Feliz año 2023
Feliz Navidad
El amor a partir de los 40
NO QUIERO MÁS DRAMAS EN MI VIDA
Los cafés pendientes
Sueños de una noche de verano, por ejemplo
Ramón
Sentimientos encontrados tras recibir la noticia
Asumir que tu vida ha cambiado y que tu enfermedad es grave y te hará cambiar la vida es muy difícil. Una puede ser la madre más coraje y la roja más auténtica pero cuando te has de enfrentar a la palabra “cáncer” una se acojona por todos los lados y para tu sorpresa toda esa gente a la que quieres entra en un bucle de no saber qué hacer contigo que te hace hundirte en la puta miseria.
Y es que la gente no tiene cabeza, les cuentas lo que te sucede y en lugar de darte las fuerzas te preguntan directamente que grado tienes y si te van a dar quimio o radio; cómo explicarles que te acabas de enterar, que no tienes ni puta idea de que es un tumor in situ y un tumor infiltrante y que lo que menos ganas tienes es de que te estén preguntando si vas a morirte o te vas a recuperar porque según el grado probablemente será un diagnóstico u otro.
De repente la soledad te invade el alma, ves que te has tirado media vida ayudando a todos los que necesitabas y ahora que gritas a los cuatro vientos “socorro” nadie sabe cómo arroparte y hasta hay quien te había prometido amor eterno y sale corriendo por patas a la semana.
Y te ves delante de tu cirujano que te cuenta las cosas con detalle, que te explica los pros y los contras, pero te indica que no tengas miedo porque van a estar allí para ayudarte. Lamentas haber tenido que ir sola a la consulta porque te has perdido la mitad de lo que te han explicado porque no has entendido la mitad de las cosas; suerte que después está Concha, la enfermera de mama que te mira y responde a tus preguntas.
- ¿Y yo solo quiero saber una cosa? De esto puedo morirme, porque sabes soy madre soltera y tengo una hija que sólo me tiene a mi.
- ¿Cuántos años tiene tu hija?
- Siete …
- Tranquila Laura, de esto no se muere nadie a día de hoy así que vas a poder disfrutar de tu hija todo el tiempo del mundo y verla crecer.
Entonces haces de Concha tu mejor amiga, algo así como la virgen de la anunciación que se aparece y te dice “Laurita has de pelear porque te viene la tempestad, pero saldremos a celebrarlo pronto porque siempre has ganado las batallas”.
Te sientes tan vacía, te hubiese gustado tener la mano de Rafa como cuando recibiste las primeras buenas noticias o a papá para darle un abrazo de nuevo, quizás alguna amiga que te hubiese acompañado, pero no, el mundo está repartido en otras cosas y la que tienes que comértelo eres tú y solo tú.
No hay consuelo que sepa llenarte, solo los momentos de desconexión; de repente quieres salir a gritar a los cuatro vientos auxilio, lo haces, pero la gente anda ocupada en otras cosas y eres consciente que tu condición como siempre es la de sacarte las castañas del fuego por ti misma sin más.
Suerte que papá y mamá como siempre ahí están, el escuadrón suicida se subió en el barco de la puta enfermedad hace un tiempo y al final no tienes más remedio que acomodarte e ir remando, como si no pasase nada, como si la vida continuase, pero hubieras de empujar más fuerte la puerta.
Un abismo te llena el alma, la gente que quieres no está o no sabe qué hacer, quizás sea la puta pandemia que nos dejó a todos locos, quizás que la gente tiene sus miserias y no tiene ganas de llenarse de más historias o tal vez que te quieren tanto que prefieren hacer oídos sordos y no darle importancia al tema.
Y empiezas a escuchar esas frases de:
- No debes de tomártelo así, siempre estás hablando de lo mismo, no es la actitud esa. Tienes que luchar, esto no es nada, muchas personas lo han pasado y tú también lo harás.
No me jodas, que me estás contando. ¿Cómo que no pasa nada?, que te pase a ti cojones y verás cómo te sientes. Quien te ha dicho que no voy a luchar, para cojones los míos, pero dame tiempo a asumir todo esto; no necesito ahora que me digas lo que debo hacer, sino que me arropes y me acompañes en este momento que el mundo se va al traste.
Conforme van pasando los días una se va haciendo más fuerte y te sientes feliz cuando logras conciliar el sueño. Te vuelves egoísta y empiezas a ver cosas que antes no veías, empiezas a valorar cosas que antes pasaban desapercibidas como leer un libro y entras en otro mundo, el mundo de color rosa.
Puta mierda de rosa pero que de alguna manera te reconforta, pasas a afiliarte al partido de las “luchadoras pink”, y no es que seas un icono sexual de guerrera en tanga no, pasas a ser la guerrera que le van a quitar la teta y le van a dejar hecha un trapo hasta que recupere la entereza de siempre.
Cada día suma, sabes que a lo largo del día todo te va a afectar cinco veces más, que vas a llorar porque a tu hija le ha salido una espinilla, porque tu amiga te rescata un martes cualquiera para ir a bañarse a la playa, aunque se resfríen los niños, porque has chafado una mierda y tu día es terrible. Las lágrimas pasan a ser un espacio más y has de aceptarlas mientras te alivien, el miedo se hace compañero y aprendes a llevarlo y las esperas son terribles.
Aprendes a diferenciar a quien bien te quiere y te cuida en esos momentos, a valorar las cosas bonitas y a dejar marchar las que no aportan. Aprendes refranes estilo “A enemigo que huye puente de plata” y a asumir cosas que nunca imaginas que vivirás.
Miles de preguntas sin respuesta te demuestran que la vida es una y hay que pelear si o si, pero también aprendes que a partir de ahora tu tiempo y tus preferencias van a ser tuyas; que seleccionarás aquellos momentos que quieres vivir y aquellos que quieres apartar.
Y lo más importante vas a hacer una lista de todas aquellas personas que vas a invitar a tu “Super-fiesta de he ganado la batalla” y a cuales vas a enviar a tomar por el culo.
Ahora sabes que vas a luchar, pelear y cagarte en la puta madre de quien haga falta para superar algo que te aterroriza pero no va a poder contigo aunque tengas que hacerlo sola porque esa es la vida que te ha tocado siempre.
Suerte que en el camino se abren horizontes y personas que viven la misma experiencia y de alguna manera te arropan para que lo viene pueda ser más llevadero.
Así que en esta dura espera hasta mi mastectomía y en virtud de lo que me queda por llegar que no es poco luciré mi hermosa teta izquierda con su cicatriz estos días hasta que pase a ser la marciana de acción mutante con una teta de silicona.
Y lo más importante vas a hacer una lista de todas aquellas personas que vas a invitar a tu “Super-fiesta de he ganado la batalla” y a cuales vas a enviar a tomar por el culo.

Estas cosas pueden pasar
Era jueves día 10, ese día el comando G (mamá, papá y yo) nos fuimos juntos a la fé; mamá a su quimio y papá se iba a repartir acompañando a mama y luego a mí a por los resultados.
Al entrar a la consulta vi que no estaba mi médico y en su lugar una simpática cirujana que sin pestañear me dijo tranquilamente:
“Los resultados de la biopsia de la masa indican que tiene usted un carcinoma ductal de 2 cm, uno de ellos in situ y otro infiltrante”.
No podía creer que me estaba contando esa buena mujer; dije disculpe pero no entiendo, la biopsia decía que lo que me iban a quitar era benigno, ¿Me está diciendo usted que tengo cáncer?
La mujer me miró más sorprendida que yo, como diciendo ¿ah que no lo sabía?, levantó los ojos del pc y apenas respondió un “Si, efectivamente”.
¿Cómo es posible?, le pregunté a lo que respondió “A veces estas cosas pasan”.
De repente se abrió un abismo, no podía creer lo que me estaba pasando; quería pensar que aquello era un sueño y no me estaba sucediendo a mí; pero no, muy a mi pesar era la puta realidad.
De repente un eco se quedó grabado en mis neuronas: “Estas cosas pasan” … con un sinfín de argumentos contradictorios estilo :
“No señora, estas cosas no me pueden pasar a mi, tengo una vida entera que vivir y no estoy preparada para esto”
“No señora, esto es un sueño y me despertaré mañana, esto no me puede estar sucediendo a mi”.
Cual sería mi cara y estupefacción que la propia médica decidió que debía hablar con mi cirujano para que me explicase todo lo que íbamos a hacer, porque claro me había contado cual era mi enfermedad pero no como iba a solucionarla.
Así que con el alma partida en dos asumiendo que empezaba una nueva lucha salí de la consulta junto a papá que poco más pudo que abrazarme y decirme hija tienes que ser fuerte.
No sé de dónde saqué fuerzas para ir a recoger el coche y volver a casa. El eco continuaba resonando “Estas cosas pasan”.
Al llegar a Silla, como si no fuera conmigo recogí a peque y nos fuimos de compras, de repente parecía que todo lo que había hecho en la vida no era suficiente y me daba igual cuatro que cuarenta; un lema se me gravó en el alma, la vida es una y cuando menos te lo esperas se te escapa de las manos.
No puedo deciros el infierno de noche que pasé, la cabeza no paraba; de hecho, a día de hoy sigue sin parar.

