vez, como en los viejos tiempos.
    Complicada gestión esa de ir alternando dos historias cuando ninguno de los dos era capaz de mantener una historia fluida, preocuparse por cuando iba de médicos o simplemente devolverte la llamada o escribirte de vez en cuando para ver como te iba la vida.
      Y así apareció Marcos que había llegado a la ciudad hacía poco y no conocía a mucha gente, como buena anfitriona me brindé a echarle un cable enseñándole la ciudad, presentándole amigas y amigos, dándole un espacio y haciéndole que todo fuese más fácil, para que no añorase demasiado a los suyos. Y así se hizo un espacio en nuestro verano, entre risas, canciones y alguna que otra salida entre amigos. El problema es que Marcos nació cansado, posiblemente tanto aderezo fumado le tenía en otros lares lo que al final terminó alejándolo un poco de cualquier cosa parecida a “una relación”.
      Aún así Marcos es un amor, en sus buenos momentos me reía con él hasta hartarme y todavía sonrío cuando recuerdo algunos momentos nuestros que le hacían especial porque parte de su encanto radicaba en eso, esa parte asocial y dispersa que le cubrían de gloria en los momentos risas.
Y entonces volvió a aparecer Rick , a que le devolviera el dichoso puto libro de brujas que no valía nada más que el valor sentimental que le otorgaba que lo hubiese escrito el marido de una de sus mejores amigas. Y así llegó, como si nada, como si de repente se hubiese olvidado que había llorado su ausencia meses y me había olvidado definitivamente de él, que me había dejado solita en momentos delicados y que había pasado más de un año sin que hubiese respondido a ninguno de mis mensajes.
       Y allí llegó el, con su motito de siempre a poner su bracito en mi pierna y ver atardeceres maravillosos junto a la albufera mientras que te picaran los mosquitos y el calor pegajoso fueran toda una película llena de corazoncitos. Y nos volvimos a encontrar, y surgió esa chispa que nos había encandilado hacía años, a que mala hora no tiré el candelabro al agua y hubiese dejado pasar tanto “bonito reencuentro”.  

       Y entonces llegó el momento, ninguno de los dos quería nada, pero eso sí, no les hacía ni puñetera gracia que estuviese paseando por el jardín a mi aire.
      Y fueron unos días de idas y venidas, pensando que hacer hasta que tomé una decisión retomar, aunque fuera de lejos la historia con mi querido Rick. Y es que Rick tiene algo que no tiene nombre, no me preguntéis si magia, brujería o simplemente me había quedado anclada a su recuerdo como dice Raul porque venía con el lote de la enfermedad que pasé y por eso lo tenía atascado.

      Lo más curioso es cuando te sientas con tus amigas y le cuentas un poco con miedo todo lo que te está pasando y has vuelto a una historia pasada. Te vienen con eso de si es lo que “tu quieres nosotros estamos felices”, “mujer, todo el mundo tiene derecho a equivocarse así que adelante”, o ese “si tu eres feliz ni caso al mundo”. Entonces sonríes, pero luego las miras bien y sabes que en su cabeza tienen ese “pero eres tonta o que”, “dios del amor hermoso” …
      El único que me dio un consejo sabio fue Visun, mi querido Grey, me dijo eso de “Laurita, de esta decisión de segundas vas a aprender porque la primera lo dejaste y te darás cuenta de lo idiota que has sido”, “porque si la primera la jodió la segunda no va a ser menos, te lo va a confirmar”. Si tuviera que posicionar a Visun en su sabiduría lo haría a la derecha de dios padre, onmipotente y acertando.
        Y si, claro, así fue, Rick se acordaba de mi cuando tenía tiempo perdido, y entonces había que quedar, hablar por teléfono, dialogar y todas esas cosa que se supone que se tienen dos personas pero cuando le tocaba su espacio desaparecía del mapa sin más. A mi no me importaba, no consideré una vuelta a la relación pero para mi sorpresa tras desaparecer a su vuelta exigía derechos que no procedían como que estuviese sólo con él y para él.
        Había olvidado esas pequeñas excentricidades que me alejaron en su momento, como que hablaba solo, que a veces aunque fuera a mi lado parecía que iba con otras personas porque no me hacía ni caso porque vivía en su mundo y como no esa manía de hablarme como si tuviese la razón en todo y yo no fuese más que una aprendiz.
        Pero bueno, no vamos a ponerle tan verde al pobre, porque dos no están si uno no quiere y si bien es cierto que tanto nos queríamos como no nos aguantábamos, y es que hay veces que por mucho que el amor te llene (llamémosle chispa o magia) cuando no te aguantas, no te aguantas y no hay vuelta de hoja por mucho que te esfuerces.
       Y así fue pasando el verano, donde apenas nos vimos cuatro veces aunque hablábamos por teléfono para ver que tal nos iba todo.
      Sin más dilaciones y tras unos días juntos supe que quien se equivoca que se joda, y así fue tras una decisión errónea tenía que aceptar que todo lo que me fuera a pasar era ganado a pulso por tonta, por confiar en que el amor de nuevo cuando tenías una pared de frente para estamparte desde el momento 0.
       Y es que cuando a alguien le molesta que arrastres los pies al andar, cuando a ti te gusta la luz encendida porque no te ves y a el le molesta porque prefiere la oscuridad, cuando te recuerda los kilitos que te has echado desde la última vez porque le resulta divertido (claro el no sabe lo que te ha costado aceptar que el puto taximofeno retiene líquidos y por mucho que te esfuerzas en mantenerte los kilitos han llegado) no hay polvo que valga para sufragar los desperfectos.
      Y así me vi, haciendo de tripas corazón para no salir corriendo y aguantar el tirón paseando con alguien que va a su aire y has de hacer las visitas sola.

       Al final de la experiencia te llevas eso de el que tiene boca se equivoca, o te comes lo que has cocinado. No entenderse no significa tener que estar tirándose los trastos hasta dejar brecha, me quedo con eso de que al menos nos podemos tomar un café sin matarnos.
       En este verano de las que he disfrutado son de mis niñas, mis sisters del alma que han hecho que las risas, la buena compañía y las salidas me devolvieran esa vida que otras cosas me ha ido arrancando.
        De mayor quiero ser como ellas, golfas y con la agenda llena de salidas, amigas y despiporre, y sobre todo disfrutar de noches de lujuria con la frecuencia que ellas se gastan.
       Las quiero tanto que seguramente si me pongo a pensar en la noche más feliz ellas están con su copita en la mano, Bego con un vino blanco como yo y Bea con una cervecita.
         Un día tras una noche de marcha descomunal decidimos abrir un grupo de amigos de amigos donde juntar a los más pirados que conocíamos solteros y con ganas de divertirse, y es que cuando la gente conecta vale la pena conservarlo. Y así nació Tot per l’aire, un grupo donde despotricamos sobre la vida, nos organizamos para ir de concierto y planeamos las noches de despelote totales. Y ahí estamos las sisters moviendo el cotarro.

        Y entre tanta salida hemos tenido bonitos reencuentros, como con los granadinos más auténticos, el primo zumosol que aparece en los mejores momentos como cuando a la Betty se le juntan dos rollos en la misma discoteca y aparece él a poner orden o cuando la noche se ha dado la vuelta porque dos personas que son tus amigos se han reencontrado tras mucho tiempo y tu no tenías ni puta idea de la historia.

         Luego está el Fito, mi eterno brother que este verano lo he tenido echándome la bronca porque he pasado tres pueblos de ESENEU, eso si, el mes que el pasó por aquí no se digno ni a sentarse una tarde a hablar de temas importantes, estaba demasiado ocupado llevándose a Carmeta al Consum que me la ha dejado traumatizada por los paseos desde casa hasta el perello a 40 grados al solico.
        Y si me tengo que quedar con una imagen más bonica, la de mi libertario, el eterno Hector que este verano nos ha enseñado que se ha hecho un hombrecito y se lo ha pasado de miedo en la piscina de Silla. Capaz de llevar todos los accesorios necesarios para entrar : manguitos, flotador y además las gafas de bucear … más seguro imposible.
       Este año las vacaciones han sido en Silla, mamá y papá decidieron que el aire acondicionado del pueblo tampoco era una mala idea con los calores que nos han traído este verano.
       Carmeta se está haciendo una mujercita, ha crecido tanto que dentro de poco me sacará la cabeza, es increíble como pasa el tiempo.
       La pobre ha pasado ha pasado un mes de agosto un poco movido, se le ha quemado el bosque de donde pasaba las vacaciones con los tíos (Bejís) , también un accidente de tren en el pueblo(Caudiel), después un golpe en el coche, otitis, le ha picado una medusa … esto último en la misma semana.          No entendía muy bien la pobre eso que le decía que “le había mirado un tuerto” así que decidimos hacer una limpieza de energía en casa. A mi con la energía me fue bien pero a la pobre no le mejoró hasta que pasamos a ver a la virgen y le pusimos la pulsera protectora de la maga como le llama ella.
       Al final la suerte es cuestión de cada uno, de creer o no creer pero lo que está claro es que cuando te empiezan a pasar mil cosas raras y extrañas es porque tienes algún cenizo al lado que si no te lo quitas de encima, así que hay actuar y enviarlo a tomar por saco.
        Por fin las cosas han vuelto a su sitio y a mi estado de paz usual, soltera, entera y feliz. Disfrutando de la gente que quiero y como no de los buenos ratos que la vida te va regalando.    

        En estos días he decidido disfrutar la vida al día, sin pensar en mañana. Beatriz que se nos ha vuelto muy espiritual dice que lo mejor es eso de la meditación, aunque a ella no le ha venido muy bien por eso de la otitis gorda que ha cogido por dejarse los cascos puestos por las noches escuchando a la del YouTube que le cuenta paso a paso como llegar al estado zen que tanto le chifla.

      Y es que hay cosas que nunca cambian aunque parezcan tópicos, es como eso de que veas un vasco y enseguida te haga un “ays como mola”  en la cabeza porque siempre tuviste predilección por ellos desde que conocistes los amaneceres verdes. 

      Si hay algo con lo que me quedo, de este verano y de cada día es con la energía y fuerza que desprende mamá, esa entereza, esa fuerza, ese todo que me llena el alma. Su alegría es la mía y los días que se tiene que quedar en la cama porque las fuerzas no le llegan un trocito de mi se queda a su lado y mi estrella tiembla pero sé que siempre, siempre tiene esa sonrisa, palabra y abraza que te levanta el ánimo aunque ella no lo tenga. 

        Hoy mamá vuelvo a escribir un ratito, para contar parte de este verano que ha pasado y para que este pasaje te haga desconectar un ratito y te rías un poco. 

        Te quiero quiero con locura mamá, que no se te olvide nunca

Reflexión sobre el amor a los 45

      A veces el amor pasa por la ventana y lo saludas desde lejos preguntándote cuando entrara a la habitación a compartir contigo una bonita conversación y quedarse. Los tiempos cambian y con ellos también los conceptos de querer a alguien, he pasado media vida queriendo y desqueriendo; unas veces llena de sonrisas y otras envueltas entre sollozos y es lo que tiene el amor, que te envuelve por sorpresa y te desarropa a la misma velocidad con la que llegó.

      En estos 45 años recién estrenados he vivido el amor de mil colores, con locura, con desdén, aburrimiento e incluso de manera misteriosa. Me he preguntado que es mejor si amar como un adolescente o asumir ese concepto de amor maduro que todos dicen pero que resulta tremendamente aburrido.

      He amado tanto y con tanta intensidad que a veces me parece que se me ha gastado y he pasado de ser una enamorada incondicional a ojalá y nadie me ponga condiciones cuando hablemos de amor.

      Los tiempos como dice Jorge han cambiado y no todo el mundo está preparado para relacionarse con las nuevas maneras, quizás más abiertas, quizás más déspotas o simplemente más acordes al tiempo que vivimos donde las personas tienden a relacionarse dejando a un lado los compromisos que condicionen esa libertad individual.

      Las personas prefieren explorar su espacio y crecimiento personal a aventurarse a compartir el mismo con otras que puedan condicionarles sin apreciar que a veces el espacio compartido te deriva otras bonitas satisfacciones como estirar la mano y tener al lado a tu compañero/a, mirar de reojo hacia el otro lado y ser cómplice de todos los sentimientos que te nacen dentro y sólo él comprende. En esos momentos ese espacio se multiplica por dos para poder retozar alegremente en él. 

Han sido tantos los amores que he paseado que se me han perdido en el parque cada uno en un columpio porque he sido incapaz de conservarlos sentados en el banco de la estabilidad. Unas veces me amaron tanto que se cegaron en las maneras, otras y esas son las más el amor se terminó porque el cariño y el tiempo se desgastan si no sabes sacarles brillo.

       En otras ocasiones nos amamos mucho, pero teníamos caminos distintos, y el que bien ama sabe renunciar a sus intereses si en ellos su compañero termina renunciando a sus sueños. A veces el amor se termina por miedo, quizás al compromiso o quizás a responsabilidades que se le hacen grandes, estos son los que más duelen porque jamás los esperabas, pero a la larga son los que te hacen más fuerte y te dan las mejores satisfacciones.

      Los amores cobardes son capaces de dejarte sola con una hija y también enfrentarte sola al cáncer, gracias a ellos aprendes a valorar el esfuerzo de entender que hay razones que no tienen anclaje, ni siquiera cuerda para entenderlas, que son huracanes que llegan y se lo llevan todo.

      El amor tiene su propio idioma, ese en el que los diminutivos te hacen más grande, en los que con un gesto o una mirada eres capaz de transmitir todo un discurso entero, un idioma con silencios que llenan una habitación y donde las palabras envuelven cuando vienen con cariño,

      Y el amor con el tiempo cambia, o al menos eso dicen. Yo he amado hasta escocerme el alma y recordado estrellas rescatadas del fondo del mar, paseos por Paris o despedidas eternas en una estación de autobuses en Donosti. He amado el mar en sus tablas de surf, los amaneceres verdes del norte, los besos en fin de año en la plaza Mayor con aires sevillanos y como no los maravillosos paseos en la ciudad condal envueltos de la comodidad de la rutina.

      Y al final las experiencias van llenando el vaso y cambias con los tiempos. Entras al jardín donde las mariposas vuelan a su antojo parándose en la flor el tiempo estrictamente necesario para obtener el polen y volar hasta otro lugar.  Algunas marchan, otras mueren y hay algunas que se quedan en el jardín encerradas y te las encuentras en varias ocasiones, estas ya cuando pasan se toman su tiempo para conversar un poco pero luego levantan el vuelo de nuevo.

      Y entonces es cuando empiezas a encontrar normal y cómodo cosas que cuando hablas de amor no lo son. Sales, charlas, compartes un rato, practicas sexo, pero en cuanto terminas recoges tus cosas y te vuelves a tu casa. Llenas el día a día de muchos momentos quizás con uno o quizás con varios, pero te deja ese sabor insulso de haber compartido algo sin más, un rato que ni cuece ni enriquece porque a la vuelta se ha quedado en el momento.

     Nos acostumbramos a esa soledad cómoda que nos destierra de compromisos, pero nos resta de esos momentos tiernos que te hacen sonreír al imaginarlos, te alejan de esas cosquillas en el estómago que te hacen temblar cuando vas a volver a verlo.

 

     En este tiempo he afrontado la vida y sus vaivenes sin compañero en la silla de al lado, soy feliz de esta manera pues el amor lo tengo cubierto con mi pequeña, familia y gente que quiero por eso ahora que supe que la vida también caduca no me importaría apostar si el camino me invita a ello.

     Cierto es que con el tiempo y la soledad nos volvemos quisquillosas, exigentes y quizás protestonas, que para entendernos hace falta algo más que un diccionario y experiencia, que echamos carácter, pero también es verdad que somos honradas, sinceras y no hacemos perder el tiempo.

     Ayer, mientras iba en el coche volviendo de Valencia recordaba me preguntaba donde tenía el amor. Recordé entonces aquellas mañanas en las que mi primer amor desayunaba sentado en la habitación a mi lado porque le costaba despedirse de mí, los encuentros inolvidables en acantilados de Benidorm, las lágrimas del sí quiero. Recordé las risas de una habitación desordenada, los viajes a Argentina y las interminables despedidas desde Valencia a Barcelona. Recordé las noches de Ford fiesta en Sevilla y su fin de año. También recordé a mi querida Rosa con su brownie diciendo Laura, esto ya lo hemos vivido.

     Y entonces supe que me he cansado de amores insulsos, de noches de polvo y cada uno a su casa, de yo soy un alma libre y sólo te quiero como amiga, de necesito mi espacio o un ya nos vemos o hablamos.

     Estoy cansada de esas peroratas estilo es que “eres una idealista”, que “el amor es otra cosa”, que si “tienes la mecha muy corta” o quizás que esa que tanto les gusta a todos de “tu no necesitas a nadie”.

     Y si, realmente no necesito a nadie porque mi vida es bastante completa y he perdido el miedo a muchas cosas, pero tengo claro que me he cansado de marear la perdiz y dar vueltas en historias incompletas.

     Así que a todos aquellos que me venís con la historia de tengo mucho que vivir o esta canción no es la mía, sentaros a mi lado, os escucharé si me apetece o hasta incluso compartiré alguna cosa más pero respetad mis silencios o distancias porque no existe sinergia en eso que estamos buscando.  Y si existe hacédmelo saber sin tabúes o vueltas y entonces decidiré hacía donde dirigirme.

     La vida es una y cada segundo que pierdes no vuelve, así que cuando hablemos amor si tengo que escoger me quedo más con una pareja que con historias pasajeras, ese compañero que te devuelva las risas, la magia y la chispa para recorrer esos espacios donde el agua y la tierra explotan en su máximo esplendor

WEBS AMIGAS

ESENEU (Españoles en Europa)

EncontrandoTrabajo

Ramón

      Cuando me encontré con Ramón en Facebook y su propuesta a un café lo primero que le dije fue, ¿Tu que te piensas?, ¿recuerdas que salí con tu mejor amigo seis meses?-a lo que respondió muy cordialmente, de eso hace tras años y que yo sepa en esa época ni te conocía.

     Elga me dio unos buenos argumentos para que ese café se materializase así que me animé a conocerlo.

      Ramón es todo un personaje, 45 primaveras y está estudiando Integración social, da igual que sea abogado penalista penitenciario o administrativo sancionar, el prefiere vivir ajeno al sistema, aunque su oficio tenga algo que ver con el tema.

      Se define como alma libre, tanto que a veces volando se ha perdido y si puede vivir sin trabajar mucho mejor.

      Es un bucanero que adora el mar, cumplió uno de sus sueños comprarse un barco para algún día dar la vuelta al mundo, el único problema que tiene es que no ha conseguido que arranque desde el día que lo compró porque el motor ha muerto sin zarpar, eso si él y su marido siguen arreglando, aunque esté varado y han cogido un amarre en la Marina que les da un glamour insospechado.

      El piensa que las nenas se le acercan por eso del barquito, yo le recuerdo que con todos los barcos que hay meterse en el de un punki añejo es más una opción que una elección.

      En realidad, tiene su encanto, cualquier cosa es divertida si viene de su mano porque a todo le pone la ilusión de un niño aunque sea una puta mierda.

       Se define vegano y animalista, pero en realidad cuando le ponen un helado delante se ha olvidado de las vacas y es alérgico a los gatos, con lo cual eso de cuidar gatos se sale del concepto.

      Aun así, es un amor porque todo a su lado siempre es una aventura nueva.

     A día de hoy sigo manteníendole entre mis mejores amigos y me siento afortunada de ello