Hoy por fin, después de un tiempo de exilio por fin tengo un ratito para volver a mi bitácora, esa tan querida y apreciada, en el que día a día comparto con vosotros, compañeros y vecinos de la luna mis momentos más entrañables.
La ninfa resurgió de la nada, superando la muerte de mi elfo negro, adaptándome a mi nueva independencia y como no, redescubriendo mis momentos más profundos y compartiendo mis sueños como siempre.
Lejos quedó el guerrero, en su ansiado Lobatum, lidiando el mismo con sus guerras y por primera vez yo mirando desde fuera … me dejé la energía y la fuerza en entenderle hasta que asimilé que sólo él mismo era capaz de solucionar sus problemas.
En estos días, buscando de nuevo mi sitio un cúmulo de sensaciones, no todas gratificantes han ido pasando dentro de mi … el volver a casa, pensar si sería capaz simplemente de dormir en ella sin mi adorado elfo, sin oir sus ronquidos, sin sentir sus paseos nocturnos en busca de pinzas sabrosas que destrozar, sin saber que por la mañana iba a estar a los pies de mi cama esperando como cada mañana que le diese el paseo de buenos días. Lloré el primer día, la casa aunque hace más de seis meses que se marchó al paraíso de los elfos negros y tontos, pero en ella su espíritu quedó plasmado en todos sitios, probablemente por los destrozos, igual por sus juguetes que soy incapaz de tirar a la basura, o su sillón que sin querer sigue lleno de pelos.
Pensé a la vuelta en compartir mi hogar con otro elfo pero su recuerdo era tan reciente que preferí dejar el tiempo como testigo para secar la pena y darle tregua a su imagen.
La casa a mi llegada resultaba abandonada, sucia y triste, sin color … después traje mis maletas, y luego el ordenador y luego fui desmontando trastos y llenando la casa de ropa otra vez … y de nuevo mi choza empezó a parecer una choza de ninfa.
Y la primera noche sóla no concilie el sueño, pensando que a mi lado ya no estaba el guerrero, ni tan siquiera el elfo negro … y se hizo larga y dormí poco y seguí pensando, hasta que el cansancio me llenó la cama y juntos compartimos la noche.
Y entonces mi choza empezó a recuperar el color, y la forma, y la esencia … y dormir cada noche resultó menos problemático, más interesante y más comodo.
A la vuelta a casa me reencontré con mis entrañables amigas, las de siempre aunque no las dejé nunca si que quizad estaban de otra manera. Ellas, mis nenas no me han fallado.
Cierto es que estamos en la barrera de los 30 y a estas edades las mujeres estamos especialmente sensibles, la barrera de la edad se contagia y la locura y excentricidad empieza a ser un tópico poco saludable.
Nuestro fin de semana de locura con el Angel Pelirrojo en Madrid que llevábamos organizando más de un mes el domingo anterior se fue al garete gracias a mi primera excentricidad. No podía ir a Madrid … no tenía pasta y pasar tres días allí con el nivel de vida que llevamos me podía suponer un despilfarro que no podía permitirme.
A ello llegó el efecto en cadena, Betty dijo que sin mi no iba, Techu que no iba a ir sóla y cuando yo decidí que al final si iba los billetes se habían devuelto y nos habíamos quedado sin nada.
No me podía imaginar un finde en Valencia con tantos días, así que en una de tantas locuras no se me ocurrió otra cosa que cambiar el rumbo y viajar a Barna. Al principio iba sóla pero después se animaron todas.
Barcelona estaba preciosa, tanto casi como cuando la dejé, de eso hace dos años … en tan poco tiempo casi se me había olvidado que había paseado cien mil veces por sus calles, de su aroma, del sonido … de ese silencio que te cautiva cuando paseas en la noche, de su acento … de su Gracia bohemia, de su esplendor, de las exquisitas formas de mi excéntrico Gaudí … ni siquiera recordaba aquel terrible Botero del Rabal que Codes tantas veces había odiado.
Y allí encontré a fer, viviendo aquella vida que tuvimos y disfrutando de ella, con nuestra gente y su vida ahora … un fer cambiado, más abierto y sensitivo, más Catalán que nunca.
Allí corrí entre los Boteros para reencontrarme y abrazar con inmensa alegría a mi inigualable Miquel Angel Codes que a ojos sorprendidos de su angelical novia me cogio en brazos como una niña y me pegó vueltas chillando “Bajoquetaaaaaaaaaaaa”.
Y le enseñé a Betty cual fue mi vida en Barcelona, que hacía y como vivía, y ella sonrío pero no le gustó demasiado, probablemente porque pudo pensar que si algún día volvía me tendría otra vez lejos.
Pero no, la madurez de los treinta o quizad la experiencia me dijo que en mi Valencia bonita quiero pasar un tiempo … quiero disfrutarla, mi tierra, mi gente y mi vida.
Y redescubrí a ese compañero que en el exilio había aprendido a vivir su vida lejos, sin dejar de querer pero aprendiendo a perdonar … vivimos tantas cosas juntos que sin querer me quise envolver por su magia y olvidar todo lo pasado.
Y volví a Valencia, enfadada porque Betty se marchó antes confundiendo sin querer tantas despedidas desde Valencia a Barcelona, rememorando aquellos momentos en que marchaba pensando si él vendría conmigo o se quedaría allí para siempre.
Y se mezclaron los sentimientos, sin diferenciar … que somos almas compatibles por supuesto pero con caminos distintos. Hoy sé con los días que podremos disfrutar de bonitos momentos pero compartir otra vez nunca será posible, porque nuestras vidas van por sendas distintas.
Y a la vuelta a Valencia me encontré de nuevo mi piso, con las maletas de nuevo terminando de organizar.
Ayer hice las paces con Betty, quien soy yo para juzgar las decisiones, sean o no acertadas cuando he sido la primera en ocasiones en meter la gamba hasta el fondo.
Y anoche conocí a Légolas, el elfo azul … nos encontramos casualmente en el bosque de Badoo donde preciosas higueras crecen alrededor del río encantado.
Légolas es un Elfo homeópata del norte de Hispalia que termina su aprendizaje de preparación de brevajes durante un par de meses en la ciudad de la luz, de momento mi misión será demostrarle que la tierra de luz es un sitio precioso que conocer, que su encanto envuelve a cualquier ser humano … y que cualquiera puede enamorarse de ella.
Tenemos pendiente un café, puede ser interesante intercambiar ideas con un elfo del norte, sus tierras son verdes y fértiles, fuertes y hermosas … quizad pueda enseñar a la ninfa como mejorar la calidad de su vuelo.
En fin seguiremos la vida, el día a día en la Luna de Neyebek, donde la vida en comuna mejora la calidad y sus vecinos deciden en asamblea los problemas que surgen.